La iglesia parroquial de Nuestra Señora acogió este sábado la representación de 'Juan, el espíritu del amor', una obra teatral de Denis Rafter
Cuando Sor Amma aparece en 'Juan, el espíritu del amor', lo hace con una escoba, un libro de poemas y muchas cosas que decir. Pero, sobre todo, aparece porque alguien necesita ayuda. La misteriosa mujer que llega desde el siglo XVI explica que regresa cuando ve crecer el mal, cuando alguien es despreciado o cuando faltan esperanza y coraje. En la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Aldehuela de la Bóveda, esa cadena de personajes permitió mirar la obra desde una perspectiva especialmente humana: todos necesitamos a alguien y todos podemos ser ese alguien para otro.
La representación forma parte de la gira promovida por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca dentro del Año Jubilar de San Juan de la Cruz y llegó a Aldehuela de la Bóveda por invitación del Ayuntamiento, con el apoyo de la Parroquia y la Diócesis de Salamanca. Durante la función, el templo dejó de ser únicamente un espacio patrimonial o religioso para convertirse en un lugar de encuentro en torno al teatro, la música y la poesía.
Magdalena es quizá el mejor ejemplo. Es una joven tímida, insegura y asustada que permanece inicialmente en un segundo plano. Sin embargo, la llegada de Sor Amma cambia el ambiente y hace que los demás comiencen a mirarla de otra manera. Jerónimo canta para ella, los músicos la incorporan poco a poco y las palabras de San Juan de la Cruz terminan encontrando en su propia voz un nuevo sentido. La muchacha que parecía necesitar que la ayudaran acaba descubriendo que también tiene algo que ofrecer.
Eso sucede con prácticamente todos los personajes. Sor Amma necesita que alguien escuche el mensaje que trae consigo; Juan necesita que su poesía siga viajando; Lucía, Sofía y Jerónimo encuentran en aquella inesperada visitante respuestas a preguntas que ni siquiera sabían que tenían. La obra construye así una pequeña comunidad en la que las ayudas circulan en todas las direcciones.
Incluso el conflicto inicial forma parte de ese descubrimiento. Jerónimo se pregunta qué pintan San Juan de la Cruz y sus poemas en el siglo XXI, mientras los demás observan con cierta distancia a aquella monja llegada de otro tiempo. Poco después, sin embargo, todos terminan acercándose al libro y a las palabras de Juan. La cultura ha conseguido hacer algo que a veces parece difícil: poner a conversar a personas que, de entrada, no tenían nada que decirse.
Ahí está una de las razones por las que el teatro tiene sentido cuando sale de las grandes ciudades y llega a lugares como Aldehuela de la Bóveda. No se trata solamente de llevar una obra hasta un pueblo, sino de crear un lugar de encuentro. Durante la representación, las historias de los personajes se mezclan con las emociones de quienes están sentados en los bancos de la iglesia y, durante un tiempo, todos forman parte de la misma conversación.
San Juan de la Cruz escribió sobre el amor, pero la obra de Denis Rafter permite entender ese amor también desde una dimensión cotidiana: escuchar al que está solo, acompañar al que tiene miedo, reconocer al que pasa desapercibido y ofrecer una palabra cuando alguien necesita recuperar la esperanza.
Y la respuesta del público confirmó que esa conversación había llegado a su destino. Al terminar la representación, los espectadores despidieron a los intérpretes con una ovación y muchos de ellos quisieron felicitarles personalmente por su trabajo. Fue el último eslabón de una cadena que había comenzado en el escenario y que acabó extendiéndose hasta los bancos de la iglesia.
Porque quizá el teatro, como la cultura, tiene también esa capacidad: reunir durante un tiempo a personas que no se conocían, hacer que escuchen una misma historia y recordarles que nadie está completamente solo. A veces, encontrar al otro es precisamente el primer paso para empezar a ayudarnos.