Una de las más frescas que deja el río Côa en la frontera lusa
Es verdad que, desde que abandonamos Rapoula do Côa y tomamos una variante a la izquierda, a un lado y a otro de la carretera vemos buenos prados, bordeados por pequeños sotos. Al llegar a la población, nos deparamos con una fuente que tiene grabada en su fachada la figura de tres equinos. En lo alto, el escudo de armas de esta población.
Agua y manantiales es lo que parece no faltar en esta parte norte del concejo de Sabugal. Hemos llegado hasta aquí abandonando la A25 apenas casi la habíamos tomado. En el Alto do Leomil, unos 10 km más allá de Vilar Formoso en dirección a Aveiro, salimos hacia Sabugal.
Hemos atravesado Cerdeira do Côa, dejando atrás el estrecho puente sobre el río Noéme y llegando a un alto donde vemos muchos coches en el aparcamiento de una propiedad privada, cuyo espacio se divide entre un conocido restaurante (Casa de Petiscos) y una famosa fábrica de cría de caracoles (Caracol Real), pertenecientes a la misma firma.
Enseguida, mucho ante de lo que pensábamos, llegamos a Vale das Éguas, después de pasar por las Termas do Cró y Rapoula do Côa. No es que no supiéramos dónde estaba, SALAMANCA AL DÍA ya estuvo aquí antes, haciendo la PR8 (17 km, circular), una ruta senderista que sale de las Termas do Cró, sube hasta el Picoto do Seixo, para descender atravesando puentes y pontones hasta este fértil y húmedo valle, donde en un tiempo en que se cuidaba más el campo que cualquier otra cosa, debió de estar lleno de frondosas praderas. Pero en aquella ocasión era primavera alta, el agua lo inundaba todo y el Côa corría fortalecido, con corrientes y varios pescadores disfrutando en sus orillas.
Una vez pasados los prados, Vale das Éguas nos recibe con una iglesia de porte nada despreciable para ser una pequeña población. Está cerrada, pero se escuchan voces de mujer en su interior. Sin duda, las guardianas y limpiadoras de sus tesoros.
Pero como el objetivo de SALAMANCA AL DÍA esta vez es extender la toalla en una playa, apreciar el frescor del río y, muy probablemente, tomar un baño, seguimos el camino descendente que nos indica ‘Praia Fluvial’.
Recorremos un trayecto que seguramente no tenga más de un kilómetro, por un camino adoquinado flanqueado por muros que protegen fincas, con una fisonomía singular. Es estrecho, aquí no caben dos coches a la vez, pensar en esto quizá haga que nos parezca más largo. Encontrarse con otro vehículo de frente sería afrontar un desafío, y tendremos ocasión de comprobarlo. Los ensanches que hay cada poco solventan esta dificultad. Uno espera, el otro pasa. Llegamos a la que intuimos es la parte final, divisando hasta tres zonas de aparcamiento.
Por aquí mismo pasa la etapa 3 (Sabugal- Rapoula do Côa) de la Grande Rota do Vale do Côa- GR45. Esta ruta es la más importante de la región de Riba Côa, con 199 km lineales, que acompañan el río desde su nacimiento en Fóios (cerca de Navasfrías, Salamanca) hasta su desembocadura en el Douro a la altura de Vila Nova de Foz Côa. En un tiempo muy lejano, el río Côa fue la frontera natural entre el Reino de Portugal y la Extremadura Leonesa, donde estaba incluido el territorio que hoy coincide, poco más o menos, con la provincia de Salamanca.
La pareja que regenta el bar nos da los buenos días en una mañana de un día cualquiera de agosto. El paraje nos sorprende por fresco y por tranquilo. Celebramos nuestra suerte.
Avanzamos curioseando un poco por aquí y por allá: la rueda de un antiguo molino, un puentecillo para pasar a la otra orilla, observamos que hay dos duchas exteriores, baño femenino y masculino, una amplia terraza sombreada, y otra pequeña flotante sobre el río, … y, más allá, una piscina llenándose. El agua que la hinche procede de una mini cascada. La compuerta está abierta y el agua colma el espacio bastante rápido, baja con brío.
Contamos varios merenderos de piedra (6, 7, …) y uno de madera al lado opuesto. Hay varias canoas para alquilar.
Antes de reposar, el final de este verde espacio nos pide descubrir qué hay más allá de la vegetación del fondo. La regadera paralela al curso del río, que discurre pegada a la pared, parece no terminar en esta playa, sino continuar. Y allí vamos nosotros a ver dónde nos lleva.
Tras un recodo oscuro por la sombra de alisos y fresnos, hallamos un gran plano de agua, la imagen más bucólica de las descubiertas en este enclave. Lo circundamos por el dique que lo rodea, hasta que éste se pierde en un camino de tierra batida que pronto deja paso un pequeño sendero entre heno y juncos. Es el camino alternativo para llegar a la otra orilla sin pasar por el puente.
Seguramente, habrá unas bellas vistas de todo el conjunto fluvial existente en la margen derecha del río, pero nos llama más volver al plano de agua, que refleja como en un espejo las ramas, las hojas y las nubes algodonosas de principios de agosto.
