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“La leyenda de Huerta Otea” I (y el barrio de Castigo)
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“La leyenda de Huerta Otea” I (y el barrio de Castigo)

Publicado 18/09/2026 07:52

La historia de este barrio, Huerta Otea, se remonta a comienzos, albores dicen los poetas, de este siglo XXI. Pero sus alrededores, La Platina, el barrio del Castigo con el embarcadero de Pedro el Calderas ,enfrente, la fuente de la Zagalona, el prado Rico, el Polvorín viejo de los Montalvos, el puente de La Salud y la finca El Marín, existían ya desde el siglo pasado y antes; incluso alguno desde la Edad Media.

Cerca está también la cueva de la famosa gitana la Múcheres. Y por allí cerca, la alcahueta Celestina amañaba sus brebajes de amor para Calixto y Melibea, a las orillas del Regato del Anís que desembocaba en La Chopera del rio Tormes (justamente donde están ahora el Ambulatorio, el antiguo Clínico y el nuevo Hospital Universitario).

Muy próximas se ubican las covachas donde se cobijaba el hombre del Saco, el temido sacamantecas de nuestra infancia. Todo que rodea a este barrio sobre todo antes de ser urbanizado rezuma una histórica y mágica unión de lo lúdico y lo trágico en estos parajes, envueltos en un gran misterio.

Actualmente Huerta Otea, es una zona residencial que transcurre tranquila, serena, a la par que el río Tormes, rodeada de parques. Próximas están las modernas facultades y centros de Investigación de las dos universidades salmantinas. Y desde su magnífico mirador, se otea el casco histórico de la ciudad. Todo un súper lujo.

Si a esto, unimos la juventud de sus habitantes, el futuro de Salamanca está más que asegurado con tantos niños, adolescentes y jóvenes parejas. Todos sus vecinos muestran un gran espíritu reivindicativo. Se logró con más y mejores servicios el bus 13, a pesar de los agoreros, así como en temas de sanidad pública y servicios sociales, y otros.

Desde 1971 tengo una extensa documentación de esta zona: recortes de prensa, notas, fotos, dibujos y borradores. Siempre me ha interesado y gustado indagar en la otra historia oculta de Salamanca. Estos escritos nacieron como un pre-guion de cine o TV y acabaron por convertirse en una serie de breves relatos sobre Salamanca y sus alrededores. Revisando mis textos de entonces, empiezo por describir un entorno histórico muy cercano al actual barrio.

Sobre 1808 se estableció el primer cementerio de la ciudad frente a la puerta de San Vicente, cerca del Prado Rico (en las proximidades donde actualmente se sitúan los Hospitales). Era un simple cercado de muros de piedra con una cruz en el centro y otra sobre la puerta de entrada. Todo este paraje de tumbas y escatología estaba muy cerca del famoso barrio del Castigo, que sí existió. Claro que existió.

La demolición de sus casuchas y solares comienza a finales del siglo pasado. Pero algunas de ellas aún resistieron pudriéndose en silencio, en medio del olvido y de los escombros. Aún quedan restos de las rocas y peñascos de pizarra. El barrio de Castigo (otros lo llamaban barriada de los labradores de Soto Muñiz), extendía sus callejuelas a las orillas del Tormes, al sur de las llanuras de Huerta Otea, más allá del cementerio y de la Chopera, cerca del puente de La Salud y de la Finca el Marín, enfrente del embarcadero de Pedro el Calderas, de Tejares y La Salle.

Algunos cronistas de Salamanca mantienen que en el barrio del Castigo vivían los desheredados, los indigentes y sintecho, muchos monjes y frailes exclaustrados y los expulsados o excluidos de la sociedad. Hay algunas otras explicaciones y leyendas que lo ilustran de otra forma, claro. El barrio del Castigo fue testigo de otras historias de una Salamanca extramuros, insólita y a la vez cotidiana e irreal, regida por otras lógicas secretas, sucesos imprevistos, relatos y leyendas de tradición oral, mitos infantiles, vivencias aparentemente reales y ficticias a la vez.

Los personajes de mis relatos, sin embargo, son figuras y nombres de fábula, imaginados por su autor. Aunque me mueva en el campo de la ficción, sin yo quererlo, a veces, muchas, bien pudieran ser los auténticos. Los hechos acaecidos en la Huerta Otea durante los últimos 70 años o más, superan ampliamente la ficción.

Tras el actual parque botánico de Huerta Otea estaba La Chopera, que servía de diversión y esparcimiento de muchos salmantinos que en los días de calor acudían a sestear bajo las sombras de sus árboles, ¡chopos, los más; de ahí su nombre, chopera. Y luego, al atardecer, se zambullían en las aguas del Tormes.

Este fue un lugar privilegiado en las primeras décadas del siglo XX para la celebración de las meriendas de las jiras campestres con las que concluía la Fiesta de los Trabajadores del Primero de Mayo. Pero La Chopera fue, sobre todo, un lugar de trabajo paras las numerosas lavanderas que allí ejercían su fatigosa y poca agradecida labor o para los pescadores que reparaban en su orilla las redes con las que faenaban en el Tormes.

Un lugar privilegiado que llenó mi infancia de recuerdos entrañables.

(continúa en La leyenda de Huerta Otea y II …)

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