La compañía cántabra Trueba & Tureba Producciones presenta su estreno absoluto en la Feria de Teatro con una propuesta interactiva protagonizada por Juan Trueba.
La obra que ha cerrado la programación de la mañana ha sido `El último aullido´, de la compañía Trueba & Tureba Producciones, procedente de Santander. El montaje, dirigido por Sergio Maggiolo e interpretado por Juan Trueba, ha protagonizado un estreno absoluto en la Feria de Teatro de Castilla y León y ha llenado por completo la Sala Tierra.
Con un único intérprete sobre el escenario, `El último aullido´ ha planteado una reflexión sobre cuestiones universales con las que el público puede sentirse identificado: la vida, la identidad, los cambios que experimentamos, los errores y la manera en que afrontamos sus consecuencias, las decepciones, el nacimiento y la muerte. Pero, sobre todo, la obra se pregunta qué significa ser un hombre en la sociedad actual.
El propio Juan Trueba define el montaje como una carta de amor a su padre y a su hijo. Un homenaje a su padre, a quien recuerda como una padre maravillosa y que, por desgracia, no pudo llegar a conocer a su nieto.
La propuesta destaca además por su carácter interactivo y original. Desde el comienzo, el actor establece una relación directa con los espectadores, preguntándoles sus nombres, dónde han estudiado o diferentes aspectos de sus vidas. Estos datos pasan posteriormente a formar parte de la propia narración y sirven para construir algunos de los personajes y situaciones de la historia.
Uno de los elementos más llamativos de la puesta en escena es una torre de sillas, que representa las diferentes personas que vamos conociendo a lo largo de nuestra vida. A medida que avanza la representación, Trueba va desmontando esa estructura y repartiendo las sillas por el escenario, como una metáfora de las relaciones, experiencias y recuerdos que vamos acumulando y transformando con el paso del tiempo.
La obra parte de una pregunta: ¿debe un hombre desaprender lo aprendido para encontrar su yo más auténtico? A partir de ahí, el intérprete incorpora elementos de las biografías de los espectadores para construir un relato que, aunque parte de su propia experiencia, termina hablando también de muchas otras vidas.
A través de recuerdos mezclados con elementos de ficción, El último aullido aborda y cuestiona los mitos asociados al «macho alfa» y los contrapone a cuestiones mucho más humanas como el amor, el deseo, la paternidad, la amistad o la pérdida de un padre.
Todo ello se desarrolla entre momentos de humor y otros de mayor carga emocional, buscando que el público pueda reconocerse en lo que ocurre sobre el escenario. La obra interpela así al espectador y plantea una reflexión colectiva sobre la identidad masculina y sobre aquello que nos hace avanzar como personas.
En definitiva, El último aullido propone un viaje por la memoria, las relaciones y las experiencias que nos construyen, reivindicando las cualidades que nos hacen ser más hombres y menos lobos.
Al finalizar la obra y con numerosos aplausos el actor dejo un sobre para los espectadores se lo pudieran llevar que era una carta de amor y con gran cariño dirigida a su hijo o la persona que quiere que le vaya bien en la vida.