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El día en que el cielo se oscureció en Campillo de Azaba y la iglesia se llenó de luz
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Comarca de Ciudad Rodrigo | Cultura

El día en que el cielo se oscureció en Campillo de Azaba y la iglesia se llenó de luz

Publicado 13/08/2026 13:50

El eclipse terminó. La luz volvió a ser la de todos los días. La compañía recogió sus instrumentos y emprendió de nuevo el camino.

Fue un día diferente en Campillo de Azaba. El eclipse convirtió el cielo en protagonista y millones de personas levantaron la mirada para contemplar un fenómeno extraordinario. Pero en el pueblo había otra cita: la iglesia de San Sebastián abría sus puertas para recibir a Juan, el espíritu del amor.

Dos formas muy distintas de mirar hacia arriba. Una hacia el cielo. La otra hacia la palabra.

La representación, incluida en la gira promovida por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca con motivo del Año Jubilar de San Juan de la Cruz, contó con la colaboración del Ayuntamiento, la Parroquia y la Diócesis de Ciudad Rodrigo.

Y mientras fuera el día adquiría una luz diferente, dentro del templo la música, la poesía y el teatro creaban su propia atmósfera.

La coincidencia permite pensar en algo que esta gira está demostrando pueblo tras pueblo: hay otra España que no suele ocupar grandes titulares, pero que sigue construyendo su vida cotidiana alrededor de la cultura, del patrimonio y de la comunidad.

Campillo de Azaba forma parte de esa realidad.

En los pueblos, mantener una actividad cultural no siempre resulta sencillo. Hay menos habitantes, menos recursos y más distancia respecto a los grandes circuitos. Pero precisamente por eso cada representación tiene un significado especial. No es simplemente que una compañía llegue para ofrecer un espectáculo. Es que durante unas horas se crea un acontecimiento compartido.

Los vecinos se encuentran, ocupan los bancos de la iglesia hasta llenarla, escuchan juntos y, al terminar, aplauden juntos.

Eso también es hacer pueblo.

Los cinco intérpretes recibieron una larga ovación como respuesta del público después de una representación en la que la figura de San Juan de la Cruz volvió a dialogar con el presente a través del teatro, la música y la poesía.

Quizá la resistencia de nuestros pequeños municipios tenga mucho que ver con esto. No con resistirse al cambio, sino con no renunciar a aquello que les da identidad mientras siguen abiertos a nuevas experiencias.

El eclipse terminó. La luz volvió a ser la de todos los días. La compañía recogió sus instrumentos y emprendió de nuevo el camino.

Pero en Campillo de Azaba quedó otra luz: la de una tarde compartida.

Y quizá dentro de unos años alguien recuerde aquel día de una manera muy sencilla: «Fue el día del eclipse. Y también fue el día que vimos a San Juan de la Cruz en nuestra iglesia».