La directora del CEIP Campo Charro de Salamanca, con una trayectoria de 23 años como docente, analiza los retos de las aulas y alerta sobre el impacto de las pantallas
La trayectoria de Olga Alonso Hernández en el ámbito de la enseñanza pública es el reflejo de un compromiso inquebrantable con la escuela de la provincia de Salamanca. Diplomada en Logopedia, una disciplina de vertiente eminentemente clínica, decidió opositar en el año 2003 por la especialidad de Audición y Lenguaje (AL), al ser la opción del cuerpo de maestros que más se asemejaba a su formación. Tras aprobar la oposición a la primera, inició una andadura como funcionaria de carrera que se prolonga ya durante 23 años.
Sus primeros pasos en la docencia estuvieron marcados por la riqueza de la escuela rural. Su primer destino provisional la llevó a La Alberca, donde ejerció como maestra itinerante desplazándose dos o tres días a la semana a las localidades de Martín de Castañar y Mogarraz. Esta etapa supuso su primer contacto con la realidad de las aulas rurales y la aplicación educativa de la logopedia. Posteriormente, continuó su andadura provisional en Santa Marta de Tormes durante un curso, adscrita al colegio San Blas y compartiendo su labor con el Martín Gaite.
La consolidación de su carrera llegó con su destino definitivo en Ciudad Rodrigo, concretamente en el CEIP Miróbriga, donde permaneció durante 17 años. En este centro mirobrigense, Alonso Hernández asumió responsabilidades de gestión de manera muy temprana, ejerciendo dos años como jefa de estudios y encadenando tres mandatos consecutivos en la dirección, sumando un total de 12 años al frente del colegio. Tras cumplir los objetivos de su proyecto de dirección, obtuvo por concurso de traslados una plaza de AL en el CEIP Gran Capitán de Salamanca, aunque no abandonó Ciudad Rodrigo hasta finalizar formalmente su mandato por responsabilidad con la comunidad educativa.
Su llegada a la dirección del CEIP Campo Charro de la capital salmantina se produjo tras una propuesta que aceptó atraída por la trayectoria innovadora y de calidad del centro. Tras completar un primer periodo de cuatro años, la docente acaba de iniciar este curso su segundo mandato como directora, un reto que afronta con la experiencia acumulada de haber dedicado la mayor parte de su vida laboral al liderazgo y la gestión de instituciones educativas, una tarea compleja que muchos compañeros evitan por la alta exposición y responsabilidad que conlleva.
El CEIP Campo Charro destaca por su singular ubicación y su estrecha vinculación con el entorno que lo rodea. Situado en pleno campus universitario y sanitario de Salamanca, el colegio recibe a un alumnado muy condicionado por este contexto. Las familias que eligen el centro lo hacen atraídas por la proximidad a sus puestos de trabajo en la universidad o el hospital, o bien por residir en zonas de notable crecimiento demográfico como el barrio de Huerta Otea.
Actualmente, el centro cuenta con una matrícula de 371 alumnos, una cifra muy significativa en un contexto generalizado de descenso de la natalidad. El colegio funciona con unas ratios muy equilibradas, situadas entre los 19 y 20 alumnos por aula. Se trata de un centro de tipología completa que dispone de 18 unidades distribuidas entre el segundo ciclo de Educación Infantil y Educación Primaria, a las que se suman dos unidades del primer ciclo de Infantil (un aula para niños de uno a dos años y otra para el tramo de dos a tres años).
Para atender a esta comunidad, el colegio cuenta con una plantilla de 36 trabajadores, que engloba tanto al personal laboral del primer ciclo de Infantil como a los maestros de Infantil y Primaria. El equipo se completa con la presencia de dos auxiliares técnicos educativos (ATE) y un fisioterapeuta, lo que permite ofrecer una respuesta especializada a las necesidades del alumnado en unas instalaciones que destacan por un patio de grandes dimensiones que favorece la creación de espacios flexibles de aprendizaje.
En lo que respecta a los servicios complementarios, el centro registra una actividad muy intensa que facilita la conciliación familiar. El programa de Madrugadores cuenta con 140 usuarios inscritos, de los cuales 100 asisten de forma habitual, mientras que el comedor escolar registra una media de 150 usuarios diarios. Asimismo, el colegio dispone de una ruta de transporte escolar activa para dar cobertura a su zona de influencia.
