La digitalización ofrece otra posibilidad interesante para las pequeñas tiendas: ampliar el catálogo online sin necesidad de exponer físicamente todas las referencias.
El pequeño comercio se enfrenta a un equilibrio complicado. Los clientes esperan encontrar cada vez más variedad, pero disponer de un catálogo amplio implica invertir dinero en productos que quizá permanezcan semanas o meses en una estantería.
Esta dificultad se hace especialmente visible en las tiendas especializadas. Alimentación gourmet, cosmética, productos naturales, accesorios para mascotas, cafés de especialidad o artículos relacionados con determinadas aficiones son solo algunos ejemplos de negocios donde el cliente busca variedad y novedades constantes.
Ampliar el catálogo puede ayudar a atraer nuevos perfiles de consumidor, pero hacerlo sin una estrategia también puede provocar justo el efecto contrario: demasiado capital inmovilizado y referencias que apenas tienen rotación.
Una de las decisiones tradicionales del comercio consiste en aprovechar mejores precios comprando grandes cantidades. El problema aparece cuando el ahorro por unidad obliga a mantener un stock muy superior a la demanda real.
Para un pequeño establecimiento resulta especialmente importante calcular la rotación prevista de cada referencia.
Los productos que se venden prácticamente todos los días permiten trabajar con volúmenes mayores. Con las novedades o las categorías que todavía se están probando, suele resultar más prudente comenzar con cantidades inferiores y observar la respuesta de los clientes.
El objetivo no debería ser llenar las estanterías, sino disponer de una selección suficientemente amplia sin comprometer una parte excesiva del presupuesto.
Elegir un mayorista únicamente por el precio puede terminar generando costes que inicialmente no aparecen en la tarifa.
La regularidad del stock, los plazos de entrega, los pedidos mínimos, la atención ante una incidencia y la posibilidad de combinar diferentes referencias son factores que pueden resultar tan relevantes como el coste por unidad.
Para un comercio pequeño, tener que realizar un pedido excesivamente grande para acceder a determinadas condiciones puede convertirse en un problema.
En cambio, trabajar con proveedores capaces de adaptar formatos y cantidades facilita probar nuevas líneas de producto antes de realizar inversiones mayores.
Esta flexibilidad cobra todavía más importancia cuando se introduce una categoría que el establecimiento no ha trabajado anteriormente.
Probar nuevas categorías sin convertirlas en una apuesta a ciegas
La evolución de los hábitos de consumo ha abierto espacio a productos que hace unos años apenas aparecían fuera de establecimientos muy concretos.
Sucede con determinados alimentos internacionales, cosmética especializada, productos sostenibles, artículos relacionados con el bienestar o derivados del cáñamo.
Para una tienda que estudia incorporar alguno de estos segmentos, el proceso debería empezar mucho antes de colocar el producto en una estantería.
En categorías como el CBD al por mayor, por ejemplo, un profesional debería valorar cuestiones como los formatos disponibles, la documentación proporcionada por el distribuidor, la trazabilidad de las referencias, las condiciones para profesionales y la posibilidad de realizar pedidos adaptados a la demanda real de su negocio.
Lo importante es aplicar el mismo criterio que con cualquier otra línea especializada: conocer bien el producto y al proveedor antes de decidir cuánto espacio y presupuesto se destina a esa categoría.
El stock ocupa espacio, pero ese no es su único coste.
Cada referencia necesita ser almacenada, organizada, revisada e incluida dentro del sistema de gestión del establecimiento. Dependiendo del producto, también puede existir una fecha de consumo preferente, condiciones concretas de conservación o una pérdida progresiva de atractivo comercial.
Además, cuanto mayor es el catálogo, más complicado resulta para el personal conocer en profundidad todos los artículos.
Esto es especialmente relevante en el comercio especializado, donde buena parte del valor de una tienda está precisamente en poder orientar al cliente.
Una selección más reducida y bien conocida puede funcionar mejor que decenas de productos prácticamente idénticos que nadie sabe explicar.
Incorporar una nueva referencia no significa que deba permanecer indefinidamente en el catálogo.
