La Casa Municipal de Cultura acogió el ingreso del historiador y arqueólogo José Luis Francisco en el Centro de Estudios Mirobrigenses, en una sesión dedicada a la memoria de los investigadores de la comarca. La sesión solemne contó con la contestación del historiador José Ignacio Martín Benito.
El historiador y arqueólogo José Luis Francisco ha ingresado en el Centro de Estudios Mirobrigenses con un discurso que repasa la evolución de la investigación arqueológica en la comarca desde el siglo XVII hasta la actualidad. El acto, celebrado en la Casa Municipal de Cultura, rinde homenaje a los investigadores que han rescatado el pasado de la Tierra de Ciudad Rodrigo.
Durante la sesión solemne, el nuevo miembro de la institución académica ha leído su discurso de ingreso, titulado 'Historia de la investigación arqueológica en la Tierra de Ciudad Rodrigo (S. XVII-XXI), un microrrelato de campo con nombres propios'. El acto ha contado con la contestación del también historiador José Ignacio Martín Benito, quien en 1993 pronunció el único discurso previo dedicado a la arqueología en este centro.
En su intervención, Francisco ha dedicado un emocionado recuerdo a figuras clave del centro ya fallecidas, como Feliciano Malmierca, José Ramón Nieto y Ángel Barrios, así como a su familia, destacando el apoyo de su esposa Sonia y de sus hijos en su trayectoria investigadora. El arqueólogo ha definido su trabajo como un tentativo de compensar el olvido de quienes entregaron su tiempo a la ciencia sin recibir nada a cambio.
El recorrido histórico comenzó en el siglo XVII con Antonio Sánchez Cabañas, quien en 1626 finalizó su 'Historia Civitatense', asentando un léxico cultural y geográfico que perdura hasta hoy. Posteriormente, el Catastro de Ensenada (1750-1754) aportó precisión topográfica sobre 'la Ziudad, sus Arrabales y la Socampana', seguido por la cartografía de Tomás López en 1783 y la prosa estadística de Miñano y Pascual Madoz entre 1845 y 1850.
La llegada del siglo XX estuvo marcada por el catálogo monumental de Manuel Gómez-Moreno entre 1901 y 1903, cuyas notas sobre Irueña enseñaron a mirar con método. Poco después, César Morán Bardón transformó la disciplina con sus obras 'Prehistoria de Salamanca' (1926) y 'Excavaciones en los dólmenes de Salamanca' (1931), documentando con exactitud los dólmenes de Pedrotoro, El Valle, Hurtada y Rábida.
El ponente también ha destacado la labor de Serafín Tella, descubridor de la necrópolis de El Valle y El Guijo, y de Juan Cabré, quien en 1930 introdujo el Ídolo de Ciudad Rodrigo y las pizarras de Lerilla en el léxico arqueológico. Estos hallazgos de pizarras numerales fueron estudiados en profundidad por María Luisa Represa Fernández en 1976.
Por su parte, Domingo Sánchez y Sánchez desarrolló entre 1933 y 1934 el primer ejercicio estratigráfico sostenido en Irueña, destacando además como pionero en la antropología forense arqueológica por sus aportaciones en el dolmen de Castro-Enríquez.
La posguerra trajo la sistematización con Joan Maluquer de Motes y la 'Carta Arqueológica de Salamanca' de 1956, que fijó la cronología de yacimientos como Lerilla, La Plaza y los recintos del Abadengo. En 1964, los arqueólogos europeos Vera Leisner y Hermanfrid Schubart establecieron las bases del estudio del megalitismo en la revista Zephyrus, mientras que Ricardo Martín Valls ordenó el territorio con sus prospecciones entre 1966 y 1968.
A mediados de los años ochenta, José Ignacio Martín Benito inició su trayectoria centrada en el Paleolítico Inferior y el Achelense, culminando con su obra de 1994 'Prehistoria y Romanización de la Tierra de Ciudad Rodrigo'. Este impulso coincidió con la creación del Centro de Estudios Mirobrigenses (C.E.M.) en 1991.
Otro hito fundamental se produjo en 1988, cuando Manuel Santonja descubrió el yacimiento de arte rupestre de Siega Verde, declarado Patrimonio Mundial en 2010. A este buque insignia se sumó en 2015 el hallazgo del Arroyo de las Almas por parte de Carlos Vázquez.
En el ámbito de la arqueología preventiva y urbana, Francisco ha ensalzado la figura de María del Mar Gómez Nieto, responsable del control arqueológico en el casco monumental durante los últimos 30 años, con excavaciones destacadas en la Villa de Saelices y los dólmenes de La Casa del Moro, Las Helecheras y Prado Álvaro.
Para el periodo romano y de transición, el discurso ha puesto en valor las investigaciones de Montero Vítores sobre las redes de asentamientos, y los trabajos de Iñaki Martín Viso y Rubén Rubio Díez entre 2012 y 2016 en el yacimiento de La Genestosa.
El propio José Luis Francisco ha contribuido a este mapa arqueológico con el descubrimiento de trece nuevos monumentos megalíticos en el valle del Azaba y el campo de Argañán, así como las estelas de Villasrubias y San Francisco. Asimismo, las investigaciones en la sierra de Camaces, en lugares como las Cuevas de Terralba, el Pozo Airón, el Ocino, los Hoyitos o las Herrerías, han confirmado la existencia de una explotación de oro de época romana.
El conferenciante ha concluido señalando que el primer tercio del siglo XXI ha consolidado la disciplina a través de la gestión y la tecnología, utilizando herramientas como la teledetección y la fotogrametría para proteger y reinterpretar el patrimonio de una comarca que define como un laboratorio excepcional de la historia.