Desde la llegada masiva de migrantes marroquíes a Ceuta a finales del mes de julio, se han ido sucediendo declaraciones y reacciones políticas radicales, ultras y xenófobas por parte de la derecha extrema y la extrema derecha españolas, que están lesionando gravemente los jirones de nuestra convivencia.
En España -desde la la muerte de Franco, la restauración democrática a través de la transición política y la aprobación de la Constitución- la convivencia pacífica y armónica entre diferentes ha sido una realidad. Hay que recordar que el progreso político, económico, social y cultural de España ha sido muy relevante desde entonces, lo que ha motivado que seamos un país de acogida, receptor de personas de otras nacionalidades, no como antes, que éramos un país cuyos ciudadanos tenían que emigrar al extranjero, a países como Argentina, México, Brasil o Cuba (fundamentalmente a finales del XIX hasta mediados del XX) y a Francia, Bélgica, Suiza y Alemania (en la segunda mitad del XX). Esta emigración -fundamentalmente debida a causas económicas- se incrementó con el final de la Guerra Civil, época en que los disidentes del régimen franquista, los vencidos, los republicanos -partidarios de un sistema democrático y no autoritario como el que sufrimos con la dictadura franquista- tuvieron que salir al exilio quedando España amputada por motivos ideológicos, siendo expulsados quienes no compartían los valores y la filosofía de la dictadura.
Pero, la radicalización de las formaciones políticas conservadoras, el resurgimiento de la extrema derecha, que estaba prácticamente desaparecida, y el de las ideologías fascistas, nazis y franquistas, han provocado discursos populistas que están llevando la convivencia a límites intolerables, esperpénticos y horrendos. Una situación que da miedo, porque nos devuelve a la época de la política internacional del periodo de entreguerras en el que surgieron los totalitarismos que provocaron la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial y el exterminio de los campos de concentración. Fue a partir de aquella catástrofe mundial cuando surgió la Comunidad Internacional basada en reglas, que nos aportó prosperidad y respeto a los Derechos Humanos de todos los ciudadanos del mundo, con independencia de su raza, sexo, religión, opinión, ideas políticas, orientación sexual o cualquiera otra condición personal o social.
Y el ejemplo de que esta derecha cainita no respeta las reglas, tiene como consecuencia que las Comunidades Autónomas en las que gobiernan juntas las derechas radicales, se estén negando sistemáticamente a acoger a Menores no Acompañados; cuya acogida es obligatoria por ley. También se niegan a que se inicien los procedimientos de expulsión previstos en la legislación de extranjería, diciendo a voces que lo que “hay que hacer es cazarlos como a animales” o expulsarlos sin ningún otro procedimiento que el de la fuerza bruta, única razón que comparten PP y VOX actualmente.
Producto de las reacciones políticas radicales y xenófobas, de los discursos populistas y de las manifestaciones convocadas por PP y VOX con la excusa hipócrita de “defender Ceuta”, se han producido conductas extremadamente violentas y criminales de manifestantes contra periodistas y cámaras de Televisión Española -vimos todos cómo un energúmeno le propinó un cabezazo a un periodista de RTVE y cómo, con mensajes de odio, insultaban, degradaban y menoscababan a quienes no pensaban como ellos. Significativo y tremendamente anómalo es que presidentes de Comunidades Autónomas, como ocurre con Ayuso en Madrid, hayan arengado a las masas para insultar sistemáticamente al presidente del gobierno, Pedro Sánchez llamándolo “hijo de puta” o “que te vote Txapote” en todas las manifestaciones y concentraciones que hay convocadas por PP y VOX.
Dos de esas conductas extremadamente violentas y criminales se han producido en periodos cortos de tiempo. La primera, la agresión homófoba y fascista en Oviedo a dos miembros de la formación política AMA Asturies, cuando estos estaban al lado de una caseta de las fiestas de San Mateo en la que había desplegada una bandera arco iris, que intentaban defender ante posibles ataques de individuos ultras. Los radicales violentos que les agredieron físicamente lo hicieron coreando a voces “Arriba España”, típico lema que proclaman los ultras y los defensores del franquismo. Es lamentable, por otra parte, que, en un principio, el alcalde de Oviedo, del PP, no condenara los hechos y dijera que esos chicos eran buena gente, eran de buena familia, aunque lo condenara posteriormente de forma tibia obligado por la repercusión que tuvo. La segunda agresión ultra tuvo lugar en Ceuta, en una de esas manifestaciones “patrióticas” -aunque sea un patriotismo de pacotilla, reaccionario y excluyente- siendo la víctima una diputada de la formación política Ceuta Ya, de la Asamblea de la ciudad autónoma de Ceuta, a la que le reventaron el coche en el que viajaba pasando momentos de pánico en el interior del vehículo porque pensaban que iban a matar a los ocupantes del coche. Este grupúsculo de manifestantes fascistas también quería haber agredido a los miembros de la asociación Negu Gorriak/Derecho al Techo, de Pamplona, a cuyos miembros insultaron y degradaron llamándoles “radicales proetarras”.
Es lamentable que con todos estos tristes acontecimientos, Feijóo no haya tenido la gallardía de condenar cada una de las conductas violentas que han tenido lugar con motivo de las manifestaciones que ha habido en la ciudad de Ceuta y en el resto de España a primeros de septiembre. Si hubiera sido al revés, estos conservadores ultra reaccionarios habrían cargado contra los partidos de izquierda calificándolos de terroristas y habrían llenado de querellas los juzgados de media España. Así son. Hay que recordarle a Feijóo aquélla famosa frase del gran maestro Tomás y Valiente en la que pedía prudencia a la hora de corear algaradas, en referencia a ETA, porque pueden provocar conductas criminales y violentas: “cuidado con las palabras, porque ellas preparan el camino de las balas y de las bombas”. Esas agresiones son consecuencia directa de los discursos populistas de Feijóo y de sus acólitos seguidores, porque lo que realmente quieren es derrocar como sea al gobierno actual, no importan los medios, lo que importa es el fin que persiguen.
A finales de la Guerra Civil española, en diciembre de 1938, la Falange ideó un comic que denominaron “flechas y pelayos” con el que querían adoctrinar en la ideología fascista a niños y jóvenes inculcándoles la propaganda franquista. Las ilustraciones estaban una parte en color y otra en blanco y negro. Viendo algunas páginas en color he podido comprobar que siempre sale un grupo de personas enfundadas, unas en la bandera española, y otras enarbolando también la bandera de la Cruz de Borgoña. Las fotos que en la actualidad aparecen de las manifestaciones convocadas por PP y VOX son idénticas a las de los grabados de la revista falangista casi 90 años después. Ha pasado mucho tiempo desde entonces, pero, a pesar de las atrocidades cometidas por el régimen franquista en una larga y durísima dictadura, parece que los adeptos del fascismo siguen capeando a sus anchas y con las mismas ganas de apelar a la razón de la fuerza para conseguir sus objetivos. Muy triste, la verdad.
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