Analizar las ventas permite saber qué productos tienen demanda, cuáles funcionan únicamente en determinadas épocas y cuáles ocupan espacio sin aportar prácticamente facturación.
No es necesario contar con sistemas especialmente sofisticados. Revisar periódicamente las ventas y compararlas con el stock disponible ya permite detectar muchas ineficiencias.
También conviene prestar atención a qué productos suelen adquirirse juntos.
Una nueva categoría puede tener una rotación moderada por sí sola y, sin embargo, contribuir a aumentar el valor de otras compras. En esos casos, su utilidad no debería medirse exclusivamente por el número de unidades vendidas.
La digitalización ofrece otra posibilidad interesante para las pequeñas tiendas: ampliar el catálogo online sin necesidad de exponer físicamente todas las referencias.
Un establecimiento puede mantener en tienda aquellos productos con mayor rotación y utilizar su página web para mostrar un catálogo más amplio.
También puede aprovechar las consultas de los clientes, las búsquedas internas de su ecommerce o las peticiones recibidas a través de redes sociales para detectar qué categorías generan interés antes de invertir en ellas.
De esta manera, el canal digital deja de servir únicamente para vender. Se convierte también en una fuente de información sobre lo que buscan los consumidores.
Para el comercio local, esta combinación entre tienda física y catálogo digital permite competir mediante especialización sin intentar reproducir el modelo de las grandes plataformas.
Cuando se estudia una nueva referencia resulta habitual comparar el precio mayorista y el precio al que previsiblemente podrá venderse.
La diferencia entre ambos es importante, pero no representa por sí sola la rentabilidad real.
Transporte, almacenamiento, posibles pérdidas, comisiones de pago, embalaje y tiempo dedicado a gestionar el producto también forman parte del coste.
Un artículo con un margen aparentemente elevado puede resultar poco interesante si requiere comprar una cantidad excesiva que tarda muchos meses en venderse.
Por el contrario, una referencia con un margen algo inferior puede ser más rentable si presenta una alta rotación y permite reponer cantidades pequeñas con rapidez.
Incorporar productos diferentes también exige explicar por qué están ahí.
En una tienda especializada resulta mucho más sencillo introducir una nueva categoría cuando guarda relación con aquello que el cliente ya espera encontrar.
La coherencia del catálogo ayuda a que el consumidor entienda la propuesta del establecimiento y evita que el negocio termine convirtiéndose en una acumulación de productos sin relación entre sí.
También facilita la labor del personal, la comunicación en redes sociales y la organización del ecommerce.
La pregunta no debería ser únicamente si un producto puede venderse, sino si tiene sentido dentro del posicionamiento general de la tienda.
Las grandes cadenas tienen capacidad para trabajar con numerosos distribuidores y absorber con mayor facilidad determinadas incidencias.
En un pequeño establecimiento, el retraso de un pedido importante o la falta prolongada de una referencia puede afectar considerablemente a la experiencia del cliente.
Por eso resulta útil valorar la comunicación con el proveedor antes de centrar toda la decisión en unos céntimos de diferencia.
Saber cuándo habrá reposición, poder resolver dudas sobre los productos o recibir información con suficiente antelación sobre posibles cambios facilita mucho la gestión diaria.
En categorías especializadas, donde el propio comerciante necesita conocer bien aquello que ofrece, disponer de documentación clara añade todavía más valor.
La tentación de ampliar constantemente el catálogo es comprensible. Cada nueva tendencia parece una oportunidad para llegar a más clientes.
Pero una tienda no necesita vender todo aquello que tiene demanda.
La especialización sigue siendo una de las principales armas del comercio de proximidad frente a las grandes plataformas. Conocer al cliente, seleccionar bien las referencias y poder explicar por qué forman parte del catálogo aporta un valor difícil de conseguir mediante volumen.
La clave está en probar de manera progresiva, analizar la rotación y trabajar con proveedores que permitan ajustar las compras a las necesidades reales.
Ampliar el catálogo puede ayudar a crecer. Hacerlo con criterio permite que ese crecimiento no termine convertido en cajas acumuladas en un almacén.