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Emoción y vértigo sobre el Águeda: una mañana de puenting en el Risco de Martiago
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Ciudad Rodrigo | Deporte

Emoción y vértigo sobre el Águeda: una mañana de puenting en el Risco de Martiago

Publicado 12/04/2026 18:23

Un nutrido grupo de jóvenes han tenido la oportunidad de disfrutar del puenting en una actividad organizada por la concejalía de juventud en el puente del Risco de Martiago

Un nutrido grupo de jóvenes mirobrigenses ha tenido la oportunidad de asomarse al vértigo —y, con él, a una forma singular de celebración del ocio— en una jornada de puenting organizada por la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo. El escenario elegido no podía resultar más elocuente: el antiguo puente del Risco de Martiago, suspendido sobre las aguas del Río Águeda, cuya sobria arquitectura de mediados del siglo XX, hoy en desuso desde finales de 2019, ofrecía el contrapunto perfecto entre memoria y presente.

La actividad, desarrollada en la mañana de este domingo, conjugó deporte, naturaleza y una dosis controlada de riesgo, siempre bajo la supervisión de la empresa local Turismo Activa y con la colaboración de la Diputación de Salamanca y el Ayuntamineto de Ciuad Rodrigo. No se trataba únicamente de lanzarse al vacío, sino de experimentar, en condiciones de plena seguridad, esa fugaz suspensión del tiempo que precede al rebote, cuando la gravedad y la voluntad parecen dirimir, por un instante, su pulso.

Desde una altura aproximada de quince metros, los participantes practicaron la caída libre sujetos a una cuerda elástica, en una sucesión de saltos que alternaban expectación y júbilo. La mañana, luminosa y serena, contribuyó a enmarcar la experiencia con una claridad casi simbólica: el rumor constante del río y la quietud del entorno contrastaban con la intensidad de cada salto, convirtiendo el enclave en un pequeño teatro del coraje juvenil.

La jornada contó, además, con la participación de la concejala delegada de Juventud, Ana María Castaño, quien no dudó en sumarse a la actividad, compartiendo con los asistentes no solo la organización, sino también la vivencia directa de una experiencia que, más allá de su componente lúdico, refuerza el vínculo entre los jóvenes y su entorno.

Iniciativas como esta, donde el patrimonio se convierte en espacio de encuentro y el deporte en vehículo de convivencia, revelan una forma contemporánea de habitar el territorio: aquella en la que la emoción no está reñida con la responsabilidad, ni la tradición con las nuevas maneras de mirar —y de lanzarse— al mundo.