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De Unamuno a San Juan de la Cruz: una tarde de preguntas en Mieza
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AÑO JUBILAR DEL SANTO ABULENSE

De Unamuno a San Juan de la Cruz: una tarde de preguntas en Mieza

Publicado 01/07/2026 20:17

La iglesia parroquial de San Sebastián acogió con gran éxito esta propuesta cultural de la Diputación, representación que reunió a numeroso público y que se puso en pie para tributar una gran ovación al reparto

Pocas localidades salmantinas reúnen de forma tan natural paisaje, historia y reflexión como Mieza. Desde el Mirador de La Code, uno de los balcones más emblemáticos del Parque Natural de Arribes del Duero, Miguel de Unamuno contempló hace más de un siglo el discurrir del Duero entre los cortados graníticos y dejó escrita una de las imágenes más evocadoras de la literatura viajera española: “Parece un río humilde y manso”. Aquel paisaje que invitó al escritor a pensar sigue siendo hoy un lugar propicio para la contemplación y las grandes preguntas.

Quizá por eso resultó especialmente significativa la representación de Juan, el espíritu del amor en la iglesia de San Sebastián. La obra, escrita y dirigida por Denis Rafter e incluida en la gira promovida por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca, con la colaboración del Ayuntamiento y el apoyo de la Parroquia, reunió en un mismo espacio dos tradiciones profundamente unidas a Salamanca: la del pensamiento y la de la espiritualidad.

La figura de San Juan de la Cruz ocupa el centro de la representación. Poeta, reformador y místico, dedicó su vida a la búsqueda de la verdad, del amor y del sentido último de la existencia. Preguntas que, siglos después, también inquietarían a Miguel de Unamuno, personaje universal para quien la fe, la duda y la necesidad de trascendencia constituyeron el eje de gran parte de su obra.

Aunque separados por varios siglos, ambos compartieron una inquietud común. San Juan de la Cruz buscó a Dios a través del silencio, la contemplación y la poesía. Unamuno lo hizo desde la duda, la reflexión y el combate interior. El rector salmantino admiró profundamente a los místicos españoles porque veía en ellos una autenticidad que iba mucho más allá de las fórmulas y las apariencias. En sus escritos aparecen con frecuencia ecos de esa búsqueda espiritual que también atraviesa la obra representada en Mieza.

No es casual que Denis Rafter haya dedicado buena parte de su trayectoria a llevar a los escenarios figuras como Santa Teresa de Jesús, Antonio de Nebrija o San Juan de la Cruz. Todos ellos representan una forma de entender la cultura como algo vivo, capaz de dialogar con el presente. Sus montajes han recorrido durante años iglesias y espacios patrimoniales de toda España, acercando grandes personajes históricos a públicos que raramente tienen acceso a propuestas teatrales profesionales de estas características.

En Mieza, la historia volvió a repetirse. Bajo las bóvedas de la iglesia de San Sebastián, la poesía, la música y la interpretación sirvieron para recordar que las preguntas esenciales siguen siendo las mismas. Cambian los siglos, cambian las circunstancias y cambian los escenarios, pero permanece intacta la necesidad humana de buscar sentido a la vida.

Quizá por eso, cuando concluyó la representación, parecía que San Juan de la Cruz y Unamuno seguían conversando entre las piedras centenarias del templo. Y quizá por eso el público se puso en pie como un resorte y después de una larga ovación, abandonó la iglesia con algo más que el recuerdo de una obra de teatro: con la sensación de haber participado en una reflexión compartida sobre aquello que nos hace verdaderamente humanos.