Un vistoso encierro a caballo con novillos y una capea popular avivan la mañana festiva en la localidad del Yeltes
Martín de Yeltes se convirtió este domingo en uno de los principales focos del ambiente festivo de la comarca mirobrigense, compartiendo protagonismo con Campillo de Azaba, donde también se celebran las fiestas de San Antonio entre encierros a caballo y capeas populares.
La celebración había comenzado ya con fuerza durante la tarde y noche del sábado, cuando la Plaza Mayor se llenó de juventud disfrazados y en la noche al calor de la discomóvil Samuray y de una suelta de vaquillas celebrada a las dos de la madrugada. La temperatura benigna de una noche ya plenamente veraniega contribuyó a prolongar el bullicio hasta bien entrada la madrugada.
El pulso festivo volvió a latir con intensidad al filo de la una del mediodía. Bajo un sol recio, aunque aliviado por una brisa agradecida, vecinos y visitantes aguardaban la llegada del encierro a caballo, uno de los momentos más esperados de la jornada. Los protagonistas fueron dos novillos de la ganadería vecina de Manuel Jimeno, cuya entrada se hizo esperar unos veinte minutos sobre el horario previsto, una demora casi consustancial a este tipo de festejos.
La manada fue conducida desde los campos del Yeltes hasta el casco urbano con notable limpieza y sin sobresaltos. Los caballistas lograron compactar la conducción de los animales en una sola arrancada, bien escoltados entre mansos y monturas, ofreciendo una imagen de solvencia y oficio que fue seguida con atención por el numeroso público congregado.
La entrada en la plaza se produjo sin incidentes, culminando así un encierro de trazo limpio. Después, los jinetes devolvieron los mansos al campo en una maniobra que sirvió también como demostración de destreza y del manejo tradicional de estas labores ganaderas.
Uno de los aciertos más celebrados por parte del Ayuntamiento ha sido este año la decisión de programar la suelta del IV Toro del Cajón inmediatamente después del encierro a caballo. Una fórmula que no solo incrementó la asistencia de público, sino que favoreció además una mayor permanencia de los visitantes en la localidad, con el consiguiente beneficio para peñas, bares y establecimientos hosteleros.
Tras los festejos taurinos, la jornada prosiguió con una multitudinaria fideuá popular, al precio simbólico de seis euros, que prolongó el ambiente en las calles al son de una charanga, auténtico hilo musical de una sobremesa festiva que mantuvo viva la animación.
La programación continuaría ya por la tarde con una clase práctica protagonizada por alumnos de la Escuela de Tauromaquia de Salamanca, jóvenes aspirantes que buscan abrirse camino en el difícil arte de Cúchares, para concluir con una capea al más puro estilo tradicional.
Ya en la caída de la tarde, la música tomaría el relevo de la tauromaquia con la actuación del grupo Ruedo Flamenco, auspiciada por las peñas, antes de que la verbena popular, a cargo de la orquesta La Búsqueda, pusiera el broche final a una jornada marcada por la tradición, la convivencia y el arraigo festivo.