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La Novena de Beethoven coronó el XXV Aniversario de la Joven Orquesta Sinfónica Ciudad de Salamanca
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La Novena de Beethoven coronó el XXV Aniversario de la Joven Orquesta Sinfónica Ciudad de Salamanca

Publicado 08/06/2026 07:56

El célebre "¡Freude, schöner Götterfunken!" resonó con fuerza en un CAEM entregado, convirtiendo la interpretación en algo más que un concierto que, además, se unió a la celebración del 500 Aniversario de la Escuela de Salamanca. Durante unos minutos, la música de Beethoven y la poesía de Schiller parecieron recordar a todos los presentes que la cultura sigue siendo uno de los grandes espacios de encuentro entre las personas.

La música tiene ocasiones en las que trasciende el mero hecho artístico para convertirse en celebración colectiva, en memoria compartida y en afirmación de una comunidad que se reconoce a sí misma a través de la belleza. Así ocurrió ayer en el Centro de las Artes Escénicas y de la Música (CAEM), donde la Joven Orquesta Sinfónica Ciudad de Salamanca puso el broche de oro a su temporada 2025-2026 con una interpretación memorable de la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven, una de las cumbres indiscutibles de la historia de la música.

La elección de esta obra monumental no podía ser más acertada para conmemorar el vigésimo quinto aniversario de una formación que, durante un cuarto de siglo, ha contribuido decisivamente a la educación musical de generaciones de jóvenes intérpretes salmantinos. El público respondió llenando por completo el auditorio, consciente de asistir a una cita excepcional. La presencia del alcalde de Salamanca, Carlos García Carbayo, y del concejal de Cultura, Ángel Fernández, subrayó además la dimensión institucional de un acontecimiento que forma ya parte de la vida cultural de la ciudad.

Desde los primeros compases del Allegro ma non troppo, un poco maestoso, quedó patente la seriedad del trabajo realizado durante meses. Bajo la dirección de Andrés Ramos Navarro, la orquesta mostró una admirable cohesión sonora y una madurez interpretativa que permitió afrontar con solvencia los enormes desafíos técnicos y expresivos de la partitura. El maestro dirigió con energía, precisión y conocimiento profundo de la obra, logrando extraer de los jóvenes músicos una respuesta brillante y comprometida.

La Novena de Beethoven coronó el XXV Aniversario de la Joven Orquesta Sinfónica Ciudad de Salamanca | Imagen 1

El Scherzo, vibrante y lleno de fuerza rítmica, mantuvo la tensión dramática de la sinfonía, mientras que el Adagio molto e cantabile ofreció uno de los momentos más emotivos de la velada. Allí la orquesta desplegó una sonoridad cálida y delicada, capaz de transmitir la dimensión espiritual que Beethoven quiso imprimir a estas páginas de serena belleza.

Pero el gran momento esperado llegó con el cuarto movimiento, una de las páginas más revolucionarias jamás escritas. Beethoven rompió aquí las fronteras tradicionales de la sinfonía incorporando la voz humana a la estructura orquestal. Para ello recurrió a los versos de Friedrich Schiller, autor de la inmortal Oda a la Alegría, poema que proclama la fraternidad universal entre los seres humanos y la aspiración a un mundo reconciliado bajo los ideales de libertad, igualdad y solidaridad.

La intervención de los solistas Sandra Redondo, soprano; Ana María Hidalgo, mezzosoprano; Esaú Pérez, tenor; y Antonio Santos, barítono, estuvo a la altura de la ocasión. Junto a ellos, el Coro Ciudad de Salamanca, dirigido por el propio Antonio Santos, y el Coro Contrapunto de la Facultad de Educación de la UPSA, bajo la dirección de Cristina Iglesias, ofrecieron una actuación sólida y expresiva, fruto evidente de una cuidadosa preparación.

El célebre "¡Freude, schöner Götterfunken!" resonó con fuerza en un CAEM entregado, convirtiendo la interpretación en algo más que un concierto. Durante unos minutos, la música de Beethoven y la poesía de Schiller parecieron recordar a todos los presentes que la cultura sigue siendo uno de los grandes espacios de encuentro entre las personas.

No era solamente el final de una temporada. Era también la celebración de veinticinco años de trabajo constante, de formación musical y de compromiso con la excelencia artística. La Joven Orquesta Sinfónica Ciudad de Salamanca cerró así un capítulo especialmente significativo de su historia mirando al futuro con la misma ilusión con la que comenzó su andadura.

Cuando los últimos acordes se extinguieron y el público se puso en pie para una larga ovación, quedó la sensación de haber asistido a una de esas noches que permanecen en la memoria colectiva. Beethoven, Schiller, los coros, los solistas, la orquesta y su director habían logrado lo que sólo las grandes interpretaciones consiguen: transformar la música en una experiencia compartida de emoción, esperanza y humanidad.

La interpretación de la Novena Sinfonía adquirió además un significado especial en este año en que Salamanca conmemora el V Centenario de la Escuela de Salamanca. No resulta difícil encontrar un puente entre los ideales defendidos por Francisco de Vitoria y los grandes maestros salmantinos del siglo XVI y el mensaje que Beethoven quiso transmitir a través de la Oda a la Alegría de Friedrich Schiller. La dignidad de toda persona humana, la fraternidad entre los pueblos, la búsqueda de la paz y la aspiración a una comunidad universal fundada en la justicia constituyen principios que laten tanto en el pensamiento de la Escuela de Salamanca como en los versos que culminan la Novena. Cinco siglos después de aquellas lecciones impartidas en las aulas salmantinas, la música volvió a recordarnos que la cultura es uno de los caminos más poderosos para afirmar la unidad de los seres humanos por encima de diferencias y fronteras.

Así, el concierto de clausura de la temporada no fue solamente una brillante celebración musical. Fue también un homenaje a una de las tradiciones intelectuales más fecundas de Europa, nacida en Salamanca y proyectada al mundo. La voz de Schiller, la música de Beethoven y el legado humanista de la Escuela de Salamanca parecieron darse la mano en una misma afirmación de esperanza: la convicción de que la libertad, la justicia y la fraternidad siguen siendo ideales necesarios para construir una sociedad más humana

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