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OPINIóN
Actualizado 11/09/2021
Ángel González Quesada

Presentado por el gobierno para su tramitación parlamentaria el Anteproyecto de Ley de Convivencia Universitaria, destinada principalmente a tratar de eliminar los comportamientos salvajes que vienen produciéndose en los campus por grupos de descerebrados cada día más parecidos, o parte de, las criminales bandas homófobas, xenófobas y fascistoides que degradan la convivencia, y perdido en el articulado de esa Ley, casi de puntillas, un rasgo de racionalidad: por fin se califica como falta muy grave "plagiar total o parcialmente una obra (...) en la elaboración del Trabajo de Fin de Grado, el Trabajo de Fin de Máster o la Tesis Doctoral"

Más allá de la utilidad administrativa de la condena y sanción del plagio en trabajos universitarios, conforta leer en un texto legal, y más en el ámbito académico, el reproche, la reprensión y la condena del plagio, una práctica que abunda en este país en aspectos culturales de todo tipo, desde el universitario al artístico en sus variantes de cine, teatro, narrativa literaria, ensayo, poesía, artes plásticas, etc., y que es tolerado socialmente con una abulia e indiferencia tales, que alimentan y dan alas a la infinidad de parásitos, copiones, imitadores, falsificadores y fusileros que pueblan la cultura española, y que convierten la creación artística, el mérito investigador y el esfuerzo y dedicación de estudiosos, pensadores, artistas y creadores, en escarpado territorio para el reconocimiento de la autenticidad, y en un páramo minado de copiones donde el talento creador viene a mezclarse y ser considerado en igualdad, cuando no inferior o eclipsado por la pueril imitación, el mal remedo, la falsificación, el parasitismo, la copia mezquina o el plagio.

Homenajes, tributos, efemérides, aniversarios, recreaciones, versiones, revisiones, intertextualidades, recuperaciones y otras denominaciones de noble origen, vienen sin embargo ocultando el descarado plagio, la insultante copia, la abstrusa manipulación o la descarada apropiación de la obra ajena en escenarios, editoriales, pantallas o museos. Paradójicamente, en lugar de concitar el menosprecio y la denuncia logran, en el páramo de bocas abiertas, colorín y propaganda en que se está convirtiendo la demanda cultural, promocionar a los autores de semejantes fraudes con dobles raciones de popularidad, presencia o difusión basadas en, precisamente, la exhibición de un robo.

Habrá que apuntar aquí que la influencia, el ejemplo o incluso el leal seguimiento de obras y/o creadores talentosos, geniales o innovadores, es característica también del genio creador, y apoyarse, aprender, beber de fuentes por otros descubiertas o ser limpiamente influenciado por quienes precedieron, no resta un ápice de talento y mérito al artista creador. Otra cosa es el aprovechamiento y utilización, literal o subrepticiamente, descarada o simuladamente, mezquina o hipócritamente, de ideas, hallazgos, invenciones, esfuerzos, trabajo, tenacidad o aplicación de creadores, o hacerse amoralmente con partes de una obra ajena, atribuyéndose la autoría completa de algo en absoluto creativo.

Ctrl+C y Ctrl+V, "copiar y pegar", es la combinación de teclas y la expresión que, referida expresamente a esa acción en documentos electrónicos o digitales, se ha extendido a otras muchas acciones de desmenuzamiento, manipulación, tergiversación y finalmente "aprovechamiento" indigno de la obra ajena, es decir, plagio. Y aunque las leyes que protegen la propiedad intelectual estén plenamente en vigor y se amplíe ahora esa protección en la futura Ley de Convivencia Universitaria, no sobrarían, o mejor, serían necesarias unas más exigentes conciencia y capacidad crítica sociales, que, al modo de la nueva ley para los trabajos académicos, denunciasen y rechazasen cualquier producto artístico, realización cultural, discurso, programa, proyecto o máscara conseguidos por medio del robo.

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