La jornada estuvo marcada por anécdotas, como la negativa del burro 'Maduro' a seguir el recorrido habitual, lo que obligó a los jóvenes a improvisar un nuevo itinerario para romper la última de las cinco cántaras
La tradición se ha impuesto a los elementos en Vitigudino. Los Quintos 2026 han demostrado un tesón inquebrantable para mantener viva una de las celebraciones más queridas de la localidad, superando tanto las adversidades meteorológicas como las anécdotas imprevistas que han marcado la jornada de este sábado. Una treintena de jóvenes, en esta ocasión conformada mayoritariamente por chicos, ha protagonizado un fin de semana festivo que confirma la buena salud del relevo generacional en Vitigudino.
La determinación de los Quintos 2026 quedó patente ya durante la noche del viernes. A pesar del fuerte temporal de lluvia y viento que azotó la comarca, los jóvenes lograron su objetivo y, contra todo pronóstico, consiguieron prender la tradicional hoguera, cumpliendo así con el rito del fuego que marca el inicio de los actos grandes, tras haber recorrido las calles con el sonoro pasacalles.
Tras la intensidad de la noche, la actividad se trasladó este sábado por la tarde a la calle Caño, escenario habitual de la rotura de cántaras. A lomos del burro 'Maduro', los quintos se enfrentaron al desafío de romper las cántaras mientras esquivaban los lanzamientos de huevos desde ambos lados de la cuerda, en una suerte de justa que divirtió a pequeños y mayores.
El evento dejó este año imágenes inusuales. Una de las anécdotas más comentadas se produjo con la rotura de la primera de las cinco cántaras. A diferencia de lo que es costumbre, cuando los caramelos que contenía la vasija cayeron al suelo, los niños no corrieron a recogerlos, dejando una estampa curiosa y poco habitual en este tipo de festejos donde los más pequeños suelen ser protagonistas de esta 'recolección'. Los niños no corren ya a coger los caramelos de los quintos, un hecho para la reflexión.
El otro gran protagonista de la jornada fue 'Maduro'. El animal, a medida que avanzaba el evento, se mostró cada vez más reticente a cruzar bajo la cuerda debido a la intensa lluvia de huevos que recibía. La situación llegó a tal punto que, para la rotura de la última cántara, los quintos se vieron obligados a improvisar y modificar el itinerario. Finalmente, tuvieron que realizar un recorrido nuevo, entrando a la calle Caño desde el parque de Santiago Martín, en lugar de hacerlo en el sentido contrario como se había desarrollado hasta ese momento.
Una vez superado el desafío y con todas las cántaras rotas, los quintos encendieron una sonada traca que puso el punto final al evento, aunque la fiesta continuó posteriormente en la zona de las Cuatro Calles, manteniendo el ambiente festivo antes de la cena de despedida prevista para esta noche en el Asador Tino.