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María del Mar y José acompañan como mayordomos a la Virgen del Socorro en Vitigudino
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PROCESIÓN DE BAJADA ESTE SÁBADO A LAS 21:00 HORAS

María del Mar y José acompañan como mayordomos a la Virgen del Socorro en Vitigudino

Lorena Arias
Publicado 24/07/2026 17:16

La procesión de bajada, prevista el 25 de julio a las nueve de la noche, recupera una antigua tradición que consiste en portar velas junto a la imagen de la Virgen y, como novedad, se invita a desfilar a los mayordomos de otras ermitas

Como cada año, ha llegado el momento en el que los mayordomos de la Virgen del Socorro descenderán desde su ermita hasta el pueblo, acompañando a su imagen, quedando en la Iglesia de San Nicolás hasta el 15 de agosto, fecha en la que volverá a sus aposentos para cerrar, así, un nuevo ciclo de esta tradición. Este año, el matrimonio de María del Mar Sánchez y José Hernández ha asumido la tarea, tras la paciente espera de treinta y dos años. Ahora, en cambio, se preparan para portar las varas que con tanta ilusión recibieron a finales del verano pasado, sin haberse percatado, apenas, de la velocidad con la que se han escapado los meses. Este sábado, 25 de julio, vivirán con intensidad la procesión de bajada a partir de las 21:00 horas, momento que comenzará con una misa en la ermita.

¿Qué supone ser mayordomo de la Virgen del Socorro?

José: Supone, sin duda, una dedicación a la Virgen durante todo el año. Abrimos a las 8:00 de la mañana, como muy tarde, y la estamos cerrando a las 11:00 ahora en verano. En invierno la cerramos a las 8:00. Entonces, tienes que preocuparte los 365 días del año de abrir y cerrar la ermita. Aparte de eso, tienes que mantenerla limpia y, sobre todo, a la Virgen. Cambiarle los trajes, tener centros y tenerla atendida. Organizar, también, el día de la bajada, el 25 de julio, y la subida, el 15 de agosto. Esas son, principalmente, las tareas de un mayordomo.

María del Mar: La tradición es que las familias que están interesadas en ejercer de mayordomos se apuntan a una lista abierta que tiene la parroquia. Y, cuando te llega el turno, se toman las varas el último fin de semana de agosto y se entregan justo al año siguiente. Nosotros llevábamos 32 años apuntados en la lista.

José: Luego, cada familia que ejerce de mayordomos gestiona el tema de la decoración y cada temporada del año como cree conveniente.

María del Mar: Nosotros hemos querido centrarnos especialmente en ese aspecto para que se viera que la ermita tenía vida. La gente que viene a diario lo ha acogido muy bien y hemos tenido el apoyo total de los sacerdotes. Este año, por ejemplo, ha sido el primero que se elaboró un centro de Adviento y también un altar de Corpus.

Luego, otra cosa que teníamos claro es que queríamos honrar a todas las personas que han donado cosas a la Virgen, ya sean mantos, pañuelos, manteles de altar, joyas. Son regalos y hay que ponerlos. Cuando llegué, me quedé sorprendida de la cantidad de trajes bonitos que tenía y que nunca se le habían puesto. Las personas que donaban me preguntaban si podía poner sus cosas y siempre lo han agradecido mucho.

José: Cada uno de los que vamos pasando por aquí le vamos aportando algo nuevo a la ermita, con el fin de que esto se mantenga vivo y visitable. Hay que reconocer a esa gente que viene a diario y agradecerles que vengan a visitar.

María del Mar: La devoción es tal que hay momentos en los que el lampadario se llena tres veces al día. Así que se nos ocurrió hacer un libro de firmas a la entrada y ha tenido muy buena acogida.

Ciertamente, 32 años es mucho tiempo de espera. ¿Por qué se les ocurrió entonces apuntarse a la lista de los mayordomos?

José: Esa es una buena pregunta. Yo, en mi caso, de siempre lo oí en casa. De hecho, aquí en Vitigudino hay tal devoción a la Virgen que hubo unos años en los que en todas las familias había alguna persona que se llamaba Socorro. Por ejemplo, en la mía, mi abuela. En la de ella, su madre. Entonces, siempre te transmitían desde pequeño la devoción a la Virgen.

