El evento ‘Totality’ reunió a más de 2.000 personas en una jornada de divulgación científica con conferencias de expertos nacionales e internacionales, observaciones solares y actividades organizadas por Astróbriga, entre ellas la ponencia de Jaime Bajo Da Costa y las observaciones nocturnas.
¿Qué tiene un eclipse para conseguir que, por un momento, pare nuestra vida cotidiana? Ayer, dos elementos del universo tan presentes en nuestro día a día como el Sol y la Luna protagonizaron un acontecimiento capaz de conseguir algo que cada vez resulta más difícil: hacer que miles de personas se detuvieran durante unos instantes, levantaran la mirada al cielo y contemplaran, simplemente, una de las grandes maravillas de la naturaleza.
El eclipse solar total consiguió reunir a miles de personas en distintos puntos de España. Viajes, desplazamientos y jornadas enteras de actividades se organizaron alrededor de un fenómeno astronómico que, durante un minuto, hizo que el cielo se convirtiera en el centro de todas las miradas. La Luna fue ocultando poco a poco el Sol hasta alcanzar la fase de totalidad, un momento breve pero extraordinario que volvió a demostrar la capacidad de la astronomía para despertar la curiosidad y el asombro.
Los eclipses han fascinado al ser humano desde hace miles de años. Lo que antiguamente podía interpretarse como un acontecimiento misterioso o incluso como una señal de los dioses, hoy puede explicarse con precisión gracias al conocimiento científico. Sin embargo, pese a todos los avances, la emoción de contemplar cómo el día se convierte momentáneamente en noche continúa siendo prácticamente la misma.
Y precisamente para que el eclipse no se quedara únicamente en un espectáculo para mirar al cielo, diferentes asociaciones, estudiantes, científicos y divulgadores decidieron convertir la jornada en una auténtica celebración de la ciencia y la astronomía.
Más de 2.000 personas se desplazaron hasta Autilla del Pino, que durante la jornada se convirtió en uno de los grandes epicentros de la observación del eclipse en España, ya que desde este punto se podía ver el eclise total. Desde Ciudad Rodrigo también hubo representación, con entre 70 y 100 personas que realizaron el desplazamiento, tanto en vehículos particulares como en autobús, para vivir en primera persona este acontecimiento.
La localidad palentina acogió ‘Totality’, una iniciativa organizada por la asociación mirobrigense Astróbriga, la Asociación Juvenil de Autilla del Pino (AJAPI) y la sección de estudiantes de la Real Sociedad Española de Física (RSEF) de la Universidad de Valladolid. El objetivo era aprovechar la expectación generada por el eclipse para acercar la ciencia al público y convertir la jornada en mucho más que una simple observación astronómica.
Durante las horas previas al eclipse se sucedieron diferentes conferencias y actividades protagonizadas por científicos y divulgadores españoles e internacionales. Una de ellas estuvo dedicada a ‘El eclipse y la cultura de alrededor’, un recorrido por la manera en la que diferentes civilizaciones han interpretado y estudiado estos fenómenos a lo largo de la historia, desde las sociedades mesopotámicas hasta el antiguo Egipto.
La divulgación también se acercó al mundo animal con la conferencia ‘Comportamiento animal en relación a los eclipses’, en la que se explicó cómo diferentes especies pueden reaccionar ante el repentino cambio de luz. El oscurecimiento del cielo puede provocar que algunos animales diurnos adopten comportamientos propios de la noche, mientras que otras especies modifican temporalmente sus rutinas ante una situación completamente excepcional.
El programa científico incluyó además charlas sobre raciocinio científico, así como sobre teoría de cuerdas y agujeros negros, acercando al público cuestiones complejas de la física y la astronomía de una manera divulgativa. Además que también hubo observaciones al sol con telescopio y música de acompañamiento a la jornada, una rifa, donde el premio grande era un telescopio, y lo recudado iba a la asociación contra el cáncer español.
Pero, después de las conferencias, llegó el momento que todos estaban esperando.
Con las gafas homologadas preparadas, los telescopios instalados y las cámaras listas, los asistentes comenzaron a seguir la evolución del eclipse. Primero, la Luna empezó a ocultar lentamente el disco solar. Poco a poco, la superficie visible del Sol fue disminuyendo hasta aproximarse al momento de la totalidad.