El proyecto de dirección de Olga Alonso se articula en torno a tres líneas de trabajo fundamentales, todas ellas integradas en el Plan de Formación del Profesorado del centro para garantizar que la actualización docente revierta directamente en la calidad de la enseñanza. El primero de estos ejes es la mejora de la competencia lingüística y la expresión oral a través de la radio escolar, materializada en el canal de podcast 'Charros en Onda', donde los propios alumnos elaboran y exponen sus trabajos curriculares.
La segunda línea estratégica se centra en la sostenibilidad y el cuidado del medio ambiente. Este proyecto incluye la ampliación de las zonas de sombra en el patio y la revitalización del huerto escolar pedagógico. Para llevar a cabo esta tarea, el centro cuenta con la colaboración de la Universidad de Salamanca (USAL), el Ayuntamiento y la empresa ambiental Ecotono, con la que se está trabajando intensamente durante este primer trimestre para poner a punto las instalaciones agrícolas tras iniciar los trabajos en el tramo final del curso pasado.
El tercer pilar del proyecto educativo es el fomento del plurilingüismo mediante un proyecto de autonomía que introduce el francés como segunda lengua no materna para los alumnos de quinto y sexto curso de Primaria. Para el desarrollo de todas estas iniciativas, la directora destaca la importancia de mantener sinergias con instituciones del entorno, como la Facultad de Comunicación (con la que colaboran en proyectos radiofónicos), la USAL y la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA), acogiendo a estudiantes en prácticas de grado.
Además, el centro destaca por su proyección exterior. El curso pasado, el colegio participó en el programa nacional de Agrupaciones Escolares del Ministerio de Educación, desarrollando proyectos conjuntos de radio con centros de otras comunidades. Asimismo, aprovechan de forma constante los recursos de la Fundación Salamanca Ciudad de Saberes, facilitando que los alumnos se desplacen al casco histórico para realizar actividades culturales a apenas 15 minutos de la plaza Mayor.
Al analizar la evolución del alumnado durante sus más de dos décadas de experiencia, Alonso Hernández señala que los niños siguen conservando la inocencia y la ingenuidad propias de la infancia, pero advierte de que viven en un entorno social complejo. La irrupción generalizada de las pantallas, los dispositivos móviles y los videojuegos ha transformado la forma en que los menores se relacionan con su entorno, generando un marcado carácter de inmediatez.
La directora explica que la sociedad actual acostumbra a los niños a obtener respuestas instantáneas a cualquier estímulo, lo que dificulta la gestión de la espera y la tolerancia a la frustración. Ante esta realidad, defiende que la escuela debe ejercer un papel regulador, promoviendo un uso racional y educativo de las tecnologías. En este sentido, valora positivamente las directrices de la Consejería de Educación de la Junta de Castilla y León, orientadas a un uso equilibrado de las herramientas digitales en el aprendizaje.
Uno de los mayores obstáculos a los que se enfrenta el profesorado en su labor diaria es la constante inestabilidad legislativa. Alonso Hernández recuerda que el sistema educativo español ha transitado por ocho o nueve reformas orgánicas en las últimas décadas, lo que genera una enorme fatiga y desconcierto en los claustros. Por ello, la directora reclama con firmeza un pacto educativo nacional que aporte estabilidad y permita consolidar los procesos metodológicos.
La docente aboga por aplicar el sentido común en la educación, un principio que pasa por conservar aquellas prácticas tradicionales que ofrecen buenos resultados e incorporar la innovación únicamente cuando aporte un valor educativo real y contrastado. Asimismo, destaca el esfuerzo diario de los profesores, cuyo compromiso y responsabilidad permiten que el sistema funcione con éxito a pesar de las dificultades normativas.
Finalmente, respecto al actual enfoque de la enseñanza por competencias, la directora del CEIP Campo Charro se muestra categórica al afirmar que "para desarrollar competencias es imprescindible una base sólida de contenidos". Para Alonso Hernández, los docentes tienen claro que el saber hacer debe estar sustentado en el saber, siendo los contenidos curriculares el pilar indispensable sobre el que los alumnos aprenden a razonar, realizar inferencias y generalizar sus aprendizajes.