Miércoles, 19 de agosto de 2026
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La compañía que llegó a La Fregeneda para dar y terminó llevándose mucho
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AÑO JUBILAR DE SAN JUAN DE LA CRUZ

La compañía que llegó a La Fregeneda para dar y terminó llevándose mucho

Publicado 19/08/2026 13:39

La iglesia de San Marcos Evangelista acogió la representación setenta de 'Juan, el espíritu del amor', dentro de la gira promovida por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca

Cuando una compañía teatral emprende una gira por los pueblos, todos pensamos en lo que lleva consigo: una obra, unos personajes, música, poesía, luces y muchas horas de trabajo.

Pero después de recorrer tantos kilómetros quizá haya que hacerse otra pregunta:

¿Qué se llevan los artistas de los pueblos?

La Fregeneda ofreció una nueva respuesta.

La iglesia de San Marcos Evangelista acogió la representación setenta de Juan, el espíritu del amor, dentro de la gira promovida por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca con motivo del Año Jubilar de San Juan de la Cruz. La actuación contó con la colaboración del Ayuntamiento, la Parroquia y la Diócesis de Ciudad Rodrigo.

Hasta allí hay unos 110 kilómetros desde Salamanca. Es uno de los municipios más alejados de la capital, en plena frontera con Portugal. Pero cuando el equipo llega, la distancia deja de importar.

Porque siempre hay alguien esperando.

Alguien que abre una puerta.

Alguien que pregunta si hace falta algo.

Alguien que explica dónde colocar las cosas.

Alguien que conoce cada rincón de la iglesia.

Alguien que ha avisado a los vecinos.

Y, muchas veces, alguien que llega mucho antes de que empiece la función para ocupar su sitio.

Son personas que quizá nunca aparecerán en el programa de mano. Sin embargo, forman parte de la representación tanto como los artistas.

Después de tantas localidades, esas personas también van dejando huella.

Los actores escuchan historias mientras se preparan. El productor conversa con los vecinos y descubre cómo se organiza un pueblo para recibir una actividad cultural. El equipo técnico aprende que cada iglesia tiene sus peculiaridades y que siempre hay alguien dispuesto a encontrar una solución.

Y así sucede algo curioso.

La compañía llega pensando que viene a compartir una obra y termina compartiendo mucho más.

Una conversación.

Una sonrisa.

Una historia de vida.

Una recomendación.

Una comida.

Una forma de entender la hospitalidad.

Una manera de mirar el mundo.

También el público enseña.

En los pueblos se escucha con una atención especial. Y cuando algo emociona, se nota. El aplauso no es un trámite. Es una respuesta sincera.

En La Fregeneda, los artistas volvieron a recibir esa respuesta al terminar la representación con una larga ovación todos en pie.

Después recogerán sus cosas y regresarán a la carretera. Habrá que conducir otros kilómetros y llegar a otro pueblo.

Pero algo viajará con ellos.

Porque una gira así no puede medirse solamente por el número de representaciones. También debería medirse por las personas que han conocido y por todo aquello que han aprendido en el camino.

Tal vez dentro de unos años, cuando termine esta aventura, alguien pregunte qué dejó Juan, el espíritu del amor en los pueblos de Salamanca.

Y habrá muchas respuestas.

Pero habrá otra que quizá sea todavía más importante:

Los pueblos también dejaron algo en quienes hicieron posible la obra.

Y después de tantos encuentros, sería imposible que la compañía volviera a casa exactamente igual que cuando salió.