La expectación fue creciendo mientras se sucedían las diferentes fases del fenómeno. Y entonces llegó uno de los instantes más esperados: el anillo de diamantes, justo antes de que la Luna terminara de cubrir el Sol y llegará por fín el eclipse total.
Durante la totalidad, quienes se encontraban en la franja adecuada pudieron retirar las gafas de eclipse y contemplar directamente la corona solar, uno de los grandes atractivos de este fenómeno. Durante aproximadamente un minuto, el paisaje quedó sumido en una oscuridad poco habitual, mientras el cielo adquiría una apariencia completamente diferente a la de cualquier tarde de verano.
El cambio de luz también provocó modificaciones en el comportamiento del entorno. Algunos pájaros parecieron desconcertados ante la llegada repentina de la noche y la temperatura descendió ligeramente. Pero, sobre todo, lo que se podía observar entre el público eran rostros de sorpresa, emoción y alegría.
Hubo aplausos, gritos y vítores cuando llegó la totalidad. Durante apenas unos instantes, miles de personas compartieron una misma experiencia: mirar al cielo y ser conscientes de que estaban contemplando un fenómeno que, para muchos, será difícil volver a vivir.
Después de la totalidad, el eclipse comenzó a recorrer el camino inverso. La Luna inició lentamente su retirada del disco solar y volvieron a sucederse las diferentes fases de parcialidad, esta vez en sentido contrario, hasta recuperar progresivamente la luz habitual.
Pero la jornada todavía tenía reservada una de sus últimas grandes citas científicas.
El divulgador científico Jaime Bajo Da Costa, estudiante del máster en Zúrich y recientemente beneficiario de una beca de la Fundación La Caixa, ofreció una conferencia dedicada a los eclipses en el Sistema Solar y su importancia en la búsqueda de exoplanetas.
Bajo Da Costa explicó cómo los eclipses y los tránsitos permiten a los científicos detectar planetas que orbitan alrededor de otras estrellas a través de las pequeñas variaciones en su brillo. También repasó las particularidades de estos fenómenos en otros planetas, como Marte y Júpiter, y destacó lo excepcional que resulta el caso de la Tierra, donde el Sol y la Luna presentan un tamaño aparente prácticamente similar.
Durante su intervención también puso en valor el trabajo de Astróbriga y el patrimonio científico de Ciudad Rodrigo, recordando el modelo monumental del Sistema Solar con el que cuenta la ciudad. La charla permitió además acercarse al futuro de la investigación espacial y a la búsqueda de nuevos mundos y posibles indicios de vida fuera del Sistema Solar.
Como cierre, el divulgador avanzó el próximo fenómeno astronómico destacado: el eclipse lunar del 28 de agosto, que permitirá contemplar la conocida como «luna de sangre»
Cuando cayó definitivamente la noche, la mirada volvió a dirigirse hacia el cielo, esta vez para descubrir otros protagonistas. Las observaciones nocturnas astronómicas permitieron contemplar a través de los telescopios diferentes objetos celestes, entre ellos el cúmulo de estrellas de Hércules y la galaxia de Andrómeda, además de otros cuerpos y estructuras del firmamento.
En paralelo, el mirobrigense Álvaro Montero participó en la divulgación del cielo nocturno desde la carpa principal, utilizando la conexión con un telescopio para mostrar a los asistentes diferentes estrellas y acercarles algunos de los grandes misterios del universo.
La velada continuó con una sesión explicativa mediante puntero láser para localizar diferentes constelaciones y observar las Perseidas, uno de los fenómenos más conocidos del cielo de agosto.
Así terminó una jornada en la que la astronomía fue mucho más que un eclipse. Desde las primeras conferencias hasta la observación del Sol, pasando por la emoción de la totalidad y las posteriores miradas hacia las estrellas, ‘Totality’ consiguió reunir ciencia, divulgación y emoción en torno a un mismo cielo.
Porque durante unas horas, en Autilla del Pino, la ciencia consiguió algo que no siempre resulta sencillo: reunir a miles de personas bajo un mismo cielo, hacer que dejaran por un momento sus preocupaciones a un lado y que todos miraran en la misma dirección, hacia arriba.