Jueves, 22 de octubre de 2026
Volver Salamanca RTV al Día
Lo que se entiende por tema 1
X

Veintidós

Lo que se entiende por tema 1

El contenido del primer examen de Secundaria de mi hijo mayor, “lo que se entiende por tema 1”, se me antojaba un buen título para compartir ahora, en vísperas de una nueva cita electoral, lo que siempre intento releer y repensar cuando soy llamado a las urnas y combato (y admito que me cuesta la lucha) contra la tentación de la pereza.

Acudo a los llamados “valores no negociables” que expuso Benedicto XVI en un certero párrafo de su Sacramentum Caritatis, en el n. 83 de la exhortación que escribió tras el Sínodo de los Obispos de hace ahora veintiún años. La publicó el 22 de febrero de 2007 y el pasaje al que me refiero dice así: Es importante notar lo que los Padres sinodales han denominado coherencia eucarística, a la cual está llamada objetivamente nuestra vida. En efecto, el culto agradable a Dios nunca es un acto meramente privado, sin consecuencias en nuestras relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio público de la propia fe. Obviamente, esto vale para todos los bautizados, pero tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas. Estos valores no son negociables. Así pues, los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana. Esto tiene además una relación objetiva con la Eucaristía (cf. 1 Co 11,27-29). Los Obispos han de llamar constantemente la atención sobre estos valores. Ello es parte de su responsabilidad para con la grey que se les ha confiado.

La participación política, más directa y visible en los candidatos que ahora se postulan para ser luego nuestros legisladores, nos corresponde realmente a todos los que estamos llamados a intervenir el 29 de noviembre con el voto y durante toda la legislatura manteniéndonos atentos a las cámaras, no callando nunca nuestro parecer y no aplazando nuestra presencia hasta la siguiente apertura de urnas.

El entonces Papa apartaba de la negociación entre partidos y de los repartos de poder los valores de la vida, la familia, la libertad de educación y el bien común, y se remitía a una nota de 2002, cuando era prefecto de Doctrina de la Fe. En la misma queda bien clara la diferencia entre la laicidad y el laicismo. Mientras la laicidad indica la actitud de quien respeta las verdades que emanan del conocimiento natural sobre el hombre que vive en sociedad, aunque tales verdades sean enseñadas al mismo tiempo por una religión específica, pues la verdad es una, las formas intolerantes de laicismo, que resultan muy evidentes en tantos debates, ven en el deber moral de los cristianos de ser coherentes con la propia conciencia un motivo para descalificarlos políticamente, negándoles la legitimidad de actuar en política de acuerdo con las propias convicciones acerca del bien común.

Para quienes nos confesamos católicos, conscientes de que ningún programa electoral ni ninguna formación política recogerán con toda exactitud la iluminación del magisterio de la Iglesia, nuestra Madre, el tema 1 de las elecciones habrá de ser la consideración de estos valores no negociables y de los principios de la doctrina social de la Iglesia: el bien común que nos ayuda a vencer al egoísmo, el destino universal de los bienes que nos recuerda que todo nos ha sido dado por Dios, la subsidiariedad que antepone la persona al Estado, la solidaridad en la que podemos llamarnos hermanos, la justicia social que es el anuncio del Reino.

Así es como podremos pasar al tema 2 y pisar el terreno donde algo nuevo está brotando, ¿no lo notáis?

La empresa Diario de Salamanca S.L, No nos hacemos responsables de ninguna de las informaciones, opiniones y conceptos que se emitan o publiquen, por los columnistas que en su sección de opinión realizan su intervención, así como de la imagen que los mismos envían.

Serán única y exclusivamente responsable el columnista que haga uso de nuestros servicios y enlaces.

La publicación por SALAMANCARTVALDIA de los artículos de opinión no implica la existencia de relación alguna entre nuestra empresa y columnista, como tampoco la aceptación y aprobación por nuestra parte de los contenidos, siendo su el interviniente el único responsable de los mismos.

En este sentido, si tiene conocimiento efectivo de la ilicitud de las opiniones o imágenes utilizadas por alguno de ellos, agradeceremos que nos lo comunique inmediatamente para que procedamos a deshabilitar el enlace de acceso a la misma.