Un inicio reivindicativo, una capea con altibajos y un desencierro no exento de dificultades ponen el punto final a la mañana taurina del Carnaval.
Tras el encierro y una vez concluida la espera en la plaza, dio comienzo la capea. El inicio estuvo marcado por un momento reivindicativo, cuando los maletillas realizaron un paseíllo por el coso portando un cartel con el lema “Pedimos respeto y mismos tiempos”, en referencia al prolongado desacuerdo que mantienen con los recortadores. Un gesto que fue recibido con opiniones divididas entre el público, aunque ambas partes continúan intentando entenderse y mantener la convivencia en el ruedo.
La tensión inicial se rebajó con un gesto simbólico de respeto. Durante el cambio de toro se realizó la entrega del premio al mejor maletilla del Carnaval del Toro 2026, se produjo un apretón de manos entre un maletilla y un recortador. El galardón «Conrado Abad» recayó en Javier Ramírez, natural de Madrigal de la Vera, reconocimiento otorgado por la asociación Carnavaldeltoro.es, que le hizo entrega del correspondiente diploma.
En cuanto al desarrollo de la capea, resultó en líneas generales tranquila. Los toros no ofrecieron el juego ni la energía esperados, lo que provocó cierta desilusión entre los asistentes. Sin embargo, el último ejemplar de la mañana fue el más destacado, permitiendo momentos de mayor lucimiento y dejando finalmente un mejor sabor de boca en el público.
Los maletillas, que fueron quienes dispusieron de más tiempo en el ruedo, protagonizaron algunos pases vistosos con el capote, logrando arrancar aplausos desde los tendidos. Por su parte, los recortadores tuvieron menos opciones ante la falta de acometividad de los astados, aunque en el último toro pudieron lucirse con quiebros y recortes que animaron el ambiente.
La capea concluyó con una sensación agridulce: por un lado, por el persistente desencuentro entre maletillas y recortadores, llamados a entenderse por el bien del espectáculo y del público; y por otro, por el escaso juego ofrecido por los toros durante buena parte de la mañana.
A continuación, se celebró el tradicional desencierro matinal. Dos toros fueron conducidos hacia los corrales acompañados por los bueyes, aunque la maniobra no resultó sencilla. En un primer momento, los bueyes abandonaron la plaza, pero los toros no los siguieron, obligando a volver a atraerlos a la plaza y repetir la operación hasta lograr su salida definitiva. Con el toque de campana que marcó el final del recorrido, concluyeron los actos taurinos de la mañana.