La doctora Soraya Casla defiende en Salamanca la importancia de la actividad física para mejorar la supervivencia y la calidad de vida de los pacientes durante la tercera jornada del ciclo 'El Conocimiento Cura'
El Centro Internacional del Español ha acogido la tercera jornada del ciclo 'El Conocimiento Cura' para abordar el papel de la actividad física en la oncología. La sesión práctica y teórica ha promovido pautas adaptadas que mejoran la calidad de vida y reducen los efectos secundarios de los tratamientos médicos.
El encuentro, organizado de forma conjunta por la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) de Salamanca y el Centro de Investigación del Cáncer (CSIC-USAL-FICUS), ha reunido a decenas de asistentes bajo el lema 'Ante el cáncer, ¡muévete!'. La iniciativa busca acercar a la ciudadanía evidencias científicas sobre los beneficios del movimiento.
La jornada ha comenzado con una sesión dinámica dirigida por María José, colaboradora habitual de colectivos salmantinos, quien ha invitado al público a realizar ejercicios y bailes antes de la ponencia. Posteriormente, la periodista Diana Escalona ha moderado una charla centrada en la prescripción de actividad física adaptada y supervisada.
Durante la sesión, la doctora Soraya Casla, especialista en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, ha desgrado cómo el ejercicio pautado marca la diferencia en el día a día de las personas afectadas. La experta ha insistido en la necesidad de integrar esta práctica como una herramienta terapéutica más dentro del tratamiento oncológico.
La doctora Casla ha explicado en declaraciones a SALAMANCArtv AL DÍA que el motivo principal de la relevancia de esta disciplina radica en el incremento de la esperanza de vida. "El objetivo principal es que los pacientes cada vez viven más, y no solamente hay que vivir más, sino que queremos vivir con calidad de vida y mejor", ha destacado la especialista.
La evidencia científica demuestra que el movimiento va más allá del bienestar general. Según ha asegurado la ponente, el ejercicio "puede aumentar la eficacia de los propios tratamientos" médicos. Además, ha añadido que existen estudios que demuestran que estas pautas "aumentan la supervivencia y la calidad de vida durante esa supervivencia".
Por todo ello, el mensaje central que la experta ha transmitido a los salmantinos es claro y directo: "La gente tiene que moverse y hacer ejercicio" de forma regular.
El abordaje de la actividad física en oncología abarca todas las fases de la patología. "El ejercicio físico juega un papel esencial en la prevención, ya que las personas que se mueven tienen menos riesgo de tener cáncer, pero también en el post", ha detallado la doctora.
Cuando se recibe un diagnóstico, el movimiento adaptado influye directamente en cómo se afronta el proceso. La actividad física ayuda a "mantener la masa muscular y la funcionalidad", además de favorecer una mejor salud general y reducir la aparición de neuropatías y otros efectos secundarios.
Una vez finalizados los tratamientos, el ejercicio actúa como escudo protector. "Pueden aparecer una serie de enfermedades asociadas a los tratamientos, y el ejercicio físico previene que no aparezcan", resume Casla, quien ha recalcado que el movimiento es fundamental "en todo el proceso".
La fatiga relacionada con el cáncer es uno de los síntomas más limitantes y no siempre desaparece con el descanso. A pesar de lo que pueda parecer, la actividad física adaptada contribuye a disminuir este agotamiento extremo de forma eficaz.
Guías internacionales como la de la American Society of Clinical Oncology (ASCO) recomiendan la prescripción de ejercicio aeróbico y de fuerza durante el tratamiento activo. Actividades como caminar, pedalear, nadar o bailar mejoran la capacidad cardiorrespiratoria de los pacientes.
Por su parte, los ejercicios de fuerza con bandas elásticas, máquinas o el propio peso corporal resultan fundamentales para preservar la musculatura. Estas rutinas facilitan acciones cotidianas básicas como levantarse de una silla o subir escaleras.
Soraya Casla, natural de Segovia y autora del libro 'Ante el cáncer, muévete' (Vergara, 2024), es una de las profesionales pioneras en España en esta disciplina. Su especialización comenzó en 2010 y la llevó a formarse en diversos países.
"He trabajado en Estados Unidos, Canadá, Dinamarca y Australia, tanto en cómo afecta el ejercicio a nivel molecular en el tumor, como a nivel clínico en los pacientes", ha señalado la investigadora sobre su experiencia internacional.
A su regreso a España, se encontró con un vacío absoluto en este campo. "Quería trabajar en el ejercicio clínico aplicado a la oncología, pero aquí no existe", recuerda. Esta situación la impulsó a crear la primera unidad de ejercicio físico oncológico en la AECC de Madrid.
En la actualidad, la doctora dirige su propia empresa con tres centros en Madrid donde atienden a más de 300 pacientes. En estas instalaciones desarrollan proyectos de investigación con hospitales y universidades, compaginando la ciencia con la atención clínica diaria.
Este encuentro forma parte del ciclo organizado por el CIC y la AECC, con el apoyo del Ayuntamiento de Salamanca. Tras las sesiones de marzo y mayo, el programa concluirá el próximo 19 de noviembre.
La última charla, titulada 'El viaje del paciente con cáncer: del diagnóstico a la curación', correrá a cargo del doctor César A. Rodríguez, oncólogo del Hospital Universitario de Salamanca.