Aplausos cuando la Luna llegó a ocultar cerca del 99 % del disco solar
La muralla y los fosos de la zona oeste de Ciudad Rodrigo, desde la Puerta de San Vicente hasta la zona de la Brecha, el Parador y la Batería, se convirtieron este martes en una gigantesca grada natural desde la que numerosos mirobrigenses y visitantes siguieron la evolución del eclipse solar.
El fenómeno, que comenzó a hacerse visible a partir de las 19:30 horas, fue ganando intensidad a medida que avanzaba la tarde. Pero fue en torno a las 20:25 horas cuando se alcanzó el momento más esperado. La penumbra se adelantó al ocaso natural y la luz fue adquiriendo progresivamente una tonalidad amarillenta y extraña, anunciando que la Luna había cubierto ya casi por completo el disco solar.
Fue entonces cuando, de manera espontánea y casi al unísono, el público rompió en aplausos. El momento culminante del eclipse había llegado: desde Miróbriga se pudo contemplar una ocultación cercana al 99 %, aunque la posición geográfica de la ciudad impidió alcanzar la totalidad del disco solar.
La singularidad del fenómeno llevó a muchos ciudadanos a buscar con antelación un lugar privilegiado desde el que disfrutar de la experiencia. Los fosos ofrecieron unas condiciones especialmente favorables y durante la tarde fueron ocupándose poco a poco. Algunos grupos incluso aprovecharon la ocasión para convertir la espera en una merienda al aire libre, con mesas, sillas y todo lo necesario para improvisar un pequeño pícnic junto a uno de los elementos más emblemáticos del recinto amurallado.
No faltaron tampoco quienes esperaban una oscuridad algo mayor y sintieron cierta decepción al comprobar que la luz no desaparecía por completo. Aun así, la transformación de la tarde fue suficientemente perceptible como para dejar una imagen poco habitual: mientras el cielo adquiría ese particular tono crepuscular antes de la hora, las farolas de los fosos llegaron a encenderse automáticamente al detectar sus células fotoeléctricas el descenso de luminosidad.
Durante unos minutos, Ciudad Rodrigo pareció suspendida entre el día y la noche, con la muralla como telón de fondo y cientos de miradas dirigidas hacia el cielo. Una estampa excepcional para recordar el que muchos no dudaron en considerar uno de los eclipses más espectaculares contemplados en Miróbriga en este siglo.