María del Mar: En mi caso, mi familia desciende de aquí y el recuerdo que tiene mi madre de este lugar es el de una ermita muy oscura. Incluso, muchas veces, solo la podían ver desde la ventana. Así que, cuando me vine a vivir aquí, fue ella la que me insistió: “¿Por qué no te haces mayordoma? Yo te ayudo. Me haría mucha ilusión”, me decía.

José: Ellos nos lo inculcaron, la devoción a la Virgen. Así que lo decidimos hace muchos años y nunca sabes cómo vas a estar cuando llegue el momento. Porque, además, es que no es el día de la fiesta; son los 365 días del año en los hay que abrir y hay que cerrar. Y yo pienso que, cuando te apuntas, el sentido es el servir tú a la Virgen, no decirle a alguien que te cubra, salvo en contados momentos en los que de verdad no puedes.

María del Mar: Nada de viajes ni de vacaciones. Nosotros teníamos claro que, si asumíamos el reto, lo íbamos a desempeñar plenamente. Porque, además, tu satisfacción es, precisamente, hacerlo tú.

Este año, para la bajada, vamos a recuperar algo que mi madre me contaba que se hacía cuando era pequeña, el que la Virgen bajara iluminada, con velas. Se lo propusimos a los sacerdotes y nos dieron el visto bueno. Así que haremos la Eucaristía a las 9:00 y tendremos que retrasar la misa. Queremos darle importancia no solo a la subida del día de la fiesta, sino también la bajada. Hay que pensar que bajar a la Virgen es acercarla a mucha gente del pueblo que no puede subir, para que puedan visitarla.

Antes de dedicarse totalmente a ser mayordomos, ¿qué vínculo tenían con la Iglesia?

José: Yo personalmente he estado vinculado a la Iglesia desde pequeño. Cuando era más joven colaboraba con la parroquia y, luego, un poco menos, porque ya eres mayor y tienes otro tipo de obligaciones, pero siempre he estado vinculado en la medida que he podido.

María del Mar: Yo pertenezco a una cofradía de Salamaca, a la Soledad. Y, además, he pasado desde cuarto de E.G.B. hasta COU en monjas y con los curas. Y, bueno, la relación en casa siempre está.

A nivel espiritual, ¿qué supone ser mayordomos de la Virgen del Socorro?

José: Para mí es una satisfacción muy grande. Es algo que te llena mucho por la devoción que le tienes y el hecho de poder decir que está en tus manos y puedes servirla de manera más cercana, decidir cómo la vas a tratar.

La verdad es que está llegando este momento en el que ya queda poco para terminar y me está dando mucha pena. Siempre piensas en qué más podrías haber hecho a lo largo del año. Aunque, sinceramente, estoy totalmente satisfecho con lo que hemos hecho. Me llevo un recuerdo fenomenal de la experiencia.

María del Mar: Y es que se te pasa el tiempo volando. El día que le cambiamos el traje, entramos aquí a las 10:00 de la mañana y salimos a las 2:00 de la tarde. Cuando lo afrontas un año entero, dices, ¿y qué podemos hacer? Y ahora, en cambio, sentimos que nos faltan muchas más cosas por hacer y nos da mucha pena.

El vestidor para sus trajes se lo ha hecho José. Las dos puertas azules para que no se viera todo lo que hay detrás del altar, también. Yo he intentado hasta sacar las imágenes que están arriba. También la luz se la hemos puesto nueva. Ahora estamos arreglándole las andas. En fin, que nunca acabas. Y entre todas las familias hemos hecho algo. Otros, por ejemplo, han pintado la puerta de la entrada, y así. Cada uno que ha pasado lo ha hecho lo mejor posible y cada uno ha visto una necesidad distinta.

Para nosotros ha sido una satisfacción muy grande. Primero, el afrontarlo, con la incertidumbre que te genera decir eso. Y, luego, el haber podido cumplirlo de manera natural y normal.

A lo largo del año, ¿cuál es el momento más importante para un mayordomo?

María del Mar: Espiritualmente, para mí, cualquiera de los momentos que yo le he dedicado a la Virgen. A vestirla, a arreglarla, a preparar sus cosas. Lo que le eliges, el pañuelo que le pones, el velo que le pones, la corona, los rosarios. Y, luego, de cara a lo que se ve, pues imagino que será el día de la fiesta, aunque creo que es más bien un momento triste. De alegría y triste, a la vez, porque es prácticamente la despedida.

