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La exposición de pintura de Ángel Luis Iglesias se vuelve oración moderna en el Museo Diocesano
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Muestra

La exposición de pintura de Ángel Luis Iglesias se vuelve oración moderna en el Museo Diocesano

Publicado 11/10/2026 13:44

La muestra del pintor salmantino desplegada en cinco sedes diferentes de la ciudad ocupa la sala “José Luis Núñez Solé” del Museo Diocesano

Un pintor de la ciudad y para la ciudad. Por primera vez cinco espacios expositivos de Salamanca reciben la obra a la vez de un solo artista. Un artista que despliega esta retrospectiva con la rotundidad que caracteriza su trabajo, su originalidad y su forma de sorprender al público: Ángel Luis Iglesias. Este público que en el año 2023 ya se sorprendió ante la osadía de llenar la catedral con el discurso de la muestra “Apóstol”, y que ahora tiene la oportunidad de visitar esta “intervención urbana” una de cuyas salas en el Museo Diocesano, exhibe la obra de temática religiosa del pintor.

Pero no nos engañemos. La muestra que se une a las expuestas en la Casa de las Conchas, el Patio de Escuelas, el Palacio de Garcigrande y San Eloy y que será la primera en clausurarse, no es un mero recordatorio de “Apostol”, es la lectura casi biográfica de un artista nacido en uno de los barrios más peculiares de Salamanca, el del Rollo, leída por dos expertos en arte que conocen muy bien su obra, Tomás Gil y Juan Andrés Martín. En ella se recorren los primeros dibujos de un niño siempre atento a lápices y pinturas a quien Arantxa, la encargada de la guardería de la parroquia chiquita del Nombre de María, observaba con la misma atención callada y sonriente que, quienes la conocemos, amamos. Fue ella la que insistió a los padres de Ángel Luis para que fuera a clase de pintura, iniciándose así la fecunda trayectoria de un artista sorprendente.

De ahí que esta muestra sea tan especial. El niño que se retrata, pinta también a sus héroes, pinta a Cristo, pinta a Superman, pinta una casita, un sol, pinta como los niños pintan. Con esa libertad que sometió al aprendizaje de la copia. Porque el artista nace y se hace, practica, copia a los grandes. Y copia Ángel Luis el cuadro de la coronación de María que hay en su parroquia, copia el arte religioso, presente en su infancia, copia a su admirado Velázquez, copia, copia, dibuja, traza… y cuando su mano se ha hecho a la copia y sabe, se convierte en el uno de nuestros mejores retratistas, en un figurativo que sabe salirse del marco. En un artista que sigue interpelando el hecho religioso y que se atreve a abordar la pasión de Cristo en su muestra “Iesus”, del 2008, impactado por la película de Mel Gibbson porque su otra pasión, tras la pintura, es el cine. El cine con un protagonista solitario, ese autorretrato que sacudió las conciencias cuando en 2023 se mostró a los 33 años coronado de espinas para el cartel de “Pasión en Salamanca”. Una obra que se recupera en esta muestra que no es solo el recuerdo de “Apóstol”, sino el recorrido de la pintura religiosa de Ángel Luis Iglesias.

El niño que dibujaba bajo la mirada atenta y clara de Arantxa, el joven artista que copia y el consagrado que reinterpreta, logran una transmutación monumental en “Apostol”. Se comporta en este proyecto grandilocuente, según Tomás Gil, como un director de cine, convirtiendo a los personajes del Evangelio en retratos poderosos en blanco y negro de dramático claroscuro frente a la piedra de la impotente catedral. La aparente simplicidad del contraste luminoso vuelve a mostrarse ante el espectador, contrastando con los colores terrosos propios de retratista que muestra cotidianas maternidades… y es en esa cotidianeidad en la que se desnuda la monumentalidad del proyecto. Los apóstoles, los enviados, son gente conocida y querida del artista que maneja la espátula y el espray sobre un lienzo muy especial para crear hipnóticos retratos de quienes acompañaron a Cristo.

¿Y quién es este Cristo en la lectura moderna y cotidiana del arista que pinta a sus hijos, a su esposa, a sus amigos y compañeros como figurantes de esta magna obra? Siempre atento al barrio en el que vive y vivió, Iglesias encuentra en la calle a un muchacho de largos cabellos y sonrisa acogedora. Vence su legendaria timidez y le aborda. El rostro de Cristo tiene entidad, el Verbo se hace Carne y se transmuta como en un acto eucarístico en el que también María se desprende del modelo, la propia Arantxa, y se eleva como se eleva el arte sobre lo que le sirve al artista para transcender. Porque eso son los retratos de “Apóstol”, pura transcendencia. Lectura evangélica del camino actual, de la entrega, del mensaje vivido, no cristalizado en el arte sacro convencional.

Carmen Borrego, autora del retrato del artista en su estudio y de su abigarrada paleta de pintor y yo, le conocimos entre apabullantes retratos de grandes del cine cuyos rostros aparecían en la negrura del fondo. Impresionaba la entrega de Ángel Luis Iglesias, su búsqueda, su deseo de ir más allá pese a ser un artista ya solicitado que podía repetir su discurso con éxito. Impresionaba la obra, el espacio elegido, sin luz natural, para realizarla en medio de un frío que nos dejó sorprendidas. Desde entonces, cada vez que veo a mi vecino pintor en los pasos del día a día por su barrio, nuestro barrio, me pregunto qué hace que un artista sea un genio. Qué impulsa a la búsqueda de más, y después más, y todavía más. Y la respuesta está quizás en esa disposición museística que podemos apreciar en la Sala Núñez Solé: de la copia juvenil del Cristo de Velázquez al Cristo en blanco y negro, sin madero, dramático en su uso del claroscuro. De los rostros amables de las maternidades, los niños, al dramatismo de los retratos de los compañeros de un Cristo que, en la cruz, es entrega y dolor, y en los retratos, mirada profunda y alegría y acogimiento. La transcendencia que se eleva.

Tiene esta sala un recorrido no solo religioso de la obra del artista, sino fuertemente biográfico. Sentido. Vivido. Admirado. Y cada pieza nos sorprende: el plato de pescado de los primeros cristianos, la María de profunda hondura, los rostros dramáticos de los apóstoles, las maternidades del retratista figurativo… y sobre todo, los dibujos infantiles del niño que pintaba, las copias del joven que aprendía. El genio que habita entre nosotros con el paso cotidiano que va más allá, a la transcendencia de su arte y de su mensaje.

Fotografías: Tomás Gil.