La Peña San Miguel concentra durante el fin de semana un programa de actividades pensado para vecinos, peñistas y quienes regresan al pueblo durante el verano
La Atalaya vive este fin de semana sus fiestas veraniegas, una cita que cada año devuelve al municipio parte de aquellos vecinos que un día tuvieron que marcharse, pero que mantienen intacto el vínculo con la tierra en la que hunden sus raíces. Organizadas por el Ayuntamiento y la Peña San Miguel, las celebraciones combinan convivencia, gastronomía, música y actividades para todas las edades.
El programa arrancó el viernes por la noche con una cena de confraternidad y una sesión de discoteca móvil que sirvió para abrir unas jornadas concebidas, sobre todo, como un punto de encuentro entre lugareños, peñistas, visitantes y oriundos que regresan durante el periodo estival.
La jornada del sábado tuvo como uno de sus principales protagonistas a la gastronomía. La nave multiusos acogió una comida de peñas y socios en la que los asistentes compartieron mesa y mantel en un ambiente distendido, prolongando la sobremesa con la habitual conversación que acompaña a estos encuentros y que, en los pequeños pueblos, constituye también una forma de mantener viva la comunidad.
Mientras los mayores disfrutaban de la jornada, los más pequeños pudieron refrescarse y divertirse con los hinchables acuáticos instalados para la ocasión. La música también tuvo su espacio con un concierto de flamenco que puso la banda sonora a una tarde que continuó entre pinchos y refrescos compartidos.
Pero la noche todavía guardaba uno de los momentos más esperados del programa. La plaza del pueblo se convirtió en escenario de una capea con cuatro vaquillas de la ganadería de Sánchez Herrero, que congregó a los aficionados en torno al festejo taurino. Tras los últimos lances de la noche, la diversión continuó con la música de la discomóvil Vibrass, encargada de prolongar la velada hasta bien entrada la noche.
El domingo tendrá un carácter más reposado y volverá a poner la gastronomía y la convivencia en el centro de la celebración. La recién estrenada piscina natural, situada a orillas del río Agadones, será el escenario elegido para una nueva cita culinaria en la que los asistentes podrán disfrutar de una jornada al aire libre, rodeados de naturaleza y con las aguas cristalinas del río como telón de fondo.
Una chocolatada pondrá el punto final a las fiestas veraniegas organizadas por la Peña San Miguel, que durante todo el fin de semana habrán convertido La Atalaya en un lugar de encuentro para quienes viven en el municipio y para aquellos que, aunque residan lejos durante buena parte del año, aprovechan el verano para regresar al pueblo y reencontrarse con sus gentes y con sus propias raíces.