La iglesia de San Antonio Abad la representación teatral 'Juan, el espíritu del amor'
Fresnedoso estrenó algo más que una iglesia recién reformada. Estrenó una nueva manera de comenzar sus fiestas patronales. La iglesia de San Antonio Abad volvió a abrir sus puertas y lo hizo acogiendo Juan, el espíritu del amor, la obra escrita y dirigida por Denis Rafter sobre San Juan de la Cruz, convertida así en la primera actividad del programa de las fiestas del Cristo de la Salud.
El templo, perteneciente a la Diócesis de Plasencia, recuperó de este modo su condición de lugar de encuentro. Después de las obras de reforma, sus vecinos pudieron volver a ocupar un espacio especialmente ligado a la vida de la localidad y hacerlo, además, con una propuesta cultural que llevó hasta este pequeño municipio de alrededor de un centenar de habitantes teatro, música y poesía.
No deja de ser significativo que la primera actividad de las fiestas se haya producido precisamente entre las paredes de la iglesia recién recuperada. Las fiestas patronales hablan de tradición y de memoria, pero también necesitan espacios vivos en los que la comunidad pueda reunirse. En Fresnedoso, ese regreso se produjo de la mano de San Juan de la Cruz.
La elección adquirió además una lectura especial en un pueblo cuya historia está profundamente vinculada a la piedra. Durante generaciones, la extracción del granito y el oficio de cantero formaron parte de la vida de sus habitantes. «Nacimos de las piedras, fuimos canteros y eso es nuestra fuerza», explican en Fresnedoso. Una frase que resume una identidad construida con esfuerzo y que encontró aquella tarde un curioso paralelismo con la historia del santo.
San Juan de la Cruz también tuvo que construir su camino en medio de las dificultades. Conoció la pobreza, la persecución y la cárcel, pero consiguió transformar aquellas experiencias en una obra poética y espiritual que ha resistido el paso de los siglos. En Fresnedoso, donde tantas generaciones aprendieron a trabajar una materia tan dura como el granito, su historia podía adquirir una resonancia particular.
La actuación, promovida por el Área de Cultura de la Diputación de Salamanca dentro del Año Jubilar de San Juan de la Cruz, permitió además que la reapertura de la iglesia no quedara reducida a un acto simbólico. El templo volvió a tener inmediatamente una función esencial: reunir a los vecinos alrededor de una experiencia compartida.
Y quizá esa sea una de las mejores maneras de inaugurar un espacio recuperado.
No con una puerta que simplemente vuelve a abrirse, sino con personas entrando por ella.
No con un edificio que recupera su aspecto, sino con un lugar que recupera su vida.
En Fresnedoso, la primera actividad de las fiestas del Cristo de la Salud convirtió la iglesia de San Antonio Abad en escenario y punto de encuentro. Mientras fuera permanecía el pueblo que durante generaciones vivió de la piedra, dentro las palabras de San Juan de la Cruz recordaban que también hay obras que se construyen de otra manera y que pueden permanecer durante siglos.
La iglesia ha vuelto a abrir sus puertas. Las fiestas han comenzado. Y Fresnedoso ha demostrado que la tradición no consiste únicamente en conservar lo que recibimos, sino también en encontrar nuevas formas de llenarlo de vida.
Quizá por eso esta inauguración tenga algo más que un significado arquitectónico.
Un templo restaurado vuelve a ser casa cuando vuelve a acoger a su gente. Su párroco lo tiene muy claro, lo defiende y promueve este tipo de actividad.
Y en Fresnedoso, esa casa volvió a llenarse de vida con teatro, música, poesía y un pueblo dispuesto a celebrar. En lo más alto del pueblo, en su iglesia, una larga ovación premió a los artistas y a quienes habían hecho posible esta tarde inolvidable.