Sábado, 21 de octubre de 2017

Poetas iberoamericanas en la ‘Antología de Salamanca’

Extraigo, de la antología ‘No Resignación’ (Ayuntamiento de Salamanca, 2016), los poemas de seis autoras que fueron incluidas en dicha obra de referencia internacional, pues contiene poemas de 136 poetas de los cinco continentes.

 

VICTORIA TOBAR FIERRO

(Ecuador)

 

MUJER MAÑANA, TARDE, NOCHE…

Mujer mañana, tarde, noche

ahora te alejas de la lágrima

aunque el océano del dolor

es amenaza permanente.

El pesar se transmuta

entre los dientes,

asoma la sonrisa inmanente,

la esperanza la arrulla

viva en nuevas manos

en nuevos ojos, 

en flamantes pieles de colores,

que continúan 

el trajín

de condición humana 

haciéndose y asiéndose 

a futuribles

probables y posibles.

 

MARCIA BARROCA

(Brasil)

 

 

TATUAJES

 

A través de las retinas tatuadas

por la violencia

calla la simiente tejida

en úteros desiertos

 

Son huérfanas de paz

 

Unas

reactivas luchan

generando esperanza

Otras

se dejan humillar

y en su mirada ausente

podemos percibir su dolor

 

Sus voces

casi siempre olvidadas

se rebelan en un espasmo

de justicia y soledad

 

Es necesario oír lo que dicen

Es primordial acoger su canto de fe

 

Guerreras

Traen en su rostro arrugas profundas

universos solo suyos

perdidos

en un abanico de estigmas

 

Latigazos

no destruyen sueños

pero marcan como hierro ardiente

el encanto y el misterio de ser mujer

 

 

Traducción de Alfredo Pérez Alencart

 

MARINA AOIZ MONREAL

(España)

 

¿NO TE DA MIEDO VIAJAR SOLA?

 

La vida es un viaje solitario.

Pregúntale al hada Melusina

de qué manera le acechaban

las sombras en el bosque. Que te cuente

sobre aquella relación con Raimondín

y cómo creyó salvarse mediante el amor.

El padre de sus hijos le prometió

respetar su secreta intimidad del sábado.

Sin embargo, transgredió el pacto.

Despechada, desdichada, humillada

vaga Melusina con su cola maldita

con la leche de sus pechos rebosantes

por espacios celestes nada propicios.

 

Pregúntale a Anna Ajmátova

qué sintió cuando su autoritario padre

le prohibió bajo amenazas

la escritura de un solo poema. Que te cuente

cómo Vladimir Shileiko, con toda parsimonia,

quemaba sus textos en el samovar.

 

Pregúntale a María Schneider si las lágrimas

derramadas en la película

eran falsas o verdaderas. Que te cuente

cómo Brando y Bertolucci, en el desayuno,

gestaron cómplices la violenta escena de la mantequilla.

 

La vida es un viaje solitario y las viajeras, dos,

atraviesan los peligros de la noche ellas solas.

Asesinadas a golpes, maltratadas. Que te lo cuenten

Marina Menegazzo y María José Coni.

 

Infinidad de viajeras apenas logran llegar

a la puerta del supermercado, a la vuelta de la esquina.

En la casa, la comida está insípida, la cama fría,

la camiseta es demasiado ajustada. ¡Tú te callas

porque no tienes ni idea! De hadas y princesas

convertidas a gritos en brujas o en perversas harpías.

No alcanzan el final del trayecto. No son seres de leyenda.

Arrojadas por la ventana, acuchilladas, violadas,

su sangre salpica los poemas de Anna Ajmátova

y este texto doliente por todas las mujeres heridas.

Sangre de las adolescentes controladas

por los artilugios de la vida moderna. Lágrimas.

Las de María sodomizada ante los ojos del mundo

como si se tratara de una obra de arte. La crueldad

hacia las mujeres de ahora y de siempre, la venganza.

 

La vida es un viaje solitario por caminos inseguros.

