Con más de 500 años de historia, Nª Sª da Lapa es el segundo santuario más visitado de Portugal
Una virgen pequeña delante de un promontorio rocoso es capaz de atraer el cariño de todo un pueblo y alimentar su fe. Dicen que quien pasa entre la hendidura de esta roca es una persona limpia de pecado. La grieta es tan estrecha, la oquedad tan oscura y la humedad tan perceptible que quien atraviese esta angosta fisura y rodee la gruta lo que es, desde luego, es una persona delgada y, además, curiosa.
También dicen que la imagen de la virgen fue colocada aquí a finales del siglo X por unas monjas que huían del ejército de Almanzor. Y que así permaneció, en el interior de la roca, hasta 1493, cuando fue descubierta por la pequeña Joana y adquirió fama de milagrera.
Llegamos a un santuario que es uno de los más visitados de Portugal, que tiene el poder de convocar la mayor peregrinación de devotos marianos, solo por detrás de Fátima. Un templo de un barroco revestido de austeridad, rodeado de rocas y con una bien grande en su interior. La vieira amarilla de los Caminos de Santiago nos da la bienvenida, hemos seguido el Camino de Torres Villarroel desde Salamanca y aquí estamos, en un pueblo pétreo en lo alto de una montaña, en Nuestra Señora da Lapa, en el corazón de la Beira Alta portuguesa.
Lapa es un pequeño pueblo en la cima de la sierra del mismo nombre, perteneciente al concejo de Sernancelhe. La Serra da Lapa alcanza aquí su altitud máxima, 955 metros.
Por estas tierras al sur del Duero pelearon duramente los lusitanos contra los romanos. La romanización se impuso y favoreció el desarrollo agrícola de la región. Aún hoy, estas tierras altas de la Beira son predominantemente agropecuarias, muy beneficiadas por las obras de aprovechamiento hídrico, como el pantano del Távora.
En el año 1124 Sernancelhe obtuvo carta de fuero, 18 años antes del nacimiento de Portugal como nación (1140). Ello habla de su influencia en la portugalidad, pues ya desde los tiempos de la Reconquista cristiana se estructuró como condado, uno de los más importantes de la orilla izquierda del Duero.
Era un día más para Joana, muda de nacimiento. La niña, de 12 años, cuidaba de su rebaño, que pastaba por entre los riscos de la sierra, cuando descubrió un pequeño objeto tras pasar por la hendidura de una gran piedra (lapa). Se trataba de una imagen de la Virgen, con las ropas deterioradas por el paso del tiempo.
Feliz por el hallazgo del tesoro, buscó unas flores y levantó un sencillo altar, ante el cual poder orar. Un día, llevó la figura para casa con la intención de coserle un vestido nuevo. Al ser descubierta por su madre, recibió una reprimenda por perder el tiempo cosiendo vestidos para las muñecas, con la cantidad de trabajo que había... Creyendo que se trataba de un juguete, la madre tiró la imagen de la Virgen al fuego de la chimenea. En ese momento, Joana pronunció unas palabras para detener a su madre que, atónita, escuchó por vez primera la voz de su hija. La imagen no se quemó, pero la madre de Joana quedó paralizada del brazo con el que había arrojado la Virgen.
Ambas comenzaron a rezar, recuperando la madre el movimiento y la hija continuando con el habla. Pusieron en conocimiento del párroco la historia y éste decidió que la Virgen da Lapa debía ser venerada en la iglesia del pueblo. Pero la imagen desaparecía una y otra vez, volviendo a la Serra da Lapa.
Como en casi todas las revelaciones marianas, la metáfora donde se combinan inocentes pastores y Naturaleza está presente también en la leyenda de la Virgen da Lapa.
Esto aconteció en el año 1493, después llegó la Compañía de Jesús.
Ya en aquel momento, se levantó una pequeña capilla en el lugar donde Joana aseguró haber encontrado la Virgen, justo alrededor de la roca o lapa.
