La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Tamames acoge la representación de «Juan, el espíritu del amor», que enlaza con la historia de Fernando Sánchez Tendero, párroco de la localidad y presidente de Hijos del Maíz, que lleva 25 años sembrando esperanza en Nicaragua.
La sorpresa llegó cuando ya parecía que todo había terminado. En la iglesia de Nuestra Señora dela Asunción de Tamames, el público acababa de asistir a la representación de Denis Rafter “Juan,el espíritu del amor” y escuchó entonces la voz de San Juan de la Cruz. Una voz conocida, perotransformada por la escena. La explicación llegó después: quien hablaba era Fernando SánchezTendero, el párroco de Tamames.
No era solamente una curiosidad teatral. Detrás de aquella voz había una historia que encajabade manera casi natural con lo que acababa de suceder sobre el escenario. Fernando lleva 25 años dedicado a una obra cuyo lema para este aniversario parece resumir también una parte esencialdel espíritu de “Juan, el espíritu del amor”: “25 años sembrando esperanza”.
La representación, patrocinada por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca y realizadagracias a la invitación del Ayuntamiento de Tamames, con la colaboración de la Parroquia y el apoyo de la Diócesis de Ciudad Rodrigo, coincidió además con el 12 de octubre, una jornada que invita a mirar hacia el otro lado del Atlántico. Y allí, en Nicaragua, está desde hace un cuarto de siglo una parte importante de la vida de Fernando.
La Asociación “Hijos del Maíz”, con sede en Ciudad Rodrigo, nació hace 25 años y desarrolla su trabajo en la comarca de San Blas, en el municipio de Granada. Sus proyectos se concentran en necesidades tan concretas como la educación, la alimentación y la atención sanitaria. Actualmente mantiene 189 becas anuales y se ha propuesto llegar a 250.
La dimensión de la tarea se entiende mejor cuando se deja de hablar de cifras. Detrás de cada beca hay un niño, una familia y una oportunidad. Detrás de cada proyecto hay personas que colaboran desde aquí y otras que reciben directamente esa ayuda allí. Y detrás de toda esaestructura está un pequeño grupo que, con recursos limitados, lleva 25 años demostrando que una organización no necesita ser grande para conseguir que su trabajo tenga consecuencias muy lejos de donde nació.
Fernando es el presidente de la asociación y una de las personas que ha mantenido encendida esa llama durante todo este tiempo. La propia memoria de “Hijos del Maíz” insiste en una idea que resulta especialmente significativa: trabajar desde la pequeñez, pero hacerlo incansablemente, acompañando a las personas más vulnerables.
Ahí es donde Tamames encontró una coincidencia difícil de ignorar. En la obra, San Juan de laCruz aparece como alguien capaz de llevar una luz en medio de la oscuridad. En la vida de Fernando, esa luz no se expresa mediante poemas, sino mediante becas, alimentos, atenciónsanitaria, colaboración y tiempo entregado a los demás.
Quizá por eso la voz final produjo tanta sorpresa. El público creyó escuchar a San Juan y terminó descubriendo a Fernando. Y tal vez esa sea la mejor manera de entender lo ocurrido: algunas personas no necesitan hablar de esperanza porque llevan años trabajando para que exista.
Veinticinco años después de comenzar aquel camino, Hijos del Maíz sigue sembrando. Y enTamames, por una tarde, la voz de quien siembra pudo confundirse con la voz de un poeta que hace más de cuatro siglos también decidió que sus palabras podían servir para iluminar elcamino de otros.