, 18 de octubre de 2026
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Solo Dios basta
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OPINIÓN

Solo Dios basta

Publicado 17/10/2026 13:29

En estos días me encontré con un mensaje que proponía el Sólo Dios basta como medicina para todos los días, desgranando cada palabra del poema. Me gustó. Al haber celebrado recientemente la fiesta de santa Teresa de Jesús quiero hacer una pequeña reflexión sobre el Sólo Dios basta.

A veces nos quejamos por pequeñas cosas y a la menor carga, damos marcha atrás. Sin embargo, otras personas, no se detienen porque tienen fe y amor, porque saben que el Señor es la fuerza. El creyente palpa la presencia de Dios en todos los momentos de su historia. A veces tenemos esa sensación de Dios que nos acompaña, que nos da un sexto sentido para situarnos, para caminar por la vida.

Teresa era toda de Dios y Dios era toda de Teresa. Sabía que el Señor estaba en todas las cosas, pero estaba, sobre todo, en su alma, como una esponja que embebe el agua en sí. En él vivía y ella era su morada. En ninguna manera podía dudar que Dios estaba dentro de ella y ella toda engolfada en él.

Y como nos ama y sabe de qué barro estamos hechos, siempre nos entiende y está con nosotros. Por eso Teresa invita a fiarse de la bondad de Dios, que es mayor que todos los males que podemos hacer. Dios es, además, amigo, el amigo verdadero, el que es fiel a los amigos. Como amigo nos conoce, nos entiende, nos comprende y sabe lo que mejor nos conviene. “Creedme que es lo más seguro no querer sino lo que quiere Dios, que nos conoce más que nosotros mismos y nos ama”. “Si no falta a Dios el alma, jamás él le faltará”.

Teresa nos invita a poner nuestros ojos en Dios como lo único importantes y, por lo tanto, a relativizar, a desdramatizar, y a ser valientes y audaces: “Dios en verdad que no mira a tantas menudencias como vosotras pensáis; y no dejéis que se os encoja el ánima y el ánimo... No dejéis arrinconar vuestra alma”. La mirada de Dios nunca es inquisidora ni empequeñece al hombre. Es siempre liberadora. Nos da ‘alas’ para volar. Y entonces, se trata de aprender a vivir la vida sin necesidad de condenar a nadie, ni colgar etiquetas al vecino. Las personas son siempre más importantes que las ideas.

El Dios que nos ha creado y nos sigue recreando con su mirada amorosa, no nos abandona, está con nosotros. Aunque nuestra madre nos olvidara, Dios no nos olvida nunca. No debemos vacilar porque él es nuestro refugio. Sí debemos buscar el reino de Dios y su justicia; lo demás se nos dará por añadidura.

Los santos eligieron a Dios como el tesoro más importante de su vida, porque descubrieron que en Dios se hallan escondidas todas las riquezas del firmamento. Teresa también lo descubrió y saboreó, y por eso se atrevió a decir: “Dios no se muda. Sólo Dios basta”.

“¡Sólo Dios basta!”, decía Teresas y aún podría decir en su hablar redundante un: “sólo Dios basta, bastantísimamente”, que es tanto como decir que no quedan resquicios en la vida sin ser llenados u oquedades o vacíos que no rebosen de su presencia. Y esto es lo que “basta”. Basta Dios convertido en hartazgo amoroso, llenando de sentido toda la realidad, el mundo las personas, el universo… Sólo hay que tener “paciencia”, es decir, saber esperar, porque somos seres en el tiempo. Paciencia como permanencia, como constancia, como orientación y focalización hacia Dios. Un Dios que no está ni cerca ni lejos, porque estamos “hechos uno/a con el creador” siendo para él y él para nosotros. Y no es necesario asustarse por lo que venga, sea lo que sea…porque “todo se pasa” menos esa realidad desconcertante de Dios siendo en nosotros. Por eso y por todo: “¡Solo Dios basta!”

Al socaire de la experiencia del amor enamorado se puede entender un poquito lo que pasa con ese "sólo Dios basta" que no terminamos de creernos. A Dios no lo tenemos del todo, no lo poseemos, y, sin embargo, cuando nos enamoramos de Dios y optamos por él con todo el corazón, alma y vida, nos damos cuenta de que cambia totalmente nuestra existencia y él se convierte en lo más importante, gratificante, delicioso, gustoso…Él es nuestra mayor alegría, calma, ternura, dicha, compañía. Él es nuestra vida, nuestro todo, todo lo demás es nada. Sólo él, Dios, basta.

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