Caro completa su trilogía sobre la identidad de El Abadengo con 'Histerias de la Raya', una obra que mezcla ficción y realidad histórica. La novela recorre tradiciones y paisajes de la comarca, conectando el presente con el pasado templario
Hay quienes escriben para vender y quienes escriben para no olvidar. Francisco Caro pertenece, sin duda, a la segunda estirpe. En las tierras del oeste, donde el paisaje se vuelve abrupto y el Duero marca una cicatriz líquida entre dos naciones, la memoria tiende a ser tan frágil como necesaria. Por ello, este cronista accidental ha dedicado los últimos dos años a levantar un monumento de papel a la identidad de El Abadengo. Su última piedra angular lleva por título Histerias de la Raya, una obra que llega a las manos de los lectores apenas medio año después de su anterior trabajo, cerrando un círculo virtuoso que comenzó con el hierro del ferrocarril y continuó con las piedras de los vetones.
No se trata de un tratado académico, ni falta que le hace. Caro ha preferido el sendero de la narrativa para explicar lo que somos. Si en agosto de 2024 nos subió al tren de la nostalgia con Carbonilla, la vía del abuelo, recordando la titánica obra del Conde de Lumbrales, y un año después nos sumergió en el misterio prerromano con Kalíope, la musa del castro, para dar a conocer el castro de Las Merchanas, ahora nos invita a sentarnos al calor de la lumbre para escuchar cuentos de la frontera. El autor confiesa que esta trilogía no nace de una ambición comercial, sino de una necesidad vital de ordenar el conocimiento acumulado durante décadas, de aclararse a sí mismo el porqué de las cosas y, de paso, dejar constancia de un legado que corre el riesgo de desvanecerse en el olvido.
Para entender la profundidad de esta obra hay que mirar a quien camina al lado del autor, aunque sea en el recuerdo. Francisco Caro no es un historiador de archivo, sino un paseante de caminos que aprendió a leer el terreno de la mano de su esposa, la periodista Ester Corredera. Durante más de treinta años, al rebufo de su incansable labor informativa, Caro fue absorbiendo la esencia de cada fiesta, de cada rito y de cada silencio de la comarca. Esa vivencia compartida es el sustrato fértil del que ahora brotan estas páginas, escritas con la tinta del cariño y la admiración por una tierra que siente propia.
En Histerias de la Raya, la realidad se disfraza de novela. La trama arranca con la excusa de un joven periodista becario que viaja desde la redacción de un gran diario en Madrid hasta el corazón de El Abadengo, persiguiendo la noticia de una supuesta visita del Duque de Alba. A través de los ojos de este foráneo y de la sabiduría de su abuela —un guiño cómplice a la figura de la corresponsal local que pisa la tierra—, el lector va desgranando las capas de la historia. El relato fluye en dos tiempos, entrelazando la actualidad con los ecos medievales de los siglos XIII y XIV, personificados en la figura de Fray Bartolomé de Casasola, aquel comendador templario que da nombre y origen a la comarca.
El título de la obra es toda una declaración de intenciones. Al elegir la palabra histerias frente a la solemnidad de la historia, Caro se permite la licencia de la ironía y el humor. Es su forma de observar con ternura esas tradiciones que perviven en el tiempo, a veces por pura inercia, repetidas por generaciones que han olvidado el origen del rito pero mantienen intacta la fe en la costumbre. Así, sin necesidad de enumeraciones frías, el texto nos lleva de la mano por la solemnidad de El Noveno en San Felices de los Gallegos, nos hace sentir el calor de las hogueras de San Sebastián en Sobradillo y en La Fregeneda, y nos marca el paso en el baile de la bandera de Hinojosa de Duero.
La portada del libro, ilustrada con las evocadoras ruinas de la ermita de San Leonardo, sirve de pórtico a este viaje literario que también se detiene en joyas patrimoniales como el convento de Santa Marina en Sobradillo. Son escenarios mágicos que el autor reivindica no solo como decorado, sino como protagonistas de una identidad compartida. Fiel a su filosofía de escribir por el puro placer de contar, la obra se mantendrá alejada de los grandes circuitos comerciales, refugiándose en la cercanía de la tienda de Infotur en Lumbrales y, para los capitalinos, en la librería de la plaza de Anaya en Salamanca a partir del viernes 26 de febrero.
Con este libro, Francisco Caro nos regala algo más valioso que una simple novela; nos ofrece un espejo donde mirarnos, recordándonos que lo nuestro, por peculiar que parezca, merece ser contado, leído y, sobre todo, preservado.
