La escritora Julia Navarro presenta su novela 'Una familia moderna', una obra centrada en los conflictos generacionales y las tensiones del siglo XXI. La autora reflexiona en SALAMANCA AL DÍA sobre el periodismo, la cultura de la cancelación y la falta de argumentos en el debate político actual.
Tras dedicar cuatro décadas al periodismo de primer nivel en radio, televisión y prensa escrita, Julia Navarro dio un giro a su trayectoria para volcarse en la literatura. Con nueve novelas publicadas y traducidas a más de 30 idiomas, se ha consolidado como una de las firmas más leídas y respetadas del panorama literario en español.
Su última creación es 'Una familia moderna', una obra que se sumerge en el presente para retratar las tensiones generacionales, la obsesión por la juventud y los nuevos códigos de comunicación que rigen nuestras vidas.
Navarro visitó los estudios de SALAMANCA AL DÍA donde defendía la necesidad de recuperar la discrepancia en el espacio público y analizaba con mirada crítica el panorama político actual, marcado por el ruido y la ausencia de argumentos sólidos.
Cuatro décadas dedicada al periodismo y ahora plenamente volcada en la literatura. ¿Llega a agotar el proceso de promoción cada vez que publica un libro?
Vivimos en la sociedad de la comunicación y todo lo que no se comunica, no existe. Como me he dedicado al periodismo, sé perfectamente que esto es así. De todas formas, este recorrido por España y por otros países constituye toda una experiencia. Sigo siendo una periodista que ya no ejerce, pero que escribe libros. El periodismo me ha dado todas las herramientas para escribir mis novelas y me sigue interesando profundamente todo lo que sucede a mi alrededor.
En "Una familia moderna" cambia de registro respecto a sus anteriores trabajos, donde solía situar a los personajes en contextos históricos muy definidos, ¿es así?
No lo creo, de hecho, es una idea que suelo cuestionar. Yo no soy una novelista histórica; todas mis novelas transcurren en los siglos XX y XXI. No pretendo contar la historia ni hablar de personajes históricos. Lo que hago es narrar qué le pasa a alguien que vive, por ejemplo, en 1940, mostrando sus vidas y sus conflictos, pero el marco histórico es simplemente un escenario. Mis obras son novelas de personajes que indagan en la condición humana. Esta nueva novela encaja perfectamente en esa filosofía: se sitúa en el siglo XXI, en el aquí y el ahora.
La novela presenta personajes de distintas generaciones, un recurso que invita al lector a reflexionar sobre el mundo actual. ¿Cómo se gestionan hoy esos desencuentros familiares?
Hoy en día, todos formamos parte de una familia moderna porque somos contemporáneos. Con esta novela quiero participar en la conversación pública a través del encuentro y desencuentro generacional, algo que ha existido siempre. Nuestros padres se horrorizaban con lo que hacíamos nosotros, a nosotros nos sorprende lo que hacen nuestros hijos, y a nuestros abuelos les ocurría lo mismo con nuestros padres. La diferencia radica en cómo gestionamos hoy esas discrepancias. Hace 30 años, la familia era una organización muy vertical donde no se te ocurría discutir con un abuelo, al que incluso se le hablaba de usted. Hoy las relaciones son horizontales, lo que genera un modelo de relación distinto, no exento de tensiones y conflictos que antes se vivían más en silencio.
¿Cómo gestiona las críticas? Se publican opiniones de todo tipo sobre su obra, algunas muy favorables y otras no tanto.
Las llevo muy bien porque la gente tiene todo el derecho a opinar. Yo también soy lectora y ejerzo ese derecho. Como periodista, he realizado muchas críticas sobre lo que sucedía a mi alrededor, así que no puedo ponerme sensible si a un lector no le gusta mi novela. La realidad es que no suelo enterarme de las críticas escritas, ni de las buenas ni de las malas. Sin embargo, sí participo activamente en clubes de lectura. Ahí sí escucho a los lectores en vivo y en directo; me resulta muy ilustrativo debatir con ellos sobre los personajes y sus motivaciones. Prefiero mil veces escucharles en persona que leer comentarios en las redes sociales.
Tengo entendido que cuenta con un excelente termómetro en casa para evaluar sus textos: su marido, Fermín Bocos. ¿Es un lector objetivo?
Mi marido es, sin duda, la prueba del algodón. Cuando termino un libro, él es siempre el primer lector. Es absolutamente objetivo. Además de haber sido un gran periodista durante más años que yo, ha sido profesor universitario y posee un sentido crítico muy desarrollado. Sé que nunca me dejaría hacer el ridículo; si considerase que una historia está mal escrita, me lo diría claramente. Con este libro, su único comentario fue: "Con esta historia te vas a meter en un lío, pero como tú eres así, adelante".