Perséfone, Eurídice, Europa, Ifigenia, Niobe, Electra.

Los huesos en el desierto de miles de mexicanas.

Mujeres-botín de guerra. Pequeñas vírgenes codiciadas

vendidas a los proxenetas por sucias monedas.

 

La vida es un viaje solitario. La libertad acompaña.

Desbrozad, hombres del planeta, los malos hábitos.

Fragüemos de nuevo la historia de la humanidad.

Melusina se baña serena en su tina de madera o mármol

antes de amamantar a su prole. Ríe feliz María

tras el dulcísimo encuentro de la noche pasada.

Ajmátova recorre los países agasajada por sus versos.

María José y Marina regresan cansadas a Mendoza,

con la mochila cuajada de aventuras, y de fotos.

 

Viajo sola por caminos atractivos. Viajo sola y confiada.

Y si viajo contigo es porque somos amigos,

hijas e hijos de estrellas civilizadas, rayos de luz amorosa.

No me preguntes nunca más si tengo miedo a viajar sola.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DAISY ZAMORA

(Nicaragua)

 

 

MENSAJE URGENTE A MI MADRE

 

Fuimos educadas para la perfección:
para que nada fallara y se cumpliera
nuestra suerte de princesa-de-cuentos
infantiles.


¡Cómo nos esforzamos, ansiosas por demostrar
que eran ciertas las esperanzas tanto tiempo
atesoradas!


Pero envejecieron los vestidos de novia
y nuestros corazones, exhaustos,
últimos sobrevivientes de la contienda.
Hemos tirado al fondo de vetustos armarios
velos amarillentos, azahares marchitos
ya nunca más seremos sumisas ni perfectas.


Perdón, madre, por las impertinencias
de gallinas viejas y copetudas
que sólo saben cacarearte bellezas
de hijas dóciles y anodinas.


Perdón, por no habernos quedado
donde nos obligaban la tradición
y el buen gusto.


Por atrevernos a ser nosotras mismas
al precio de destrozar
todos tus sueños.

 

MARGA MANGIONE

(Argentina)

 

¡QUE NO ME TAPEN LA CARA!

 

No me dejaba quejarme y se creía muy valiente,

aquel hombre que a mi amor, lo destrozó brutalmente.

¿Cuándo fue que comenzó, el dolor y el desatino?

Ya no puedo recordar el principio de este sino,

ni en qué momento él cambió, por un golpe de la suerte,

¡y todas mis ilusiones fueron camino a la muerte!

 

Solo sé que aquella mano que antaño me acariciaba;

se levantaba imponente para pegarme en la cara.

Y esa voz que con dulzura, me hablara de amor eterno,

se elevaba para hundirme en el más profundo infierno.

No me dejaba quejarme, pues mi voz le molestaba

y si me atrevía a hacerlo mucho más fuerte golpeaba.

 

En mis carnes que eran puras, los cardenales reinaban

y en mi cuerpo profanado, heridas se acrecentaban.

No me dejaba quejarme, y siempre me amenazaba:

¡Si hablas con la familia, verás que todo se acaba!

Además… ¿quién va a creer, que yo pueda lastimarte?

¡Si les muestro a cada instante que vivo para adorarte…!

 

¡Nunca se lo dije a nadie! Preferí quedar callada

y guardar la humillación en mi alma silenciada.

No me dejaba quejarme, y si en las noches lloraba,

en el lecho que fue nido, sólo la espalda me daba.

Mi piel que antes fuera lirio, y con orgullo mostraba,

detrás de mangas y cuellos escondida la llevaba.

 

Mis ojos perdieron luz, mi boca la carcajada

y el amor dentro del pecho era como una coartada.

¿Por qué no quería hablar? ¡Prefería estar callada,

para que nadie supiera que era mujer maltratada!

En medio de mi dolor, por el miedo dominada,

porque él sabía amenazarme con tan sólo una mirada.

