Ahora, en un tiempo en que se acerca el momento en que, como ciudadanos y ciudadanas, hemos de ir a votar, como corresponde a ese privilegio que como sociedad tenemos de regirnos por una democracia parlamentaria y representativa, surgen, de nuevo, viejas estratagemas para hacerse con el poder político.
Engañar a los seres humanos parece ser cosa no muy difícil. Y vuelven a aparecer –como en el cuento, como en los cuentos (ah, el hermoso poema de León Felipe)– los lobos enharinados de corderos (“¡–Enséñanos la patita!”) tratando de seducirnos, no con lo que van a hacer de verdad, sino con aquello que quisiéramos escuchar, para lo cual nos halagan los oídos.
Pero, en ocasiones –como ya está ocurriendo estos días de precampaña electoral–, no se disfrazan o cubren del todo la patita de lobos con la blanca harina de los corderos, y se les escapan palabras y expresiones que dan miedo, pues aluden a realidades que vamos a padecer, si no estamos atentos.
Se habla de “pensiones zombis”, ay. Y, aquí, hoy, en nuestro país, que, con todas las imperfecciones que se quieran (comparemos con otros países de nuestros entornos), tenemos un sistema de pensiones públicas más que aceptable, quienes quieren privatizar tal sistema y hacer negocio, utilizándolo y manipulándolo, se atreven a motejarlo, para su conveniencia de sistema “zombi” de pensiones.
Es para echarse a temblar. Y para tener mucho cuidado. Pues podemos estar a las puertas de que se nos escamotee una situación que no nos perjudica. Y, lo que es peor, que se escamotee a nuestros hijos y nietos ese sistema público de pensiones del que, cuando les llegue el momento, se debieran ver beneficiados, tras una vida de trabajo.
Pero el lobo, no suficientemente bien enharinada la patita, nos susurra una palabra preocupante a los corderos ciudadanos: “sacrificios”… Ay…
¿No está realizando ya nuestra ciudadanía, nuestro honrado pueblo soberano, con sueldos escuálidos e insuficientes, con alquileres abusivos, con inflaciones en los precios de los distintos tipos de productos…, no pocos sacrificios?
Es para echarse a temblar. Pues se desvelan unas intenciones nada prometedoras para la ciudadanía común. Y todo esto ya tiene precedentes.
Porque el mantra de bajar impuestos –pese a que encante los oídos– no es buena noticia para la ciudadanía normal y corriente. Es, en el fondo, una amenaza. Primero, porque a los trabajadores y trabajadoras normales nunca se le han bajado los impuestos, y, segundo, porque tales bajadas (que son para una minoría que ya tributa menos que la ciudadanía popular y media) implican, a la hora de la verdad, recortes en los dos pilares básicos del bienestar social: la sanidad y educación públicas.
Y también en un tercero: las coberturas sociales de que disfrutan, hoy, con todas las imperfecciones que se quieran, los sectores más frágiles e indefensos de nuestra sociedad.
Y todo esto, si no se remedia, está ahí a la vuelta de la esquina.
¿Qué garantías podemos tener? No siempre los cambios son para mejor. Cuidado.
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