El mano a mano dejó una excelente impresión entre la afición, con dos novilleros que exhibieron personalidad, entrega y argumentos para ilusionar al público
La plaza de toros de Moraleja vivió una de esas tardes que reconcilian al aficionado con la Fiesta. La novillada con picadores, incluida en el tercer día de las fiestas de San Buenaventura, reunió en un atractivo mano a mano al cauriense Jorge Hurtado y al mexicano Ignacio Garibay, quienes se enfrentaron a un notable encierro de la ganadería cercana de Carmen Valiente. El buen juego de las reses, unido a la disposición de ambos espadas y a una temperatura inusualmente agradable para mediados de julio, propició un festejo de gran interés que concluyó con ambos novilleros saliendo a hombros por la Puerta Grande.
Abrió plaza el diestro cauriense, que comenzó su actuación con un recibo capotero algo embarullado y sin excesivo lucimiento. Sin embargo, tras el paso del novillo por el caballo, el astado mejoró sensiblemente su condición y Hurtado pudo estirarse con mayor limpieza y temple.
Brindó la faena al público y comenzó la labor muletera con un novillo que parecía reunir las condiciones para el triunfo. No obstante, el ejemplar fue apagándose paulatinamente, perdiendo transmisión y recorrido. Hurtado, siempre firme y dispuesto, insistió por ambos pitones intentando prolongar una embestida que cada vez encontraba más dificultades. Una estocada efectiva puso el broche a la faena y le valió la concesión de una oreja.
Con el segundo de su lote, tercero de la tarde, el extremeño mostró una versión aún más asentada. Lo recibió con largas cambiadas, de rodillas, faroles, verónicas y medias de buen trazo, saludadas con fuerza por los tendidos, que se volcaron con el novillero prácticamente de la tierra.
Muleta en mano construyó una faena templada, reposada y de buen gusto, enlazando naturales, derechazos, pases de pecho y manoletinas, siempre buscando el gobierno de una embestida que no siempre respondía a los engaños. Su firmeza y capacidad para robar muletazos donde parecía no haberlos terminaron por convencer a la plaza.
La suerte suprema requirió varios ajustes antes de encontrar el momento adecuado para entrar a matar, pero una estocada certera sobre un novillo ya desfondado rubricó una labor premiada con dos orejas. El extraordinario comportamiento del astado fue reconocido con la vuelta al ruedo en el arrastre, entre una cerrada ovación del público, mientras la petición de trofeos para Hurtado resultó prácticamente unánime.
Ignacio Garibay no quiso quedarse atrás y desde el primer instante dejó patente el concepto clásico y la personalidad que atesora. Recibió a su primer enemigo con faroles para continuar después con verónicas, medias, caleserinas y delantales ejecutados con soltura y variedad, despertando el entusiasmo de los aficionados.
Con la franela confirmó las magníficas sensaciones. Aprovechó las virtudes del novillo para desarrollar una faena de notable expresión, basada en la ligazón, el temple y la entrega. El mexicano asumió riesgos hasta el punto de sufrir una aparatosa voltereta, de la que se repuso con determinación para continuar una labor de gran mérito frente a un ejemplar que fue perdiendo gas conforme avanzaba la lidia. Una estocada de efecto fulminante le aseguró la primera puerta grande de la tarde.
Frente al segundo de su lote volvió a dejar muestras de su excelente concepto del toreo. El recibo con el capote fue, si cabe, de mayor calidad que el anterior, aunque sería con la muleta cuando terminó de conquistar al público moralejano.
Citando de largo y con los pies asentados en la arena, Garibay desplegó un repertorio variado y profundo, combinando quietud, mando y buen gusto en una faena que confirmó el prometedor futuro del joven espada. El novillo respondió con clase y transmisión, permitiendo momentos de notable intensidad. Quizá el único reproche fue prolongar innecesariamente una labor que ya estaba plenamente cuajada, fruto del entusiasmo y de las ganas de seguir toreando.
En la suerte definitiva dejó una estocada algo trasera hasta la empuñadura que obligó al uso del descabello, resuelto al primer intento. Ello no impidió que el palco atendiera la petición mayoritaria del público, concediéndole las dos orejas que había ganado sobre la arena.
Moraleja despidió así una novillada de magnífico sabor taurino, en la que el oficio creciente de Jorge Hurtado y el ilusionante concepto de Ignacio Garibay encontraron el reconocimiento de una afición entendida. El buen juego de los novillos de Carmen Valiente terminó de redondear una tarde de toros que deja excelentes perspectivas para ambos novilleros y un magnífico recuerdo entre los aficionados.