La localidad del Campo Charro apura las últimas horas de unas celebraciones marcadas por la convivencia, la tradición y el arraigo rural
Las fiestas de San Isidro Labrador comienzan a despedirse en Cabrillas, aunque todavía con el sabor de las grandes reuniones populares que convierten estas fechas en algo más que un simple calendario festivo. Cerca de medio millar de personas compartieron mesa este fin de semana en torno a una multitudinaria paella popular que sirvió como punto de encuentro entre vecinos, familiares y visitantes llegados desde distintos puntos de la comarca.
En una localidad profundamente vinculada al campo y a la ganadería, situada en pleno corazón del Campo Charro, la festividad de San Isidro continúa conservando un marcado carácter identitario. No se trata únicamente de honrar al patrón de los labradores, sino también de reafirmar unos lazos comunitarios que encuentran en estas jornadas de mayo uno de sus momentos más visibles y entrañables del año.
La comida popular se convirtió así en una escena de convivencia pausada y conversación compartida. Bajo las carpas y alrededor de largas mesas, los asistentes aprovecharon para reencontrarse, intercambiar anécdotas de las fiestas y prolongar un ambiente festivo que durante varios días ha llenado Cabrillas de actividad. No faltaron las referencias a los actos religiosos celebrados en honor al santo, ni tampoco a las propuestas taurinas y lúdicas que han completado un programa pensado para distintas generaciones y sensibilidades.
Las peñas, especialmente activas durante todo el fin de semana, han sido también protagonistas de unas celebraciones que han combinado tradición y ocio popular con naturalidad, manteniendo ese carácter cercano que todavía conservan las fiestas de los pequeños municipios salmantinos.
Sin embargo, el cierre definitivo aún tendrá un último capítulo. Será este lunes 18, ya en jornada laborable, cuando Cabrillas despida oficialmente las fiestas con una caldereta popular destinada a quienes permanezcan en el municipio. El precio simbólico de la comida, apenas dos euros, ha sido posible gracias a la colaboración de la Asociación de Cazadores de Cabrillas, que ha sufragado la mayor parte del coste de una cita concebida nuevamente como espacio de reunión vecinal.
De esta manera, Cabrillas pondrá fin a unos días en los que la devoción a San Isidro, la cultura rural y la convivencia cotidiana han vuelto a entrelazarse con la naturalidad de los pueblos que todavía encuentran en sus fiestas patronales una forma de reconocerse a sí mismos.