 

Anoche llegó enojado, no sé por qué circunstancia…

nunca hablaba de sus cosas, siempre guardaba distancia.

Vi su rostro demudado, y desde donde me hallaba,

puse su cena en la mesa mientras por dentro rezaba.

Sus ojos echaban chispas, la paliza se anunciaba;

me tomó de los cabellos mientras su boca insultaba.

 

Me revolcó por el suelo entre golpes y patadas.

Yo no atiné a defenderme, pues me sentía aterrada.

¡La impotencia me cegó y ya no pensé más nada!

Mi mano buscó el cuchillo encima de la mesada

y cuando me alzó del piso se lo clavé en las entrañas,

para calmar mi dolor, y terminar con sus mañas.

 

Después… señor comisario, aunque usted me preguntara,

¡no sé cuánto lo enterré, en su cuerpo y en su cara!

Ahora él descansa en paz, y mi paz está embargada.

¡Con cárcel he de pagar, por mi virtud mancillada!

¡Por el amor que entregué, por mi esperanza abortada,

por el hogar que fundamos y se ha perdido en la nada!

 

No sé qué dirán mis padres, que ignoraban mi calvario,

pensando en mi matrimonio, como si fuese un santuario.

¡Se morirán de amargura, Al saber la cruel verdad,

y han de llorar por mis hijos que quedan en soledad!

En cuánto a los padres de él, mejor… ¡no les diga nada!

déjelos nomás que crean, que soy una desquiciada.

 

Para qué hacerles saber  que su hijo me golpeaba,

que me prohibía quejarme, y en vez de amarme, me odiaba…

¡Para qué hacerlos sufrir, total ya no importa nada,

déjelos nomás que piensen que soy una trastornada!

Me odiarán de todas formas, como amaban a su hijo

no creerán en mi palabra, ni aún delante un crucifijo.

 

Y con respecto a mis hijos que tanto y tanto han sufrido,

se ha de lavar su martirio con el llanto que he vertido.

Nunca más han de mirarme, con los ojitos en llanto

al notar mi sufrimiento o al contemplar mi quebranto.

Yo misma los he llevado, a la casa de mi hermana

ella… sabrá qué decirles, cuando pregunten mañana.

 

Ahora señor comisario, quiero pedirle un favor,

cuando me saquen de aquí, que no oculten mi dolor.

Quiero que en mi rostro vean la ignominia reflejada

y las marcas que quedaron, en mi cara destrozada.

Que sepan que el que lo hizo, fue alguien que amé con locura

y a cambio llenó mi vida de llantos y de amargura.

 

Que vean en esta mujer, a todas las violentadas,

a las que sufren torturas, a las que fueron quemadas.

A las que a golpes murieron por quienes debían honrarlas,

convertida en asesina del que más debía amarla.

¡De ése que yace en el suelo, porque no dejó que hablara!

Se lo suplico por Dios… ¡Que no me tapen la cara!

 

 

RIZOLETE FERNANDES

(Brasil)

 

CORO FEMINIL

 

Provém de épocas imemoriais

violenta prática aqui trazida

por mão masculina conhecida

de quem a sofre, em dias atuais

é, ainda, pouco combatida

embora a visível humilhação

da psicológica e física agressão

continua pauta indiscutida

 

em países onde reina o patriarcado

sejam pequenos ou continentais

sistemas políticos, extratos sociais

credo, raça, abuso democratizado

 

Para mudar essa cruel realidade

mulheres no mundo se levantam

clamando pela paz e alto cantam

em mutirão à nascente sociedade

sem mácula da milenar violência

de gênero que teima em resistir

mas do coro feminil à estridência

e à força da lei terá de sucumbir  

 

Então com a ancestral sabença

rimando dignidade com equidade

vigilantes no respeito à diferença

conquistarão a ansiada igualdade

 

Porque o que deseja uma mulher

é viver sem essa dor que a devasta

e aos que ama; respeito; e não ver

na pele marcas de violência: basta!