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Homenaje de El Botón Charro de Miróbriga a Dámaso Ledesma
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Ciudad Rodrigo | Cultura y tradición

Homenaje de El Botón Charro de Miróbriga a Dámaso Ledesma

Publicado 23/04/2026 13:52

El ilustre musicólogo es recordado por esta Asociación vinculada a la música tradicional cada 23 de abril

La asociación El Botón Charro de Miróbriga ha reanudado este jueves una de sus tradiciones más arraigadas: el homenaje anual al insigne musicólogo y etnógrafo mirobrigense Dámaso Ledesma, figura esencial en la preservación del acervo folklórico de la comarca. La cita, que cada 23 de abril coincide con la conmemoración del Día de Castilla y León, recuperó su pulso tras un año de interrupción motivada por circunstancias personales en el seno de la asociación.

La jornada comenzó con una eucaristía celebrada en la iglesia de Iglesia de San Pedro y San Isidoro. Ofició la ceremonia el sacerdote Ángel Martín Carballo, quien, en los compases finales, apeló a la necesidad de preservar “lo nuestro”: tradiciones, folklore y modos de vida que, en su fragilidad, constituyen la sustancia misma de la identidad colectiva. Sus palabras, sobrias y firmes, encontraron eco en una asamblea que guardó un silencio denso y respetuoso durante la consagración, acompañada por los acordes del himno nacional.

Finalizada la celebración, el rito dio paso a la imagen: una fotografía de familia en las escalinatas del altar reunió a los integrantes de la asociación, al propio oficiante y a representantes de la corporación municipal, encabezados por el alcalde Marcos Iglesias, junto a su teniente de alcalde, Ramón Sastre, y la delegada de ferias culturales, mayores y participación ciudadana, Ana María Castaño. A su alrededor, una parva de vecinos de Ciudad Rodrigo y Francisco Ledesma, uno de los descendientes familiares del musicólogo, daban testimonio de la continuidad de un legado que no necesita estridencias.

Desde el templo, la comitiva emprendió el habitual pasacalles hasta la Plazuela Dámaso Ledesma, conocida también como "Plaza de los Huevos", reminiscencia de un pasado mercantil que aún resuena en la toponimia popular. Allí, bajo la mirada serena del busto dedicado a Ledesma, los participantes fueron depositando flores en un gesto sencillo, casi íntimo, que, sin embargo, condensa la gratitud de toda una comunidad.

El acto derivó finalmente hacia su vertiente más celebratoria. La música —esa materia invisible que Ledesma se empeñó en fijar y dignificar— volvió a ocupar el espacio público en forma de bailes tradicionales. Entre vinos y pastas compartidos sin ceremonia, vecinos y visitantes —algunos llegados por azar— se integraron en una escena que, lejos de la nostalgia, reivindica la vigencia de lo heredado cuando es vivido con naturalidad.