La música en directo anima la popular plaza de Agustín Casillas en las casetas del parque más emblemático de Salamanca
“Estamos en horario infantil” afirma entre risas el cantante de uno de los grupos más original e irreverente de la escena musical salmantina. Niños que llenan la plaza de Agustín Casillas jugando con los chorros de una fuente colorida que ha servido para refrescar este verano inclemente que los salmantinos finalizamos con las Ferias y Fiestas de Salamanca. Unas Fiestas que tienen en las casetas de la Feria de Día animación y gente con ganas de divertirse. ¿Y qué mejor que ofrecer música en directo todos los días desde las 20 horas hasta las 22? La iniciativa de los hosteleros está siendo un éxito y gracias al pequeño escenario situado en la plaza de la fuente, el público va y viene de las casetas, se entretienen los niños y el ambiente es absolutamente festivo.
La plaza de este renovado parque emblemático de la ciudad, no el primero, pero el que todos llevamos en el corazón y la memoria infantil, ha sido dedicado por el Ayuntamiento, muy acertadamente, al maestro Casillas, el escultor que llenó de piezas originales el lugar donde todos hemos crecido. Una plaza que tuvo su espacio para la música y que ahora recupera su carácter de lugar de encuentro mientras se suceden los éxitos de los años ochenta o esos clásicos desestructurados por un grupo que siempre lleva un público entregado. Los cinco músicos de The Bernardas son capaces de hacer bailar a los patos del estanque, quienes se toman con filosofía estos días de gente, luces y música. José, Carlos, Chefo, Jorge y Fernando tocan –y por cierto, muy bien, no se dejen engañar por sus hábitos monjiles- y animan al personal con ese humor que es la marca de la casa. El Bernardismo no es una filosofía ni un carisma contemplativo, es pura música, animación, diversión, ganas de pasárselo bien y sobre todo, hacérselo pasar bien a un público que corea las canciones, baila, aplaude y acaba comulgando en cada concierto con las dos horas y pico que dura la liturgia.
Y en medio de la animación, los niños que juegan, los cisnes que pasan ajenos a cinco tíos vestidos de monjas que no prometen más cielo que la música y la diversión, llegamos a la conclusión de que esto es la auténtica fiesta popular. Gente que se lo pasa bien en compañía, música, comida, bebida, un espacio amable que es de todos, niños que corren y bailan, personas de todas las edades que sonríen mirando un escenario en el que los músicos se lo pasan bien. Mañana será otro día, ahora toca disfrutar y practicar el bernardismo, cuya orden solo tiene un lema: disfruta, baila y no te olvides de hacer tuyas esas canciones de todos. Sin miedo y con ganas.