Lunes, 05 de octubre de 2026
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El saco roto
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LA PROVINCIA DEL ALMA

El saco roto

Publicado 02/10/2026 07:54

Hay un viejo refrán español que está teniendo estos días cumplimiento en nuestra sociedad: “La avaricia rompe el saco”.

El buitre de la codicia ha puesto, desde hace ya tiempo, sus ojos y sus garras sobre la vivienda, que debería ser un bien social, un derecho de todos los ciudadanos, como reconoce nuestra constitución (pero que no se cumple), pero que se ha convertido en un bien de obtención de lucro, a través de una fontanería, legalizada y amparada (cuando no tendría que ser así), por la administración, que hace que el sudor del trabajo se los sectores más débiles de la sociedad vaya a engordar los dividendos de rentistas, fondos de inversión (popularmente, buitres) y demás poderosos.

La codicia está rompiendo el saco. Los desahucios son uno de los síntomas del fracaso de una sociedad, como la nuestra, en la que, pese a las formalidades democráticas, se le está dando carta de naturaleza a las desigualdades, exclusiones, expulsiones (desahucios) de las viviendas… que sufre tanta gente en nuestro país.

Hubo un tiempo en que las clases medias, y también, en buena parte, las clases populares, con esfuerzo, ahorro y otras abnegaciones, podían conseguir una vivienda digna. Hoy, todo eso está desapareciendo, para extremarse y convertirse en un negocio de unos pocos.

Pensándolo bien, nadie, en una sociedad con un sentido desarrollado de la justicia y de la democracia, tendría que verse obligado a vivir en un piso con desconocidos, alquilando habitaciones, a precios abusivos hoy, y compartiendo cocina y baño con personas que nada tienen que ver con quien padece tal circunstancia.

Hoy, se está hablando incluso de pasillos que se alquilan, en un piso.

Y, sí, estos días que estamos viviendo, las gotas de tantos desahucios (en concreto, la gota del desahucio de Mari Carmen en Madrid) ha colmado el vaso y ha dado lugar a las acampadas en la capital y otras ciudades, como gesto de indignación y de protesta ante una situación tan injusta, que constituyen un síntoma de malestar social.

Hay una trampa que se pone como argumento siempre, como si se tratara de una nueva religión: el mercado es el mercado, libertad de mercado, dejar hacer (el famoso y liberal lema tramposo del “laisser faire, laisser passer”)… y otros por el estilo; como si todo el mundo tuviera las mismas oportunidades… Tales lemas conducen a una sociedad insolidaria, en la que triunfa la ley del más fuerte, que es lo que ocurre hoy.

Y el estado claro que tiene que intervenir, así como los gobiernos, para hacer que se cumplan los derechos ciudadanos (la constitución habla del derecho a la vivienda) y evitar abusos, desahucios, precios descontrolados de alquileres y ventas de vivienda y otras lindezas por el estilo

Porque aquí, en España, todo ha ido hacia abusos, en el ámbito de la vivienda, que no se pueden cometer tan fácilmente –por lo que escuchamos, leemos y vemos en los medios– en otros países europeos. Ni en Inglaterra, Francia o Alemania es tan fácil desahuciar ni expulsar de una vivienda a arrendatarios que pagan su alquiler…

Aquí, el buitre de la codicia, con una voracidad insaciable, sigue tratando de engordar el saco con su avaricia, en la especulación y negocio de la vivienda. Pero, estos días, estamos viendo que las costuras de tal saco están haciendo aguas, pues los sectores de la sociedad víctimas de tales abusos están diciendo basta.

Y es un problema social pendiente de solución, en la que el estado, a través de los distintos gobiernos, tiene que tomar una parte principal.

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