El 14 de diciembre de 1990 la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) designó el 1 de octubre Día Internacional de las Personas de Edad. A partir de ahí, cada año y en la fecha señalada, se celebra ese Día en honor a las personas Mayores (escribimos Mayores con mayúscula porque así lo nombran en algunas latitudes o entidades, en lugar de decir Edad).
En la celebración de 2026, más de una treintena de entidades se han movilizado, poniendo de manifiesto que el final de la vida laboral no significa desaparecer de la sociedad ni implica quedarse al margen de ella, perdiendo la capacidad de decidir. Ni tampoco convertirse automáticamente en una persona pasiva o dependiente, con el sentimiento de que te dejan fuera, de que ya no cuentan contigo. Aunque para muchas personas, la jubilación sí obliga a reconstruir la identidad, las rutinas y el lugar que ocupan, especialmente entre los que te rodean.
El número de personas mayores de 60 años se ha más que duplicado en los últimos 30 años, pasando de unos 541 millones en 1995 a 1.200 millones en 2025, y la proyección es que alcance los 2.100 millones en 2050. A la altura de 2080, se prevé que las personas mayores de 65 años superarán en número a los menores de 18 años.
A ello contribuye la esperanza de vida mundial, que ha alcanzado los 73,5 años en 2025, lo que supone un aumento de 8,6 años desde 1995. Todos los parámetros indican que la población mundial se hace cada vez más mayor. Así, y además de lo ya comentado, el número de personas que superarán los 80 años aumenta aún más rápidamente y se prevé que supere el número de nacimientos a mediados de la década de 2030, alcanzando los 265 millones de personas.
A pesar de este incremento de la edad y aunque como tal no esté escrito, por respeto, humanidad y porque se lo han ganado, pensamos que el día en que una persona se jubila del trabajo tiene derecho a un envejecimiento digno. Hay que tener presente que las personas se jubilan del trabajo, no de la vida. Nadie se jubila para sentarse en una silla o tumbarse en el sofá a esperar la muerte física. Las personas mayores son un activo importante de la sociedad, son personas con capacidad de seguir aportando experiencia, colaboración, conocimientos y ayuda.
La preocupación por las personas con edad avanzada ha sido una constante a lo largo de los tiempos. Así y junto al cuidado y acogimiento familiar, antes de la designación del Día Internacional de las Personas de Edad en 1990, existían iniciativas como el Plan de Acción Internacional de Viena sobre el Envejecimiento, que fue adoptado por la Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento en 1982 y que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó ese mismo año. Más tarde, en 1991, la Asamblea General adoptó los Principios de las Naciones Unidas para las personas mayores. Y, en 2002, la segunda Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento adoptó el Plan de Acción Internacional de Madrid sobre el Envejecimiento. Respondiendo así a las oportunidades y desafíos del envejecimiento de la población en el siglo XXI y para promover el desarrollo de una sociedad para todas las edades.
Más tarde, en abril de 2025 y en la misma línea, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU adoptó la resolución 58/13, respaldada por 81 de los Estados miembros, para establecer un grupo de trabajo de composición abierta encargado de redactar un instrumento jurídicamente vinculante para promover y proteger los derechos humanos de las personas de edad. Un paso histórico que refleja el creciente reconocimiento de las personas de edad como titulares de derechos y agentes activos de cambio social y económico.
La cuestión se complica cuando en la misma medida en que envejece la población, va aumentado la demanda de asistencia social y sanitaria, especialmente en aquellas personas con enfermedades como la demencia y el alzhéimer que originan una alta dependencia y discapacidad en las personas mayores. Requiriendo no solo el acompañamiento y cuidado, sino también la atención especializada que satisfaga esas necesidades crecientes.
Análisis y estudios constatan que las personas de edad, lejos de ser beneficiarios pasivos son activas, impulsoras del progreso local y mundial, aportando sus conocimientos y experiencia en ámbitos como el bienestar económico, la resiliencia de las comunidades, la defensa de los derechos humanos y la equidad en la salud. Una vida más larga facilita el surgimiento de nuevas oportunidades para las personas mayores, sus familias, las comunidades y la sociedad en su conjunto. Aparecen actividades como la Universidad de Mayores, ejercicio de nuevas profesiones o la realización de aquello que siempre se quiso hacer pero que las labores del día a día no lo permitieron. Oportunidades y contribuciones que, sin embargo, dependen en gran medida del factor salud.
La evolución demográfica hace que las personas de edad sean un segmento de la sociedad en rápido crecimiento, especialmente en los países en desarrollo o desarrollados. Por consiguiente, las políticas públicas y privadas que empoderen a este grupo de edad, garantizando el acceso equitativo a la atención sanitaria, la protección social y la no discriminación, son esenciales para el desarrollo sostenible en un mundo que envejece. Preservando las aspiraciones, los derechos, la dignidad y el bienestar de las personas mayores.
La abogada Nena Georgantzi, especializada en derechos humanos y protección social, quien lleva más de 15 años trabajado con organizaciones internacionales, gobiernos, organizaciones no gubernamentales y el mundo académico para garantizar la igualdad de derechos en la vejez y luchar contra el edadismo, reivindicando la necesidad de garantizar que las personas puedan ejercer sus derechos tengan la edad que tengan, asegura que “Asumimos violaciones de derechos en la vejez inaceptables a cualquier otra edad”.
En la Constitución y las leyes españolas las personas con más edad tienen los mismos derechos que otros adultos, la cuestión son las barreras que surgen en edades avanzadas para ejercerlos, debido a la consideración de edadismo que hay en la sociedad, donde hasta se trivializan los efectos de esa posible vulneración.
Evidencia de lo comentado es el trato infantilizado que se les da en las residencias o la gran y masiva vulneración de derechos que se produjeron sobre las personas mayores durante la pandemia del coronavirus, donde se les negó por su edad hasta el acceso a los servicios de salud a miles de persona mayores ¿qué hubiera pasado si esa vulneración de derechos se hubiera dado en el colectivo de niños o de discapacitados?.
El cuidado de los mayores es un signo de las sociedades avanzadas, también lo es el que se respeten y se tengan en cuenta sus derechos.
Escuchemos Canción de mi vida - Himno del Adulto Mayor:
https://www.youtube.com/watch?v=RZ02N4AJjY8&t=1s
© Francisco Aguadero Fernández, 3 de septiembre de 2026
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