¿Cómo son los entresijos del mundo editorial actual? ¿Goza de plena libertad para escribir en los plazos y formas que desea, o siente la presión de las editoriales?
Soy absolutamente libre. Firmo los contratos con fecha de entrega precisamente para garantizar esa libertad y no comprometerme antes de tiempo. Sé que hay escritores que se quejan de la presión, pero no es mi caso. Tengo la suerte de contar con un editor estupendo, David Trías, que se toma la vida con mucha filosofía. No me atosiga en absoluto. De hecho, nunca le cuento de qué estoy escribiendo hasta que le entrego el manuscrito. Al leer esta novela, me apoyó desde el primer momento, advirtiéndome con naturalidad de que podría no gustar a algunos de mis lectores habituales.
¿Qué se va a encontrar el lector en las páginas de "Una familia moderna"?
Se va a encontrar con varios de los debates latentes en la sociedad actual. Por un lado, la obsesión por retrasar la vejez mediante retoques estéticos, un fenómeno que considero un intento profundo de postergar el encuentro con la muerte. También aborda el desconcierto de los jóvenes ante el mensaje contemporáneo de "puedes ser lo que quieras", una teoría compleja de gestionar en la práctica. Asimismo, expone el desencuentro de tres generaciones de mujeres —abuela, madre e hija— que se observan con suspicacia y manejan valores distintos.
Por otro lado, es una novela con la que intento romper tabúes. Vivimos en una sociedad que presume de haber ensanchado los espacios de libertad, pero no es real. Cuando mi hijo leyó el libro, me advirtió de que me podían cancelar. Que hoy en día, por mantener una posición discrepante con el grupo de opinión dominante, te puedan cancelar me parece una forma de censura brutal, equiparable a la de las dictaduras. Yo defiendo una sociedad donde podamos discrepar abiertamente; hoy existe un evidente miedo a la discrepancia por temor al señalamiento.
En este escenario de desencuentros, las pantallas parecen jugar un papel fundamental en la vida de las personas. ¿Cómo se refleja esto en la novela?
Una de las protagonistas, que representa a la generación intermedia, es creadora de contenido e 'influencer', por lo que vive completamente pendiente de la pantalla y de su canal. La nueva comunicación es una realidad innegable en nuestras vidas. Considero que luchar contra lo que ya está plenamente instaurado es un ejercicio inútil que solo conduce a la melancolía.
El sector editorial también se ha abierto a creadores de contenido, 'youtubers' e 'influencers' que publican sus propios libros, algo que indigna a ciertos escritores tradicionales. ¿Cuál es su postura al respecto?
A mí me da exactamente igual porque yo no juego en su liga; jugamos en ligas diferentes, sin que una sea mejor o peor que la otra. Todos los paradigmas de nuestra sociedad, incluidos los de la comunicación, han cambiado radicalmente en los últimos 30 o 40 años debido a las nuevas tecnologías. Los 'youtubers' y los 'influencers' son una realidad de nuestro tiempo y están ahí, simplemente hay que asumirlo.
Como observadora de la realidad y habiendo vivido en primera línea periodística momentos de gran calado político en España, ¿cómo valora la situación política actual?
Encuentro una diferencia fundamental con el pasado. Durante la Transición asistí a debates parlamentarios durísimos que nos encogían el corazón, pero eran debates con un contenido real, basados en ideas y argumentos. Hoy en día, cuando sigo la actualidad política, veo que se grita y se insulta mucho, pero no hay contenido. No hay que temer a la confrontación dialéctica dura, siempre que se sustente sobre argumentos. El insulto por el insulto es otra cosa muy distinta.
¿Cree que esta deriva está relacionada con la tiranía de las pantallas y la búsqueda del titular rápido para redes sociales?
Sin duda. Los políticos y sus asesores están constantemente buscando la frase de impacto que se replique y se retuitee de inmediato. Sin embargo, no podemos culpar únicamente a la clase política; los ciudadanos que participan activamente en estas plataformas también forman parte de ese engranaje. Los mensajes se dirigen ahora a una sociedad acostumbrada a la limitación de caracteres, donde resulta muy difícil profundizar.
Para finalizar, y evitando caer en la nostalgia, ¿qué proyectos o retos le quedan por afrontar en el futuro?
Me interesa muchísimo todo lo que ocurre a mi alrededor. Vivo en el presente y me gusta mi tiempo. Creo que siempre quedan cosas por hacer; el día que piense que ya lo he hecho todo, significará que me estoy muriendo. Yo apuesto firmemente por seguir teniendo futuro, siempre que la salud acompañe a la cabeza.

Fotos y vídeo de Toni Sánchez