El centro multiusos acogió con gran éxito la obra 'Juan, espíritu del amor', propuesta cultural de la Diputación, que reunió a numeroso público y finalizó con una gran ovación del público puesto en pie
¿Qué puede decir un fraile carmelita del siglo XVI a los vecinos de un pueblo salmantino en pleno siglo XXI? La respuesta pudo encontrarse este domingo en el Centro Multiusos de Cipérez durante la representación de Juan, el espíritu del amor, una propuesta cultural promovida por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca con motivo del Año Jubilar de San Juan de la Cruz.
A primera vista, la figura de San Juan de la Cruz parece pertenecer a un mundo muy lejano. Vivió hace más de cuatro siglos, escribió poesía mística y desarrolló su labor religiosa en una época marcada por profundas diferencias con la sociedad actual. Sin embargo, la obra demuestra que muchas de las preguntas que se hacía aquel hombre siguen siendo las mismas que preocupan hoy a numerosas personas.
La búsqueda de la verdad, la necesidad de encontrar esperanza en tiempos difíciles, la soledad, la falta de referentes o el deseo de hallar un sentido a la vida aparecen en el espectáculo como temas plenamente contemporáneos. A través de la música, la poesía y el diálogo entre personajes de distintas épocas, la representación establece un puente entre el pensamiento de San Juan de la Cruz y los desafíos de nuestro tiempo.
Uno de los aspectos más llamativos de la propuesta de Denis Rafter es precisamente su capacidad para mostrar a un Juan de la Cruz cercano a las inquietudes actuales. No aparece únicamente como santo o escritor, sino como una persona que conoció la pobreza, la incomprensión y el sufrimiento, y que supo responder a esas dificultades con una profunda confianza en el ser humano y en la fuerza transformadora del amor.
La representación recordó además la estrecha relación del santo con Salamanca. Su formación en la Universidad salmantina, su ordenación sacerdotal en la Catedral Vieja y su paso por distintos lugares de la provincia forman parte de una historia que sigue viva en el territorio.
El público de Cipérez asistió así a una experiencia cultural que fue mucho más allá de la simple recreación histórica. La obra invitó a reflexionar sobre cuestiones que afectan a la sociedad actual y mostró cómo la voz de un poeta y pensador del siglo XVI continúa conservando una sorprendente capacidad para interpelar al hombre contemporáneo.
Quizá esa sea la verdadera grandeza de los clásicos: su capacidad para seguir dialogando con cada generación. Cuatro siglos después de su muerte, San Juan de la Cruz continúa planteando preguntas que siguen esperando respuesta. Y esa vigencia es, probablemente, la mejor prueba de su actualidad.
La ovación final, todos en pie, resumió a la perfección la experiencia vivida entre el público y los intérpretes.