Tal vez, la causa primera de todo lo que pasa en el universo de los sentidos responda a la búsqueda de una belleza sencilla compartida por el prójimo.
Cómo se entiende la experiencia de abandonar un lugar que ha significado tanto para nosotros. La vida tiene ciclos, que en ocasiones no dependen de nosotros, sino de una instancia superior, que podríamos llamar vida misma. Las escaleras imaginarias que subimos para alcanzar otro lugar no las hemos puesto solo nosotros. En una obra donde también han participado otras personas, llega el momento cuando debemos poner un pie en el escalón y luego el otro, y el otro.
Caminar adelante significa desplazarse de un lago a otro, pero también significa hacer que el entorno se mueva con base en nuestro punto de apoyo. El movimiento y la permanencia confluyen en un instante multiplicado por un número propio. También, esas experiencias acumuladas bajan a un fondo más abismado del alma, y desde ahí, impregnadas con nuestro ser, emergen con la imaginación, la memoria, la voluntad, el azar.
Existe por lo tanto ese eje vertical, que sube o baja, según lo miremos de abajo arriba o a la inversa. Del mismo modo, existe el otro eje, horizontal, que por razones prácticas podríamos equiparar al tiempo y el espacio. El vertical, repetimos, es el del alma. A esa alma se la ha nutrido con un alimento espiritual que la fertiliza y aviva. Ha costado trabajo cultivarla, como también cuesta trabajo cultivar la tierra que nos ofrece el alimento corporal.
Mi vida en Nanjing ha significado el aprendizaje de un bien que desconocía hasta el momento. Así como un día llegó la ciudad a mi vida, con todo su lago Xuanwu y lo que ignoramos de él, asimismo me señala el camino para seguir adelante. Ignoro ese nuevo camino adónde me llevará, si bien es cierto que en términos estrictos de un lugar y una fecha en el mundo sí tiene un punto exacto en la creación.
Constantemente pienso en Nietzsche y su lectura sobre la voluntad en Schopenhauer. También algo recuerdo de Jorge Luis Borges en torno a ello, y quizá con más énfasis en Macedonio Fernández. Pero esa voluntad se imbrica en el contexto de la existencia, donde la otra cara de la moneda del espíritu asimismo implica un valor que nos conforma a nosotros. Por partes iguales, además, en algún momento nosotros seremos esa otra cara de la moneda del espíritu para otra persona, que se verá condicionada, o favorecida, por nuestra actuación.
Hoy recuerdo todo a mi paso por Nanjing. Apenas ayer por la noche, sentado junto a la ventana, revisaba una caja con papeles varios, entre los que encontré el borrador de un manuscrito que había emplazado hasta fecha incierta. Quizá ahora, por razones obvias, resulte el momento para retomarlo, y llevar a su cumplimiento lo que a mi llegada a la ciudad era una sola intuición todavía sin un cuerpo definido y estable.
Esta columna para Salamanca rtv al día no la compongo como las demás columnas, con sus tres dígitos en su cómputo: no he permanecido sentado al escritorio cumpliendo con mi deber letraherido por más de tres, cuatro, cinco horas, hasta dar con el tema para justificar mi escritura. No he vacilado en ningún párrafo, ni a ninguna idea la precede ningún otro documento de Word archivado hasta fecha incierta. Hoy sábado seis de junio de 2026 la columna ha quedado de un sola vez. Toca un asunto claro y preciso.
Decir adiós equivale a decir hola en otro lugar. Esto lo sabe el mundo entero, y con mayor razón el mundo del Canto general de Pablo Neruda. En términos concretos, ahora veremos más de esto con la Copa Mundial de la FIFA, que puede representar un problema para la población migrante en el país. La distancia de los lazos familiares y afectivos arroja a una condición vulnerable a quien por motivos personales ha debido abandonar su tierra. Aunque al mismo tiempo —esto sí dicho de manera subjetiva— la migración constituye un elemento indispensable para la estabilidad y el orden mundial. El todo se compone de al menos un par de opuestos. El asunto encuentra por sino conseguir un equilibrio humano, inestable por definición.
Por estos motivos, entonces, nosotros ahora, sin haber pedido la venia del lector, redactamos un escrito personal, que deja en el tintero lo que acaso se habría podido esperar aquí. Lo hemos hecho, no obstante, movidos por una causa ineludible, que ha emergido en forma de palabras escritas y ha encontrado su destino en esta publicación. Adónde vamos, en realidad, cuando acudimos a un lugar. Las razones visibles discurren por sus órbitas vagabundas en torno al centro de un ser en proceso de arribar al instante fugitivo.
Tal vez, la causa primera de todo lo que pasa en el universo de los sentidos responda a la búsqueda de una belleza sencilla compartida por el prójimo, que nos instruya, como una nube o una rosa, el modo en que todo permanece en el ser, cuando se pierde el deseo de llegar a otro lugar que no sea la comunión con la persona desconocida. Cada año, con sus estaciones, favorece el acercamiento a ese lugar imaginario letraherido.
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