En la comarca, a este paraje también se le conoce como ‘Zona de Ocio da Ínsua’.
Sólo se escucha el murmullo del agua, el canto de los pájaros y el sonido de las hojas al moverse.
Playa fluvial de Vale das Éguas (Sabugal, Portugal)
El suelo está poblado de un corto y húmedo césped. Por eso, conviene llevar un aislante para colocar bajo la toalla y sentarnos donde nos plazca, más cerca del río o en alto, próximos a la regadera paralela al muro superior.
En la parte más alta es donde se encuentra la piscina natural de agua viva, en la zona más soleada, llenándose constantemente, pues las compuertas permanecen abiertas para que el agua entre y vuelva a salir al río, por lo que es siempre nueva, refrescante, sin tratar.
Tenemos muchas sombras donde protegernos del sol de mediados de verano, las que proporcionan alisos y fresnos; también espacios entre claroscuros y algunos pocos al sol. Pero se puede afirmar que la característica del espacio fluvial de Vale das Éguas es el frescor y el verdor. Aquí se pasan las horas de canícula propias del mediodía sin sentir el calor.
A medida que llega la hora del almuerzo, la playa se va llenando de familias grandes, formadas por abuelos, hijos, nietos y otra parentela. Se acomodan en un merendero y proceden a almorzar.
Otros llegan después de la siesta, que en Portugal es algo así como a partir de las tres de la tarde, cargados con sillas, juguetes y todo tipo de equipamiento para pasar una tarde de ocio. Se disponen a un baño vivificante, a corretear por aquí y por allá, a leer o dormitar un poco los menos jóvenes, a constantes chapuzones en la piscina y a ir preparándolo todo para la merienda.
Creemos que no procederán todos del pueblo de Vale das Éguas, sino que habrá otros que vengan de otras localidades cercanas o, incluso, más allá. De lo que estamos seguros es de dos cosas: una, que estamos en Portugal; y dos, que no lo parece, pues el idioma que escuchamos a derecha y a izquierda, delante y detrás, hablado por personas de todas las edades, es el francés.
Ya se sabe que el interior peninsular (español y portugués) llena su vacío estos días con el regreso estacional de los hijos e hijas de la tierra y/o sus descendientes. En el caso de Sabugal, como la emigración durante los años 50, 60 y 70 fue masiva a países como Francia, Luxemburgo, Bélgica o Suiza, su retorno crea una atmósfera muy pintoresca en el interior rayano, entre lo patriótico, lo cosmopolita, la sofisticación y la tradición. En definitiva, multicultural.
Esta playa no está vigilada, por lo que cada uno deberá cuidar de sí y no perder de vista a los más pequeños. Aunque el cauce del río está tranquilo y la piscina natural, que alcanza una profundidad máxima de 1,70 metros, no ofrece peligro, hay que vigilar a los más vulnerables en todo momento.
El bar de apoyo da mucha vida al espacio. Quien quiera estar más desconectado, puede alejarse un poco. Pero quien eche de menos un poco de civilización, siempre puede acercarse al chiringuito. Abren hacia las 11 y cierran “cuando se va el último cliente” nos asegura la señora que lo atiende.
Durante las horas que permanecemos aquí, el ambiente es sumamente tranquilo, sin música estridente. Pero no podemos quedarnos hasta las horas finales de la tarde, aquellas en que la Praia Fluvial de Vale das Éguas posiblemente se transforme, pasando de ser un lugar bucólico, de baños de río, de sol, de paseos y de lectura, a despertar con las conversaciones y la música animadas.
Vemos los bafles colocados en un extremo del bar, pero, afortunadamente, nada perturba el mágico momento de conexión con el ambiente vivido en Vale das Éguas.
Antiguamente, había cerca de aquí un poblado llamado Caria Talaya, situado en un cirro, en el hoy conocido como Alto da Senhora das Preces. Por lo visto, aún quedan restos de esa población.
Sus habitantes se dedicaban a la cría caballar, bajando el ganado a pastar a los buenos prados de este fértil valle. Parece ser que de ahí pasó a llamarse Valle de las Yeguas (Vale das Éguas), un inspirador y matriarcal topónimo.
En las proximidades se pueden visitar los restos de dos de las cinco villas medievales de Sabugal: Vilar Maior y Vila do Touro.
Unos cinco kilómetros al norte de Vale das Éguas se ubica el complejo termal do Cró, formado en la actualidad por un hotel y balneario. Todavía se conservan en las inmediaciones las ruinas de las termas originales.
También cerca, hacia el nordeste, dicen que hay un manantial de aguas ferrosas. Algunos de los antiguos clientes de las Termas de Cró, cuyas aguas son de características sulfúreas, decían que para algunas dolencias era más efectivo el tratamiento en las pozas de las aguas ferrosas.
Sea realidad científica o memoria popular, lo cierto es que este pequeño paraje es un vergel entre granito.
GPS: 40º26’09.7”N | 7º01’26.4”W
Distancia desde Salamanca: 150 km aprox.
Distancia desde Ciudad Rodrigo: 65 km aprox.
Distancia desde Fuentes de Oñoro: 40 km aprox.