Viernes, 23 de octubre de 2026
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Arde Paris y Roma y Lisboa
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Arde Paris y Roma y Lisboa

A la pregunta en el título de la película de 1966 de ¿Arde París?, hoy tendríamos que contestar afirmativamente. Y es que los franceses son únicos montando revoluciones, no vean la que montaron a finales del siglo XVIII precedente de otras muchas en distintos países o en el mayo francés de 1968.

Lo cierto es que en la actualidad podríamos ampliar la cuestión y preguntarnos ¿Arde Europa? incluso ¿Arde el Mundo? Pues sí creo que el mundo arde en muchos lugares, eso un hecho, pero la pregunta es ¿por qué arde?

Creo que un factor importante es la polarización de las ideológicas por parte de ciertos sectores. Si las derechas se radicalizan las izquierdas también lo hacen, dejando huérfanas las ideologías de centro, las moderadas, que fueron capaces de consensuar y de pactar tras la II Guerra Mundial la consolidación de lo que hoy llamamos Estado del Bienestar en Europa Occidental. Y lo hicieron sobre las bases de la educación, la sanidad, las pensiones, la vivienda; precisamente todo eso que hoy está en peligro.

Los jóvenes protestan, se manifiestan contra sus representantes en la mayoría de los casos de forma pacífica, aunque siempre hay grupos de “mercenarios de la violencia” tanto de derechas como de izquierdas que viajan de un lugar a otro coordinados y financiado por intereses partidista. Entre las derechas ultras están Núcleo Nacional, Democracia Nacional, Hacer Nación y La Falange o Revuelta; entre las izquierdas radicales encontramos a las Brigadas Antifascistas, Bukaneros o Izquierda Castellana y luego está el "Black Bloc" (Bloque Negro) una táctica de guerrilla urbana utilizada a nivel internacional por varios grupos.

Pero excluyendo a estos energúmenos mercenarios a los que no les interesa en absolutos las reivindicaciones de las protestas o de las manifestaciones, los jóvenes protestan con razón porque están sintiendo en sus propias carnes las consecuencias de la mala gestión que del Estado del Bienestar han hecho las generaciones que les hemos precedido y como esto está condicionando su futuro.

En el fondo y como caldo de cultivo del creciente malestar social está la desigualdad tanto de oportunidades como de recurso porque ellos son conscientes de que los ricos cada día son más ricos y los pobres cada día más pobres.

Según el informe de Oxfan Intermón publicado este mismo mes un 19,35% de las personas que viven de alquiler a precios de mercado sufre pobreza laboral antes de pagarlo y tras el pago la cifra se eleva a cerca de 3 millones. Ya no es suficiente tener trabajo, incluso 2 trabajos para ser pobre y eso cabrea a cualquiera.

Durante esta campaña electoral escucharemos a todos los aspirantes a dirigir los destinos de este país pronunciar grandilocuentes palabras (con mayor frecuencia insultos, descalificaciones, mentiras, propagación de bulos) con las que querrán convencernos a todos de que ellos tienen la solución mientras otros nos pedirán sacrificios ¿a quienes? ¿quiénes son los que tiene que sacrificarse?

Los jóvenes tienen razón en quejarse, lo hemos hecho mal, lo estamos haciendo mal. Mantener el Estado del Bienestar, ofrecer oportunidad, meter en la cárcel a los que lo merezcan, proteger a los que lo necesiten; todo ello debe ser tarea de toda la comunidad, de toda la sociedad, y eso exige dialogó, acuerdo, renuncias a interesas partidistas incluso a intereses particulares ¿cómo lograr eso cuando la polarización se alimenta desde ambos extremos? Por supuesto yo no tengo la solución, pero creo que el filósofo y ensayista José Ortega y Gasset tiene razón cuando afirma que: Sólo se aguanta una civilización si muchos aportan su colaboración al esfuerzo. Si todos prefieren gozar el fruto, la civilización se hunde.

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