El doctor Pablo Baz repasa su trayectoria y reivindica la importancia de la prevención, la empatía y la cercanía en la Atención Primaria
El 19 de mayo se conmemora el Día Mundial del Médico de Familia, una fecha para destacar la contribución de estos profesionales. En la provincia salmantina, los facultativos sostienen una red asistencial que resuelve nueve de cada diez consultas, combinando una alta capacidad clínica con un profundo conocimiento del entorno del paciente.
Según los datos oficiales de la Gerencia de Atención Primaria de Sacyl, facilitados por el Colegio Oficial de Médicos de Salamanca, un total de 364 médicos de familia trabajan en la provincia. De esta cifra, 169 profesionales ejercen en zonas urbanas, mientras que 194 lo hacen en el medio rural.
Para conocer la realidad de la profesión, este medio ha conversado con Pablo Baz, médico de familia y vocal de Atención Primaria Rural en el Colegio de Médicos. El facultativo ha ejercido mayoritariamente en centros rurales como Béjar o Ciudad Rodrigo. En la actualidad, está destinado en el centro de salud de Villares de la Reina y pasa consulta en las localidades de Aldealengua y Moriscos.
Su camino hasta conseguir la estabilidad no ha sido fácil. A lo largo de su carrera ha realizado sustituciones en centros urbanos, ha pasado por consultas de Pediatría, ha hecho guardias en urgencias y ha trabajado en ambulancias del 112, llegando a ejercer en zonas como Sayago, en la provincia de Zamora.
"Como no había contrato, porque eran de un día, te hacían un montón de contratos seguidos e incluso sin alta continuada, porque te contrataban un día y te descontrataban al día siguiente", recuerda Baz. Tras años de esfuerzo, logró sacar la oposición y concursar para acercarse a su hogar. "Me ha tocado trabajar de todo un poco, hasta llegar a tener mi plaza me ha costado un montón", reconoce, aunque admite que la situación actual ha cambiado porque "antes era mucho más complicado".
Con la perspectiva que le da su experiencia, el doctor destaca el valor humano de su especialidad. "Es un trabajo que es muy gratificante porque tratas con las personas", explica el facultativo, quien subraya que la labor más efectiva es "hacer la prevención en la población y hacer salud pública".
Esta especialidad funciona como el gran muro de contención del sistema sanitario. Tal como detalla el especialista, la Atención Primaria tiene una altísima capacidad resolutiva: "El 90% de los casos que vemos se resuelven y solo un 10% se deriva a un segundo nivel".
El éxito de este modelo radica en el seguimiento continuo. "Tratamos longitudinalmente al paciente. En la consulta lo conocemos desde que nace, crece y hasta que fallece", señala Baz. Este contacto directo genera "un grado de complicidad y de confianza que no te lo da nadie", lo que considera el aspecto más hermoso de la profesión.
El ejercicio de la medicina presenta notables diferencias dependiendo del entorno. En los pueblos, la atención resulta "mucho más gratificante y productiva", ya que permite dedicar más tiempo a cada paciente y conocer a fondo su entorno laboral, familiar y social, a diferencia de la población urbana, que resulta "un poco más impersonal".
En su caso actual, ejerce en una zona que refleja el crecimiento del entorno de la capital. "Salamanca está creciendo a base de las zonas periurbanas, de Santa Marta, Cabrerizos o Villamayor", detalla el médico. Son áreas que mezclan núcleos de gente muy joven con zonas que todavía conservan su esencia rural.
Sin embargo, esta cercanía tiene como contrapartida la enorme dispersión geográfica de la provincia. Los médicos rurales se enfrentan a largos desplazamientos entre consultorios con muy poca población. "El médico muchas veces tiene que ir de un consultorio a otro perdiendo mucho tiempo en la carretera, en medios en los que muchas veces está solo", advierte.
El conocimiento profundo de la esfera clínica y biopsicosocial del paciente otorga al médico de familia una perspectiva única en situaciones críticas. Baz reconoce que existen momentos de gran dureza, como las muertes súbitas o los sucesos trágicos relacionados con la enfermedad mental.
"Tienes que ser bastante frío a la hora de poder acompañar y curar. Son situaciones muy complicadas y dramáticas", reconoce el médico salmantino. Para afrontar esta realidad, los profesionales necesitan una profunda empatía y una gran capacidad de gestión emocional para no llevarse los problemas a casa. "Eso se aprende. Realmente nadie te lo enseña, te formas tú con los años para poder solventar situaciones de todo tipo", añade.
A pesar de la dureza, el agradecimiento de las familias compensa el desgaste. "No solo cuando la evolución de la enfermedad va bien, sino que cuando va mal también es gratificante, porque estás ahí a su lado y ellos perciben con una gratitud tremenda que les acompañes y consueles", afirma Baz.
Para mantener este nivel de implicación, subraya la necesidad de cuidar la salud mental de los facultativos, que presentan tasas de problemas adictivos y suicidios superiores a la media poblacional debido a la sobrecarga asistencial.
Por ello, reclaman una actualización normativa que permita adaptar las condiciones laborales a la nueva demografía médica. "Ahora mismo el perfil de un médico en España es una mujer más joven, que tiene más necesidades en cuanto a permisos por maternidad, y eso hay que adecuarlo para facilitar la conciliación", concluye el especialista, recordando que la vocación debe ir acompañada de un sistema que proteja a quienes lo sustentan.