Caballistas y aficionados disfrutaron de un encierro de escaso ganado bravo, pero intenso en su recorrido
Las fiestas del Cristo de la Laguna llegaron este martes a su fin en Aldehuela de Yeltes, pero la última jornada estuvo lejos de resultar aburrida o melancólica. Al contrario: tuvo en el segundo encierro a caballo un animado colofón, de esos que mantienen viva hasta el último instante la expectación de las fiestas.
Centenares de aldehuelenses y vecinos de distintos pueblos del Campo Charro se congregaron para contemplar un espectáculo especialmente reclamado y vistoso para los lugareños, muchos de ellos familiarizados desde siempre con las labores camperas y con el manejo del ganado a caballo.
El encierro fue, en cuanto a número de reses, modesto. Solamente dos vaquillas, acompañadas por la parada de bueyes de Lidiarte Charro, emprendieron el recorrido. Sin embargo, la escasez de ganado no restó interés a una escena que tuvo uno de sus principales atractivos en la manera en que la manada avanzó, unida y compacta, desde el punto de salida hasta las inmediaciones del casco urbano.
Fue allí donde el espectáculo adquirió mayor viveza. Los caballistas realizaron diversos cortes a las reses, demostrando su destreza y dominio de la cabalgadura para conducir al animal bravo hacia donde se pretendía. A la faena se sumaron también los corredores a pie, que, a modo de espontánea competición, buscaron su momento para enfrentarse a las vaquillas y realizar sus propios cortes.
Tras las talanqueras, el público seguía cada movimiento con atención. Las reses, al rematar sus embestidas contra las barreras, provocaban entre los espectadores esa mezcla de tensión y nervios que, lejos de ahuyentar al aficionado, constituye precisamente una de las emociones que busca en este tipo de festejos.
Durante unos minutos, caballistas, corredores y reses compartieron protagonismo en un juego de habilidad, riesgo y dominio del animal. Finalmente, la organización decidió conducir las vaquillas a los corrales y poner punto final al encierro, que concluyó sin consecuencias para participantes ni espectadores.
Después, el tradicional vermut dio paso a una paella popular compartida por todo el pueblo. Con ella se cerró el programa festivo y, al mismo tiempo, las fiestas del Cristo de la Laguna de 2026 en Aldehuela de Yeltes: una despedida alrededor de la mesa, después de una mañana en la que el campo, los caballos y el ganado bravo volvieron a ocupar el centro de la vida del pueblo.