Siempre me ha gustado asociar con el fútbol la definición que Jean Paul Sartre aplicaba al ser humano: una pasión inútil. Sí, el fútbol es una pasión inútil. Tiene no poco –y ello es ya un lugar común– de aquel objetivo con el que los antiguos poderes romanos se servían para distraer (alienar, diríamos hoy) a las masas: pan y circo.
Pero esa pasión inútil que es el fútbol, en ocasiones, da señales de que también puede estar marcada por la responsabilidad.
Dos gestos de personajes relacionados con el fútbol nos han llamado la atención estos días y queremos traerlos a estas líneas.
La liga, al parecer, sugirió que, un una jornada reciente de la competición, los jugadores aparecieran en los inicios de los partidos con una camiseta en apoyo de Ceuta (una causa que se está manipulando para exaltar las bajas pasiones de la agresividad y la violencia).
Pues, bien, tres jugadores del Real Madrid (Mbappé, Vinicius y Konaté) decidieron no secundar la campaña, aparentemente inocente, estampada en las camisetas de “Todos somos caballas”, poniéndose sus respectivas camisetas de un modo que no se leyera la consigna, tan parcial.
La prioridad –indicaba Mbappé después– deberían ser todas las víctimas, también quienes perdieron la vida (no pocas decenas) al cruzar la frontera, manipuladas posiblemente, como eslabones débiles.
La prioridad ha de ser siempre el ser humano, todos los seres humanos. Y, para que pueda cumplirse y llevarse a cabo, no se han de desatar actitudes violentas y agresivas, sino otras muy distintas, que tiendan a la cooperación y a la fraternidad. De ahí que sea inexplicable que se agreda y se impida realizar su labor a la Cruz Roja y otras organizaciones que van a auxiliar a quienes sufren y sobreviven a la intemperie.
El otro gesto –que creemos marcado por la responsabilidad– es el del nuevo seleccionador alemán de fútbol Jurgen Klopp, quien, ante la amenaza de este tiempo en Alemania de nostalgias nazis por parte de determinados sectores de la sociedad, ha afirmado de modo valiente: “No quiero dejar el orgullo nacional en manos de la gente equivocada”.
Apeló a un “patriotismo positivo”, tolerante, democrático, patrimonio de todos.
Europa no puede dejarse llevar por nostalgias totalitarias que, en un pasado reciente han causado tanta muerte, tanto sufrimiento y tanta barbarie. No puede seguir, por ello, caminos equivocados, caminos que conduzcan a callejones sin salida, a ese territorio ciego donde lo humano no tenga cabida.
Son dos hechos, dos gestos, recientes, en los que el fútbol, por una vez, ha sabido apuntar al norte de lo que debe orientar a nuestras sociedades: hay que pensar también en las víctimas, cuando nos solidarizamos con situaciones tan complejas como la de Ceuta; no debe ser posible que las derivas de la sociedad las dirijan manos equivocadas.
La democracia, la paz, la cooperación, la fraternidad y el entendimiento son el camino.
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