José: Para mí es cada momento de satisfacción personal, el reconocimiento de la gente cuando viene a visitarla. Merece la pena porque la gente lo agradece, le gusta lo que hacemos.

¿Cómo vivirán ustedes estos días?

José: Pues con mucha intensidad y mucha ilusión. Estamos ya ultimando los detalles de la bajada, preparando ya todo un poco y tenemos muchas ideas. Trataremos de organizarlas lo mejor posible para que salga bien. Siempre queda la incertidumbre de que a lo mejor preparo algo y la gente no lo acepta.

María del Mar: Vamos a hacer una cosa diferente este año. A mí siempre me ha sorprendido que, por ejemplo, en el día del corpus, la cofradía del corpus invita a los mayordomos de la Virgen, a los de la Adoración Nocturna, a los de Semana Santa. Te invitan a la procesión y tú vas con el estandarte de la Virgen. Y yo decía, ¿por qué nadie sube con la Virgen ni nadie baja con la Virgen? A mí me sorprendía. Así que este año les vamos a invitar. Claro que los mayordomos no somos una cofradía, es gente voluntaria. Pero sí somos una institución religiosa y queremos unificar. Invitarles a que vengan y formen parte de la procesión.

Por otro lado, también pensamos que los jóvenes son una parte importante y nos hemos propuesto intentar que niños participen. Ya se lo hemos ido diciendo a las familias, que nos gustaría que los niños fueran al lado de la Virgen, con las velas.

Alguien me dijo hace poco “No sabía que eras tú la mayordoma, ¿Puedo irte acompañando con mantilla?” Y le digo, claro, esta es la fiesta del pueblo, de la gente. La Virgen del Socorro es muy querida y, entonces, pienso que hay que ser generosos. Darle sitio a todo el mundo.

Desde la experiencia de este tiempo como mayordomos, ¿qué les dirían a los vecinos que se acerquen estos días al pueblo?

María del Mar: Pues que disfruten de la fiesta religiosa, sobre la que giran todos los festejos. Nosotros haremos todo lo posible para que la gente disfrute de la Virgen y estaríamos encantados de que nos acompañaran tanto en la bajada como en la subida y que participe la mayor cantidad de gente posible. La Virgen es de todos, no solo de los mayordomos, y queremos que la gente la vea así, cercana.

José: Yo le recomendaría, a la gente que pueda y tenga ilusión, asumir el reto. Que no tengan miedo a asumirlo, porque es una satisfacción muy grande. A veces es indescriptible, pero es una sensación muy buena. Quiero animar a que esta tradición no se pierda.

María del Mar: Afrontarla es un compromiso grande, no tienes ni un puente, ni un fin de semana, ni nada. Y siempre está el respeto y el miedo de poder estar a la altura, aunque esa expresión no es muy acertada, porque, realmente, tú haces lo que sientes. En nuestro caso, ha sido muy llevadero. Yo he intentado poner y hacer visible lo que se le ha regalado, incluso las cosas que no son perennes. Algunas personas me traían rosas de sus jardines y yo les hacía un centro. Les doy valor incluso a las plantas de su jardín. Hay momentos, claro, en los que no se debe poner flor. En cuaresma o Semana Santa. Pero, por ejemplo, si alguien fallece, siempre van a traer flores y yo no digo que no. Las pongo en la escalinata y ya, pero al menos ese centro está aquí junto a la Virgen.

José: Que no tengan miedo, sobre todo, en el futuro. Porque ya van muchos años en los que no se apunta a nadie. Cuando nos apuntamos nosotros, había 32 años de espera. Ahora hay 10. Me da miedo que esto acabe desapareciendo. Si llega un momento en el que no hay nadie que se haga cargo, pues habrá que cambiar las cosas.

De hecho, aunque no conozco todas las realidades de la provincia, creo que somos de las pocas ermitas que todavía están en esta situación, porque la mayoría que yo que visito están cerradas.

Pero se hace llevadero y es muy gratificante, personalmente. Entonces, animaría a que se apuntara más gente.