La operación terrorista llamada Rügen (Reprimenda), diseñada por militares franquistas españoles, nazis alemanes y fascistas italianos, destinada a provocar el terror en el bando republicano mediante el asesinato indiscriminado de ciudadanos, se ejecutó en la tarde del 26 de abril de 1937 por bombarderos de la Legión Cóndor alemana y de la Aviación Legionaria italiana, que combatían en la guerra civil española a favor del bando fascista sublevado contra la República, sumiendo a la ciudad vizcaína de Guernica en la destrucción, el terror y la muerte, al bombardearla durante más de tres horas con bombas explosivas e incendiarias que causaron miles de muertos y heridos entre una población totalmente civil.
Pablo Picasso, por encargo del gobierno de la Segunda República Española, inspirada en ese crimen realizó una obra maestra absoluta, el cuadro Guernica, cuya existencia, contemplación, análisis y cualquier otra aproximación a una obra deslumbrante, hipnótica y fascinante, provoca irrefrenable emoción en cualquier sensibilidad.
La actual polémica entre el gobierno español y el autonómico de Euskadi sobre el traslado del cuadro Guernica al Museo Guggenheim de Bilbao para ser expuesto en el nonagésimo aniversario de la tragedia de Guernica, ha puesto bajo el foco de la actualidad más que la memoria, más que el recuerdo o el tributo de una efeméride, la imagen pura, clara, directa y viva de una obra maestra, Guernica.
Solo imaginarla en las imponentes salas del Guggenheim, junto a los sobrecogedores muros de La materia del tiempo, de Richard Serra, la Crucifixión de Saura o El abrazo, de Chillida, bastaría para apoyar ese traslado de la obra del genio malagueño. Pensar, sin embargo, que moverla, manipularla, transportarla, instalarla y desinstalarla podría causarle desgarros, desprendimientos, grietas o perjuicios varios, eliminan, y así lo certifican los expertos, cualquier deseo de cambiar su actual emplazamiento, el Museo Nacional Reina Sofía, de Madrid, donde, por otra parte, tan bien abrigada se encuentra junto a La Verbena, de Maruja Mallo, El Gran Masturbador, de Dalí o las obras maestras de Juan Gris, Joan Miró o las hipnosis permanentes de Vasilii Kandinsky. No serán, pues, estas líneas las que se decanten por una de las dos opciones, aunque vuelvan a lamentar la sucia politización que hace la reacción española de un tema de carácter artístico, cultural y ético, utilizando sin rubor una obra capital en la Historia del Arte.
Guernica ha sido analizado desde múltiples puntos de vista artísticos, sociológicos y políticos. También la Literatura ha puesto sus ojos en los interminables argumentos y provocaciones artísticas reales y simbólicas que el cuadro brinda en sí mismo, en sus partes y en el sentido y el significado de su misma existencia: poemas de Blas de Otero, Paul Eluard o José Ángel Valente, entre otros, han homenajeado la obra. Desde aquí, con el asombro intacto y la humildad por bandera, en el rumor de una polémica que ha hecho reemerger a la evocación la gran obra de Picasso, me atrevo a transcribir, en homenaje a todo lo que abarca y sigue abarcando Guernica, un poema prendido en la lágrima de mirarlo que escribí en 2002, incluido en mi libro Galería XX:
“LA INFAMIA.
Pablo Picasso. Guernica. 1937. Óleo sobre lienzo, Museo Nacional Reina Sofía, Madrid.
Serpiente fría sobre tu lengua
al calor sin embargo de los cuerpos que gritan
toma en brazos la duda tu sinrazón y a voces
te propone la casa y el silencio
infamia que sumerge a los dormidos
pálida mariposa que venera en el llanto
la prisión que revienta en el centro de nada
donde encierras latidos y las torres
de toda la lealtad
oscura y cruda infamia en abismos de noche
torva la luz en gris Picasso pinta
la muerte grande en boca de un centauro
y un inmenso escalón lleno de miedo
y de desolación
humana infamia detrás de cada puerta
herida blanca aquí
quinqué encendido que busca entre las llamas algún hombre
que conjure en la noche la pulsión de las bombas
los destellos de luz y los caballos
ruidosa infamia paisaje de sonámbulos
porque abrasa palomas tu miseria
íntima muerte en venta sin embargo a qué precio
que tus aromas vienen a encender las bombillas del dolor
y el grito inmenso del fantasma transido por diciembre
huye presto a través de los trazos de vida
que van quedando atrás
reseca infamia repleta de sedientos
hedionda casa en que la astilla tiene un destino de bala
y un mugido alas sucias de locura
y las ventanas odres de ceniza
infamia lenta
perdura en los andrajos del aliento
una blancura que no es nieve ni aurora ni bandera
una primera luz que unge los rostros
y arracima paredes en los ojos
manchada estás, aleve y puta muerte,
de tantos dedos tantos, tantos labios
que no podrás dormir.”
ÁNGEL GONZÁLEZ QUESADA, ‘La infamia – Guernica’, en Galería XX. Ayto. Las Palmas de Gran Canaria, ed. Pérez Galdós, S.L.U. 2002.
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