El milagro de la niña muda se extendió por la región y desde la consagración del templo original en 1498, la capilla de Nuestra Señora da Lapa se convirtió en un lugar de fe al que llegaban peregrinos de todos los rincones de la Beira y, más tarde, de todo el país.
Su cuidado fue encomendado a los jesuitas, que además de construir un templo mayor, edificaron un seminario contiguo que aún hoy se mantiene, ahora como albergue de peregrinos. En 1653 la basílica fue concluida tal y como hoy la conocemos. El estilo barroco se percibe de forma evidente en la Capilla del Santísimo Sacramento.
Cada año se organizan tres grandes romerías a Nª Sª da Lapa: el 10 de junio, el 15 de agosto (su fiesta) y el primer domingo de septiembre, precedidas de novenas.
El Papa Pablo V en el año 1612 emitió una indulgencia plenaria destinada a quienes visitaran este templo y en él se confesasen y comulgasen en alguna de las grandes festividades marianas: el día de la Anunciación (25 de marzo), el día de la Asunción (15 de agosto) y el del Nacimiento de la Virgen (8 de septiembre).
La tradición manda que hay que pasar por la fisura de la roca y rodearla. Dicen que todo el mundo puede lograrlo salvo quien sea portador de un pecado grave.
La parte trasera del altar también es visitable. Aquí se aprecia con nitidez la cualidad granítica del lugar, pues caminamos entre las rocas que afloran del suelo, encontrando profusa documentación sobre la historia milenaria y espiritual del paraje. Al final del recorrido, nos deparamos con un cocodrilo que aquí llaman “el lagarto”, donado por un devoto de Nª Sª da Lapa, de cuya dentadura se zafó durante un viaje a la India.
Antes de la construcción del Santuario de Fátima a mediados del siglo XX, el de Nuestra Señora da Lapa era el más visitado de Portugal.
En el pueblo hay varios negocios de restauración y alojamiento rural, así como tiendas donde encontrar productos locales, artesanía y artículos religiosos.
Entre todos, destacan el pan y los quesos. El denominado ‘Pão Alvo da Lapa’ (pan blanco de Lapa) tiene fama de ser un pan de muy buena calidad y la harina blanca con que se elabora lo hacía especial en un tiempo en que el pan blanco era artículo de lujo. Hay una panadería a la entrada del pueblo donde además fabrican la ‘Bola de Carne’, la ‘Bola de Peixe’ y dulces típicos.
El ‘Queijo Artesanal da Lapa’ también es célebre. Lo vemos en las tiendas que encontramos antes de llegar al santuario, pero también en los bares y restaurantes, donde se puede probar otra especialidad local: las anguilas.
Todo el concejo está impregnado por la identidad del río Távora, embalsado en una zona con playa fluvial y embarcadero para la práctica de deportes náuticos, que es posible recorrer en todo su perímetro siguiendo los ‘Passadiços do Távora’.
De Sernancelhe se dice que es tierra de monasterios y de castañas. El clero dejó valiosos edificios, como el de Nª Sª do Carmo, en la aldea de Freixinho), hoy convertido en hotel; o el de Nª Sª da Assunção, en Tabosa.
Por las carreteras del concejo encontramos constantemente ‘alminhas’ y cruzeiros. También un paisaje poblado de castaños, que lo convierten en uno de los mayores productores de castaña del país, con una variedad con denominación de origen.
Aunque Sernancelhe pertenece administrativamente al distrito de Viseu, en la Beira Alta, la zona norte de su territorio es ya un tránsito a la región Douro. Por ello, el Santuario de Nossa Senhora da Lapa es uno de los puntos donde sellar nuestro Pasaporte Douro.
Aquilino Ribeiro, afamado escritor portugués, nació en una de estas aldeas. En su obra están muy presentes personajes y costumbres locales, pero, sobre todo, el medio natural, en una tierra salvaje donde los “lobos aúllan”.