Un total de 42 espacios se repartirán entre la Plaza del Buen Alcalde y el Paseo Fernando Arrabal
Ciudad Rodrigo empieza a descontar los días que la separan de su cita más esperada. El Carnaval del Toro ya se anuncia sin estridencias, pero con señales inequívocas: basta asomarse a la Plaza Mayor para encontrar las primeras barreras que formarán el efímero coso taurino y confirmar que la ciudad ha entrado en ese tiempo previo, casi ceremonial, en el que todo comienza a ordenarse en torno a la fiesta.
Pero el Carnaval no se prepara solo con madera y hierro. Se construye, sobre todo, con manos y con ánimo. Este sábado, Ciudad Rodrigo ofrecía una estampa reconocible y entrañable: calles tomadas por camiones y furgonetas, cuadrillas de jóvenes y veteranos cargando herramientas, midiendo espacios, ajustando piezas. Un trasiego constante animado por una ilusión compartida que no necesita explicación.
La razón de este movimiento colectivo no era otra que la instalación de las casetas de Carnaval, auténticos núcleos de convivencia durante los días grandes. En ellas se comerá y se beberá, sí, pero sobre todo se conversará, se celebrará y, llegado el caso, también se digerirán las inevitables decepciones que toda fiesta intensa arrastra consigo. Son lugares donde el Carnaval se vive puertas adentro, al calor del grupo.
En total serán 42 las casetas que se distribuirán entre la Plaza del Buen Alcalde y el Paseo Fernando Arrabal. Las primeras en levantarse fueron las de la Plaza del Buen Alcalde, que madrugó en el inicio de los trabajos. Las del Paseo Fernando Arrabal tuvieron que esperar a la tarde, condicionadas por la presencia del mercadillo ambulante durante la mañana.
No hay prisa excesiva. El calendario concede margen hasta la llegada del jueves de casetas, fecha en la que todo deberá estar dispuesto y afianzado: mesas firmes, fogones listos, despensas bien provistas y bebidas a la altura de la ocasión. El objetivo es claro: llegar al martes de Carnaval sin que falte nada.
Y, como contrapunto necesario a la fiesta, también está fijado el final. El domingo 22 de febrero marcará el momento de recoger, desmontar y devolver a estos espacios emblemáticos su fisonomía habitual, para que la ciudad recupere intacto su esplendor arquitectónico y monumental, como si nada hubiera ocurrido… hasta el próximo año.
Aquí puede consultarse la adjudicación y ubicación de cada caseta.