La Plaza Mayor, convertida estos días en coso taurino, acogió una solemne misa al aire libre presidida por el obispo de Ciudad Rodrigo y Salamanca
“Hay tres jueves en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, el día de la Ascensión y el Corpus Christi”. El viejo refrán castellano volvió a cobrar sentido este jueves en La Fuente de San Esteban, donde la celebración del Corpus amaneció bajo un cielo con nubes y un sol generoso que acompañó una jornada llamada ya a ocupar un lugar singular en la memoria colectiva de la localidad.
Por primera vez en su historia, la solemnidad del Corpus no pudo celebrarse en el interior de la iglesia parroquial. El templo permanece cerrado al culto desde el pasado mes de febrero, cuando el desprendimiento de una de sus bóvedas, provocado por las intensas lluvias, obligó a acometer obras de restauración. La circunstancia, extraordinaria y sobrevenida, transformó la Plaza Mayor en espacio litúrgico y convirtió una imagen habitual de las fiestas taurinas en escenario religioso.
Allí, entre las gradas instaladas para los festejos del Corpus, se levantó el altar desde el que el obispo de las diócesis de Ciudad Rodrigo y Salamanca Mons. José Luis Retana presidió la eucaristía, acompañado por una decena de sacerdotes procedentes de distintos arciprestazgos de la diócesis mirobrigense. Entre ellos se encontraba el párroco de la localidad, Anselmo Matilla, protagonista destacado también de estas fiestas tras haber sido designado pregonero y nombrado hijo adoptivo de la villa la noche anterior.
En las primeras filas, junto al altar, ocuparon un lugar destacado los hermanos Sayagués García —Lucinio, Roberto Manuel y Carmen— portando la vara de la mayordomía, símbolo de una tradición profundamente arraigada en la celebración fuenteña del Corpus.
La ceremonia contó asimismo con la presencia de representantes de la Diputación de Salamanca, alcaldes y alcaldesas de la comarca mirobrigense, además de autoridades locales y vecinos que llenaron la plaza para asisitir al acto más solemne de las fiestas.
La singularidad del escenario dejó también imágenes poco habituales. Muchos fieles siguieron la misa desde las gradas del recinto taurino, utilizadas esta vez no para contemplar encierros o festejos, sino para asistir a la celebración litúrgica. Durante el momento de la comunión, el propio párroco y varios sacerdotes tuvieron que ascender por las estructuras metálicas para distribuir la eucaristía entre los asistentes.
Finalizada la misa, el Santísimo recorrió las calles de La Fuente de San Esteban en la tradicional procesión del Corpus, avanzando bajo palio y acompañado por estandartes, cofradías y numerosos vecinos. La comitiva realizó parada en los cuatro altares levantados para la ocasión, donde varias familias presentaron a niños recién nacidos ante la custodia para recibir la bendición. A su alrededor, los niños y niñas que este año han celebrado la Primera Comunión esparcían pétalos de rosa al paso del Sacramento. También a su paso por la residencia de mayores el santísimo pararía para bendecir a sus residentes, componiendo una de las estampas emotivas de la mañana.
La procesión estuvo acompañada por los sones tradicionales y los bailes del grupo de Charros de la localidad, cuya música aportó el aire festivo y popular a una celebración marcada este año por la excepcionalidad y el simbolismo.
Las fiestas del Corpus continuarán hasta el próximo domingo con un amplio programa taurino, musical y gastronómico concebido para todas las edades y públicos.