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El regalo de una noche diferente en Cabrillas
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Comarca de Ciudad Rodrigo | Cultura

El regalo de una noche diferente en Cabrillas

Publicado 13/08/2026 11:54

Hay regalos que se envuelven y se entregan. Y hay otros que simplemente suceden: una conversación inesperada, una canción, un paisaje o una tarde compartida que termina convirtiéndose en un recuerdo.

La iglesia de La Purísima de Cabrillas acogió una de esas tardes con la representación de “Juan, el espíritu del amor” de Denis Rafter, dentro de la gira promovida por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca con motivo del Año Jubilar de San Juan de la Cruz.

En la organización colaboraron el Ayuntamiento, la Parroquia y la Diócesis de Ciudad Rodrigo. Pero, más allá de la estructura administrativa que hace posible la gira, lo que llegó a Cabrillas fue algo mucho más sencillo: el regalo de una experiencia cultural.

La cultura de la gratuidad no consiste en pensar que aquello que se ofrece no cuesta nada. Al contrario. Detrás de cada representación hay mucho trabajo. Están los artistas, los técnicos, los desplazamientos, los instrumentos, el montaje y todas esas pequeñas tareas que permiten que, cuando llega el momento, el público pueda simplemente sentarse y disfrutar.

Lo hermoso es que todo ese esfuerzo se hace para compartir.

Durante la representación, La Purísima se convirtió en un espacio diferente. La música en directo, la palabra de San Juan de la Cruz y la interpretación de los cinco artistas fueron construyendo una historia que encontró su respuesta en la atención del público.

Y después llegó el aplauso.

Ese instante tiene algo de devolución. Los espectadores entregan a los artistas su reconocimiento y los artistas reciben la confirmación de que el viaje, los kilómetros y el esfuerzo han merecido la pena.

Quizá por eso estas representaciones dejan algo que no aparece en las estadísticas. Una experiencia compartida. Una conversación entre vecinos. El recuerdo de haber visto teatro profesional en la propia iglesia del pueblo.

Cabrillas recibió así mucho más que una función. Recibió una invitación a detenerse, escuchar y emocionarse.

Y quizá ese sea el auténtico sentido de regalar cultura: no esperar nada a cambio, salvo la posibilidad de que aquello que uno ofrece encuentre un lugar en el corazón de quien lo recibe.