Sábado, 24 de junio de 2017

Luisgé Martín, honesta autobiografía

Manolita Café Bar ha acogido la presentación del libro ‘La vida al revés’, en el que el autor relata su experiencia homosexual
Luisgé Martí, presentando su libro en Salamanca

Viste Luisgé Martín de un azul sosegado, con esa actitud relajada de quien aprecia el diálogo y se siente cómodo hasta en la controversia. Es un conversador entregado, tan honesto como esa descarnada biografía, ese ejercicio de valentía que supone su último libro, La vida del revés. Auspiciado por el Área de Cultura de Podemos, coordinado por Cefe Torres, el encuentro con el autor madrileño tiene lugar en uno de los lugares más vivos de esta Salamanca plena de músicas y letras. Manolita Café Bar, situado detrás de la Facultad de Filología, tiene mucho de páginas y de ecos unamunianos, y entre estas paredes relajadas, Luisgé Martín se entrega a la charla tras las palabras de bienvenida de Enrique Clavero y de Cefe Torres, dispuesto a recordarnos que, en los años setenta y ochenta, la homosexualidad era considerada una lacra peor que una enfermedad y que llevaba a tal situación de culpa y engaño que el autor juró no desvelar jamás su naturaleza.

Crónica de una infamia, de una época oscura, la autobiografía de Luisgé Martín no es un libro, según él, sobre la homosexualidad, sino el relato de un proceso doloroso buscando el amor, el afecto, el sexo también, pero sobre todo, el entendimiento en medio de una sociedad que, afortunadamente, parece que hemos dejado atrás. Licenciado en Filología, estudiante del Instituto Empresa, Luisgé Martín siempre ha estado relacionado con el mundo editorial y es autor de numerosos títulos ligados por el tema de la identidad, de la construcción de una identidad que se mira a sí mismo con la escritura de su autobiografía La vida del revés, en la que el protagonista se ve como una cucaracha kafkiana que debe ocultarse a la vista de todos hasta que asume su verdadera naturaleza, sale al mundo y encuentra, en un inesperado final feliz, esa normalidad que le permite estar ahora felizmente casado y hablar de su experiencia.

¿Recordamos este tiempo no tan lejano de infamia? ¿Creemos que el cambio es irreversible? El autor, hombre que se considera a sí mismo politizado y capaz de expresar libremente sus opiniones con contundencia, confía en que estos prefascismos que vivimos en el mundo no nos arrastren de nuevo a ese dolor que tan minuciosamente describe. Como describe la sordidez del mundo homosexual masculino sin cargar en absoluto las tintas siempre morbosas. Esas situaciones formaron parte de nuestra vida pero hubiera considerado fallido poner el foco precisamente ahí. Este libro no es un ejercicio de valentía, no lo es porque está escrito desde una posición actual de confort.

Habitante de una época de cambios en la que ni la izquierda defendía la causa de la diferencia sexual, Luisgé Martín nos recuerda que fue la sociedad poco a poco la que fue cambiando y que fueron las asociaciones y las personas como Pedro Zerolo quienes supieron convertir en ley lo que era una reivindicación social. Para el autor, preguntado por el hecho de que un escritor tenga o no la necesidad de asumir un compromiso el escritor debe primero escribir bien, y escribir bien no es juntar bien las palabras, que también, sino saber pensar, saber afilar un poco ese conocimiento que tenemos de lo humano, saber hurgar en lo que está oculto. Dueño de una prosa magistral que se despliega en cuentos, novelas y artículos periodísticos, Luisgé Martín siente que con esta autobiografía honesta ha continuado con su reflexión narrativa sobre la identidad, las máscaras que de tanto usarse se convierten en reales. La suya es una búsqueda de normalidad, de afectos, de cercanías… la misma con la que contesta a las preguntas y no elude reflexionar sobre su tarea como asesor de la ministra de cultura Ángeles González Sinde. Una época que le permitió descubrir los entresijos de una política a la que se entrega con pasión y con conocimiento, la de un hombre que defiende, desde su posición actual de felicidad, incluso felicidad creativa –nos contó que está inmerso en numerosos proyectos- a defender la igualdad en todos los sentidos y que confía que su libro sirva para que, como le sucedió leyendo El rojo y negro de Stendhal, todos podamos vivir la vida que queramos sin estar sometidos a ninguna cortapisa social, sexual o ideológica.

Tiene la charla con Luisgé lo ameno de su persona, lo contundente de su defensa, lo sólido de sus convicciones. Cómodo en esta Salamanca que visitó hace bien poco invitado por la librería Letras Corsarias, el autor tiene ese talento oral que nos devuelve el gusto por la escucha. Claro que oyéndole uno se pregunta dónde quedó el adolescente, el joven que vivía su homosexualidad como un secreto vergonzante en medio del silencio y la culpa. Este cambio personal y social convertido por la magia de la escritura en arte se nos entrega con toda la honestidad de quien coloca sus sucesivas fotografías de carnet en la portada de este libro: Esta es mi cara, este es mi cuerpo, esta es mi historia. Una historia que acaba bien, que tiene el final complaciente de quien se esfuerza en conseguir ese equilibrio diario de la felicidad, del trabajo, del encuentro. Por eso es tan necesario escuchar y leer a Luisgé Martín. Por su maestría, por su compromiso, por su persona azul de sonrisa entregada. Por eso mismo.

Fotos: Alberto Martín