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Seña de identidad
REPRESENTACIÓN TEATRAL

Seña de identidad

COMARCA
Actualizado 21/05/2018

LA ENCINA | El grupo de teatro 'Lazarillo de Tormes' representó el domingo 'Teresa, la Jardinera de la Luz' por 191ª vez

Hay un pueblo en medio del Campo Charro, adscrito a la Comarca de Ciudad Rodrigo, y que en su origen fue una simple dehesa dependiente de otro pueblo. Sus orígenes pues, no son tan ancestrales como los de otros que lo rodean; probablemente se remonten a la época Moderna. Sin embargo en su escudo aparece aquello que lo identifica plenamente: una encina, árbol rey de las dehesas circundantes, y parte de los símbolos del escudo de Ciudad Rodrigo, a cuyo partido judicial pertenece. Reconocimiento pues a lo que te significa y de lo que formas parte, sin perder por ello el mérito de haber ganado tu identidad a través del Tiempo.

La Encina que en sus orígenes perteneció a Pastores, localidad vecina de la que tan sólo era una finca, ahora, con una población que ha ido incrementándose a lo largo del tiempo, y orgullosa de la actividad agrícola y ganadera que lo sustenta, es claro ejemplo de lucha por su identidad, buena convivencia y agradecimiento al medio que proporciona su modo de vida y organización de ésta en comunidad. Y allí arribó el grupo de teatro 'Lazarillo de Tormes', orgulloso también de poder llevar su obra "Teresa, la jardinera de la luz", y comprometido con la Diputación de Salamanca, para que durante todo este año, esto sea así para el mayor número posible de pueblos. Si ha calado tanto en todo el público que ha disfrutado de este montaje, es sin duda, no sólo por la calidad del trabajo y la sencillez a la vez que profundidad de su guión, sino porque la originalidad de su puesta en escena, en el altar de cualquier iglesia, escenario natural totalmente adecuado, ha permitido que cada rincón a donde ha llegado pudiera ofrecer este espacio necesario.

Seña de identidad   | Imagen 1Acostumbrados a ver la imagen de Teresa de Jesús, monja carmelita del XVI, con su hábito de estameña, su libro y pluma en las manos y tan solo unas sandalias que tantos caminos pisaran, nunca hubiéramos supuesto que esa imagen subida en peanas de recintos religiosos, pudiera decir tanto de lo que su vida significó. Sin embargo "Teresa, la jardinera de la luz" ha sabido hacer una traducción exacta y breve de lo que toda esa simbología encierra, y que no es más que una mujer luchadora, resistente, que se separó de la comunidad religiosa en la que profesara para darle un nuevo aire de autenticidad, y que no sólo lo vivió con intensidad, sino que gracias a su brillante intelectualidad lo transmitió a sus semejantes. Su prolífica pluma plasmó su corazón, alma y recorrido vital con tanta espontaneidad como su carácter reflejaba.

Este es el escudo identificativo de una Teresa que 'Lazarillo de Tormes' nos entrega y acerca convertida en el ser humano de carne y hueso que fue. Una pequeña iglesia de piedra, en medio de la Plaza de un pequeño, pero auténtico pueblo como lo es La Encina, abrió sus puertas en pleno mes de mayo, durante sus fiestas patronales de san Pedro Celestino, para asistir al regalo de la recreación de la identidad de una monja redescubierta. Las actrices de este grupo teatral, luciendo hábitos idénticos a los que ella vistiera, son como esas encinas que enriquecen la dehesa, todas iguales, todas diferentes, pero que pueden simbolizarse en una sola. Oyendo sus palabras, declamaciones líricas, narración de sus peripecias vitales, sus llantos y risas, entendemos lo que la fuerza e ideas de su maestra consiguieron en ellas. El púlpito en el que un hombre se ha subido para representar a la Inquisición, pierde el poder de su simbología ante un relato, que aunque nos llegue del siglo XVI, y desde la iglesia de un convento, es percibido con una modernidad y actualidad que a nadie deja indiferente. No es difícil comprender pues, la necesidad de muchos espectadores de volver a ver este trabajo teatral para poder llegar a todos sus rincones y matices, pues a pesar de desarrollarse en poco más de una hora, son muchos.

Muchas son también las encinas de la dehesa, pero viendo una entendemos todo lo que encierran estos terrenos, que están ahí desde siglos para hablar a quienes quieran escucharlos, horadados de fuertes raíces que levantan también troncos y ramas hacia lo alto. Esta ha sido sin duda también la admirable historia de una mujer que sencilla como la encina, ha permanecido entre nosotros, y ahora habla alto y claro gracias a la luz que de ella ha proyectado "Teresa, la jardinera de la luz". Ninguna de estas encinas que han oído a lo lejos sus palabras, hubieran prestado su madera a la Inquisición que pretendía encender otro tipo de hoguera distinta a la que ella supuso.

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